El terrorismo como arma publicitaria

Por Arnaldo Barreto Lezama *

Recientemente en Colombia se conmemoró el aniversario 29 de uno de los más crueles ataques terroristas perpetrados en nuestro país. Todos los que hemos vivido cerca de cuatro décadas recordamos la manera tan despiadada cómo se detonó un artefacto explosivo que dejó un cruento número de 107 personas muertas incluyendo la tripulación del Boeing 721-21 con matrícula HK 1803 explotado en pleno vuelo sobre Soacha, Colombia.

La historia de la Nación ha estado plagada de muchas situaciones de ese tipo; la necesitad de muchos grupos delincuenciales para enviar mensajes a los gobiernos los invitan incluso a olvidarse de los más fundamentales principios de la guerra establecidos en los convenios de Ginebra de 1949 y sus protocolos adicionales de 1977, donde inclusive, la proporcionalidad designada para los ataque se desdibuja.

Si analizamos el historial de bombas en nuestro territorio y sus intensidades, podremos darnos cuenta que estas se han convertido en un paralenguaje, como si se trataran de elementos inseparables en la comunicación no verbal donde las onomatopeyas rellenaran gran parte de eso que se quiere expresar con un sencillo pero sonoro ¡boom!, donde la vehemencia de sus argumentos se miden en kilogramos de Pentolita y el número de muertos hace más categórico el acento del mensaje.

Si de atentados se trata, nosotros poseemos una gran lista de ellos; la mayoría trata de temas políticos, pues se puede considerar más que nada en un arma publicitaria que utiliza la rapidez y la sorpresa como métodos para influenciar psicológicamente a la sociedad, en este caso la colombiana, siendo el caso que nos atañe.

Este escalofriante método de publicidad muestra ser efectivo cuando yuxtaponemos la velocidad con la que nos hace pasar de escenarios de optimismo moderado a sitiales de zozobra, desconcierto y pesimismo. Si pudiera ejemplarizarlo, lo que diría es, “con qué rapidez pasamos de la recién firmada Paz a los episodios de Guerra de hace varios años. Con qué velocidad nuestro país olvida todo lo avanzado en materia de paz indistintamente de que existan cosas que mejorar.

Si recordamos un poco de historia vendrían a nosotros los episodios acontecidos después del año 1982, luego del proceso de paz adelantado por el entonces presidente Belisario Betancur. En noviembre de 1985 se produjo la toma del Palacio de Justicia; esta escalada nos mostró una nueva gama de ataques terroristas de gran magnitud en pleno núcleo de la Nación.

Pero tal vez el espiral de acontecimientos más claro de actos terroristas de este tipo se presentó en Colombia durante el Gobierno del presidente Virgilio Barco, cometidos por el Cartel de Medellín, pues fue durante esta lúgubre época del país cuando el ingenio, la innovación y la inventiva propia desarrolló múltiples artefactos, artes y modos que hicieron que nuestro territorio se sintiera inseguro y en ocasiones desconocido, como si todos al unísono viviéramos en una especie de autismo colectivo donde podernos refugiar de lo hostil que habitaba al exterior, en el interior de nuestras casas, como lo hace la conocida ave.

Quién no podría decir hoy que somos una patria de emprendedores cuando los dispositivos que se implementaron se asemejaban a los utilizados por el Ejército Republicano Irlandés -IRA – y los esgrimidos por la Organización Vasca de Liberación Nacional -ETA-, como es el caso de los ataques adelantados con la ayuda de cilindros bomba que tantas víctimas generó.

Según estadísticas de la Dijín, para los años 70s el promedio de atentados en Colombia fue de 147, en los 80s subió a 428 y para los años 90s habían alcanzado 1.133 ataques, los cuales ascendieron para el 2000 a la no despreciable cifra de 1.549 víctimas.

Cómo poder borrar de nuestra memoria el atentado al edificio del DAS en la época de los 80s, impulsado por el combustible del narcotráfico, que para ese momento era una fuente inagotable de recursos que financió de forma expedita esta propaganda del terror, dejando a su paso muchas víctimas, al mismo tiempo que fue silenciado Luis Carlos Galán -quien pudo haber sido presidente de Colombia – en la inolvidable fecha del 18 de agosto de 1989 en una plaza pública.

No se si mi afirmación moleste o incomode en alguna medida, pero creo que todos escribimos por alguna razón. La mía es conocer y recabar impresiones y, por ello, considero que la violencia ha estado tanto tiempo de presente que hace parte del ADN de muchos. Eso genera dos efectos a mi manera de ver las cosas: el primero es que estamos tan acostumbrados a usar la violencia como manera de expresión que ya no nos incomoda o se vuelve cotidiana; y la segunda es que como ha sido algo dentro de lo que hemos vivido no nos asombra; no nos deja perplejos.

En la obra ‘Una Teoría Sobre La Motivación Humana’ de Abraham Maslow, se propone una pirámide que define las jerarquías de las necesidades humanas. Si observamos con detenimiento el nivel número uno, este el más importante; incluye aspectos humanos como la respiración, la alimentación, el descanso, el sexo, etc., seguido del segundo nivel el cual se encuentra ocupado por elementos donde la seguridad se pone de presente, especialmente la seguridad de tipo físico y la seguridad de los recursos. En tal sentido y sin intensión de tintes de paranoia considero que como sociedad libre debemos salvaguardarnos a ultranza del miedo que provoca en muchos este tipo de actos. Como sociedad debemos rechazar de manera vehemente este tipo de situaciones, al mismo tiempo que el gobierno fortalece la confianza de los ciudadanos para que estos dejen de creer que volverá a suceder  y se contrarresta con medidas; la incertidumbre que afecta los mercados por las dudas de los inversionistas. Me refiero a que estos dos aspectos deben ser celosamente cuidados entre muchos, pues son los que más afectan la homeostasis del país referido esto a la posibilidad de que el territorio mantenga su capacidad de mantener una condición interna estable.

Ingeniero Civil, Formulador y Gestor de Proyectos y exsecretario de Planeación de Magangué

@ArnaldojBarreto

 

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