En contexto

Por Germán Osorio Buelvas *

Este escrito nace de dos hechos recientes: el atentado en Bogotá, donde resultaron heridos y muertos varios cadetes de la Escuela de Oficiales de la Policía Nacional, y la marcha estudiantil en Cartagena, cuyo resultado fue el violento enfrentamiento entre manifestantes y la fuerza pública (Esmad).

Participo en los chats de dos grupos de WhatsApp, ambos integrados por líderes sociales. Uno es una tertulia de carácter sociopolítico. El otro, de excompañeros de colegio. Ambos conformados por actores de diferentes estamentos de opinión y diferente filiación política: exmilitares, pastores, periodistas, líderes sindicales, líderes de diferentes partidos, ingenieros, arquitectos, funcionarios de bancos, abogados, médicos… La lista continúa. En general, todos con formación de pregrados y post grados.

En mi caso, en uno de los chats emití una opinión permeada por mi visión de profesional en psicología. El meollo del asunto es que, a pesar de que en ambos se me reconoce como psicólogo y líder político, y a pesar de que creí que mis palabras fueron elegidas con cuidado de detalles conceptuales, es decir, procuré usar términos ‘descriptivos’ y ‘argumentativos’, más allá de emitir juicios y opiniones ‘politizadas’, me pasó que no me sentí comprendido.

Particularmente me referí, aunque sin mencionarlo explícitamente, al estado psicológico de los policías que debieron enfrentar la marcha estudiantil en Cartagena, a lo que me referí intentando explicar que el ‘ser humano – policía’, iba a ser más proclive a reaccionar emocionalmente con violencia que en otras circunstancias, pues en esta ocasión estaban permeados por los hechos violentos que precedieron la manifestación: el atentado en Bogotá.

Alguien -más de uno – entendió que pretendí justificar las acciones policivas.

Justificar, tras un rápido vistazo a Google, es, y cito: En el latín es donde encontramos el origen etimológico del término justificación que ahora nos ocupa. Procede de la palabra ‘iustificatio’, que puede traducirse como “acción y efecto de hacer algo justo” y que se encuentra compuesta por las siguientes partes: El vocablo ‘iustus’, que es sinónimo de ‘justo’, y del sufijo ‘ficar’ del latín ‘ficāre’ de la raíz de ‘facĕre’, que significa hacer.

Justo, justicia. Vocablo que por epistemología pertenece al derecho. La psicología, en cambio, “es la ciencia que busca predecir y controlar la conducta” (vieja y seguramente desactualizada definición, de origen conductista). Actualmente podríamos redefinirlo así (y esto sí es mío): rama del conocimiento que busca explicar la conducta humana.

Más allá del rigor académico, el propósito de este escrito es llevarnos a esta reflexión que en mi fuero interno hice después: en esta Colombia de hoy, el Derecho, más allá del poder jurídico como rama, y que es un área que busca cimentar nuestra civilización ente otros nobles propósitos, es -desafortunadamente – un arma más de lucha política y social. Y digo desafortunadamente porque en el contexto internacional, particularmente el occidental, esta es solo UNA de las múltiples funciones de las que se ocupa la jurisprudencia. En Colombia, ante la sistemática violación de los derechos humanos fundamentales, hemos llegado a tal punto que el lenguaje jurídico que se ocupa de ‘justificar’ o ‘juzgar’ ha absorbido no solo el quehacer jurídico sino la sociedad en general, dejando de lado los otros ‘discursos epistemológicos’. Es decir, el ejercicio intelectual en Colombia está más orientado a señalar justos y pecadores, culpables o inocentes, que en comprender causas y efectos de los sucesos, lo cual como psicólogo, particularmente en mi caso, busca un efecto más de construcción en la reflexión para superar la emocionalidad en el caso particular de la psicología.

Y qué decir de lo que puedan aportar sociólogos, politólogos, teólogos, filósofos… En todos los casos los hay de derecha e izquierda, pero un principio científico del siglo XX era buscar la ‘objetividad’, lo que hoy sería el consenso- El ejercicio olvidado es: dialoguemos con la razón, y aportemos desde lo que complementa.

Por último, un homenaje primero a los abogados, pues considero que no es ‘culpa’ de ellos lo que sucede, sino resultado de una degradación social de lo académico, que hoy privilegia lo pragmático, lo maquiavélico… antivalores de los que venimos hablando y que nos atañe a todos.

Y otro homenaje a los artistas, los interlocutores más olvidados o menos tenidos en cuenta, y a mi juicio los más valiosos, para cuando -por fin – entendamos que debemos (seriamente) empezar a reconstruir nuestro tejido social.

Este escrito va ‘dedicado’ a nuestros dirigentes, de los cuales muchos son abogados por la naturaleza misma de la política. Es una invitación a escuchar al académico ‘no abogado’, al ‘otro’, a construir desde lo heterogéneo y diverso, pero desde la realidad; más allá del discurso.

Adenda: Disculpen el abuso de comillas y paréntesis, pero no había de otra.

* Psicólogo egresado de la Universidad San Buenaventura.

 

Comments are closed.

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial