El centenario de la Liga Costeña

Fotografía principal: Tomás Suri Salcedo

“Esta patria es Caribe, no boba”: Carta de Bolívar a Santander

Por Amylkar Acosta Medina *

INTRODUCCIÓN

El pasado 12 de enero se cumplieron cien años de la primera Asamblea de la Liga Costeña, hito este de la mayor importancia de la incesante y persistente lucha de las regiones en Colombia por recobrar la autonomía perdida luego que Rafael Núñez declarara que “la Constitución de Rionegro (1863) ha dejado de existir, sus páginas manchadas han sido quemadas en las llamas de la Humareda”, refiriéndose a la batalla en la que sus huestes derrotaron al radicalismo liberal, para darle paso a la Constitución de 1886, que introdujo la fórmula dicotómica de la centralización política y la descentralización administrativa, que en la práctica tiene más de centralización política que de descentralización administrativa.

Luego, la Constituyente de 1991 reivindica no solo la descentralización sino que da un paso más adelante estableciendo la autonomía territorial, pero casi 28 años después no sólo no se ha concretado dicha autonomía territorial, que sigue como letra muerta en la Carta, sino que se ha retrocedido y en cambio se ha venido dando una creciente recentralización.

Se malogró la oportunidad que tuvo el Congreso de la República para desarrollar lo prescrito por la Constitución del 91 en materia de ordenamiento territorial, descentralización, autonomía, recursos y competencias expidiendo la Ley Madre, como la denominara Orlando Fals Borda y terminó expidiendo una[1] que no es más que un saludo a la bandera[2]. Se espera que con el nuevo impulso que han recibido desde las regiones las regiones administrativas y de planificación (RAP), pese a la reticencia del gobierno central, se despeje el camino para avanzar en el propósito de que las regiones puedan alcanzar, por fin, el anhelo largamente acariciado de alcanzar su autonomía.

CIEN AÑOS DE LA LIGA COSTEÑA

La Región Caribe no fue ajena a las tensiones entre las tendencias centralistas y federalistas del siglo XIX; por el contrario, aunque con alguna intermitencia, históricamente, la lucha en pos de la integración y la autonomía regional ha sido la constante. El año 1874 se constituyó en uno de los primeros hitos de esta larga marcha; en respuesta a la discriminación y el ninguneo del que era objeto la región Caribe y su dirigencia por parte del gobierno central, se constituyó por aquellas calendas la Sociedad de Representantes Costeños por parte de un grupo de 16 congresistas de los estados de Bolívar, Magdalena y Panamá. Este 12 de enero es memorable, pues en esta fecha  justamente se cumplen 100 años desde que el ex ministro de Hacienda, Tomás Suri Salcedo, instaló en Barranquilla la asamblea constitutiva de la Liga Costeña. La iniciativa de crearla partió de los periódicos de la región y fue secundada por connotados dirigentes políticos, cívicos y gremiales del Magdalena grande, de la Sabana de Bolívar y el Atlántico, que vieron en ella la más fiel expresión del descontento y la inconformidad crecientes en la región, producto del agobiante centralismo. Como nos lo recuerda el historiador Eduardo Posada Carbó, decisiones tomadas por el gobierno central como “destinar fondos provenientes del impuesto de canalización – un tributo del río – para invertirlos en el Ferrocarril del Tolima provocaron la ira regional”[3] y exacerbaron los antagonismos entre la región y el centro.

EL MEMORIAL DE LA LIGA COSTEÑA

El Memorial enviado por el Presidente de la Liga, el ex ministro y ex senador Manuel Dávila Flórez, al Presidente de la Cámara de Representantes, Luis A. Mario Ariza, calendado el 14 de agosto de 1919, condensa los aspectos esenciales del reclamo de la región Caribe al gobierno central. Se destacan entre ellos el establecimiento de un ente autónomo para el manejo del Río Grande de la Magdalena y el impulso de las obras necesarias que garantizaran su navegabilidad, así como del Canal del Dique y los caños que conectan al río con la Ciénaga Grande y el mejoramiento de los puertos sobre el Caribe. Era evidente que el interior del país, después de haberse servido del Río Magdalena en la primera fase de su proceso de industrialización, le había dado la espalda y lo abandonaron a su propia suerte. Igualmente se demandaba del gobierno central la desgravación arancelaria de las importaciones de harina y trigo, reversar la medida tomada por Núñez en 1885 de nacionalización de las salinas marítimas y otro justo objetivo: una reforma constitucional tendiente a aumentar la representación de la región en el Congreso de la República. Ya dos ministros del Caribe, el propio Manuel Dávila y Simón Bossa, habían renunciado a sus carteras por sus desavenencias con las medidas que favorecían  a los molineros de Bogotá que, como lo denunció Restrepo Plata, estaban “organizados en trust acaparador  y formidable”[4], en detrimento de los molineros de la Costa.

EL AUTONOMISMO NO ES SEPARATISMO

La noticia de la creación de la Liga costeña cayó como un baldado de agua fría a los heliotropos de la política bogotana, que abrigaban temores de que se estuviera incubando allí un proyecto separatista, dado el espíritu díscolo y levantisco de los cuales había dado muestras la región desde los albores de la independencia. Aunque no faltaron quienes como el ex alcalde Vicente Noguera Carbonell asumieron posiciones más radicales y llegaron  incluso a enarbolar la bandera de la “república independiente del Caribe”, la Liga nunca tuvo ese alcance ni esas intenciones, su tónica fue más bien conciliadora. Como acota Eduardo Posada Carbó “La Liga se declaró patriótica y progresista, expresó que respetaría las ‘autoridades legítimamente constituidas’, tras manifestar que sus intereses estaban por encima de las luchas de partido”[5]. No pasaba de ser “una expresión de poder regional”[6]; nada más, pero tampoco nada menos. Pese a ello, el síndrome de la separación de Panamá surtió sus efectos; mientras la prensa capitalina se alarmaba por la eclosión de este brote autonomista al que tildaba de secesionista, el Presidente Marco Fidel Suárez se apresuró a empacar maletas y viajó intempestivamente a Barranquilla para tratar de conjurarlo. Su visita, la primera que hacía a esta región, sirvió de galvanizador de la lucha emprendida por la Liga, que se hizo sentir y escuchar y logró atraer la atención del gobierno central, el cual atendió, aunque a medias, varias de sus reivindicaciones.

Desafortunadamente las elecciones presidenciales de 1922 dieron al traste con la Liga Costeña, que sucumbió a los intereses banderizos. La desbandada no se hizo esperar, sus principales líderes se alistaron al lado de la candidatura liberal de Benjamín Herrera unos y de la conservadora de Pedro Nel Ospina los otros y la división se tornó irreversible e insuperable, cuando en la unidad estaba su fuerza. En 1934 se dio un frustrado intento de revivir la Liga mediante la creación de la Asamblea Interdepartamental de la Costa, la cual se dio cita en Cartagena, pero una vez más el entusiasmo fue pasajero y su existencia efímera. Posteriormente, con la constitución de CORELCA en 1967, la aspiración presidencial de Evaristo Sourdís y la creación del Sistema Integrado de Planificación Urbana y Regional (Sipur) en 1975, se le dio otro envión a esta gesta en procura de la integración y la autonomía regional.

LA VIGENCIA DE SUS OBJETIVOS

Estos antecedentes sentaron las bases para los desarrollos ulteriores, los cuales se concretaron en la Ley 76 de 1985 a través de la cual se crearon las regiones de planificación regional, más conocidas como Corpes, el reconocimiento por parte de la Constituyente de 1991 que Colombia es un país de regiones  y además la autonomía de las mismas[7]. Desde entonces las regiones se pueden llegar a constituir en entidades territoriales[8], algo que no era viable mientras estuvo en vigencia la Constitución de 1886.  Ello fue posible gracias a la iniciativa y al impulso dado por parte de la representación de la Región Caribe colombiana en dicha Constituyente: Eduardo Verano, Juan B. Fernández, Carlos Rodado Noriega y el infaltable e infatigable Maestro Orlando Fals Borda, ilustre e ilustrado intelectual, comprometido como el que más con esta causa. Y no es casual que dicha iniciativa hubiera partido de la representación del Caribe colombiano, habida cuenta del liderazgo que desde siempre ha asumido esta región, de cuya identidad como tal nadie duda[9], en el pulso incesante con el absorbente centralismo, con la mira puesta en la materialización de este anhelo largamente aplazado cuando no escamoteado[10].

Podemos concluir diciendo que los objetivos planteados por la Liga Costeña siguen vigentes y las regiones deben superar y abandonar la acostumbrada intermitencia en esta lucha y perseverar en ella para poder coronarla con éxito. Resistir, insistir, persistir y nunca desistir de esta lucha debe ser la consigna, al fin y al cabo, como dice el adagio popular, la constancia vence lo que la dicha no alcanza. Hoy, más que nunca, el Caribe quiere y requiere dejar de ser alfil sin albedrío del centralismo bogotano, para enrrutarse por la senda del progreso y del desarrollo social.

Con la aprobación por parte del Congreso de la República, después de muchos idas y venidas, vueltas y revueltas,  del proyecto de Ley 182 de 2017 – Senado por medio del cual “se dictan normas orgánicas para el fortalecimiento de la RAP y se establecen las condiciones para su conversión en RET” , que ahora está para sanción presidencial, se da un paso fundamental para el fortalecimiento de las regiones administrativas y de planificación (RAP). Y posibilita, además, el tránsito de las RAP hacia las regiones como entidad territorial (RET), que es el verdadero puerto de destino[11]. Su entrada en vigencia es una feliz coincidencia con la conmemoración del Centenario de la Liga Costeña. Como diría Evaristo Sourdis: ¡es ahora o nunca!

Bogotá, enero 12   de 2019

www.amylkaracosta.net

[1] Ley 1454 de 2011

[2] Amylkar D. Acosta M. La LOOT light. Mayo, 20 de 2011

[3] Eduardo Posada Carbó. El Caribe colombiano. Una historia regional (1870 – 1950)

[4] Citado por Gustavo Bell Lemus. El Caribe colombiano. Selección de textos históricos.

[5] Boletín cultural y bibliográfico No. 3, volumen XXII, 1985.

[6] Idem

[7] Constitución Nacional. Artículo 1º.

[8] Constitución Nacional. Artículo 306

[9] Amylkar D. Acosta M. La agenda regional. Abril 21 de 2005

[10] Amylkar D. Acosta M. La autonomía regional: alternativa de desarrollo. Noviembre, 18 de 2008

[11] Amylkar D. Acosta M. Se salvaron las RAP. Diciembre, 13 de 2018

* Miembro número de la Asociación Colombiana de Ciencias Económicas -ACCE; exministro de Minas y Energía y exdirector ejecutivo de la Federación Nacional de Departamentos

 

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