Por Germán Danilo Hernández *

Los parques son escenarios de encuentros ciudadanos para el esparcimiento y la recreación; contribuyen a la integración y la convivencia social. Mientras muchas ciudades del mundo se esmeran por hacer de ellos grandes atractivos, Cartagena paradójicamente les ha dado la espalda, salvo contadas excepciones.

Bastaría con hacer un recorrido por los diferentes barrios para constatar el estado de abandono y de deterioro en que se encuentra la gran mayoría, como consecuencia de la falta de interés y voluntad para su conservación y cuidado por parte de los sectores público y privado, y de la propia comunidad. Sin embargo, no todos han padecido la misma suerte, en algunos parques como el del Centenario y Bolívar en el centro, se realizan periódicas inversiones para su mantenimiento.

Entre 2014 y 2015 se dio un renacer del interés por estos espacios en La Heroica. Bajo la orientación del entonces gobernador de Bolívar, Juan Carlos Gossaín, se recuperaron espacios como el entorno del monumento a los Alcatraces y la restauración de este, el parque del Cangrejo Azul en Crespo y surgió el majestuoso Espíritu del Manglar, en tanto que la administración de Dionisio Vélez siguió el ejemplo con otros parques en barrios de la periferia y el Gobierno Nacional hizo entrega del parque lineal de Crespo.

No obstante, esos escenarios simbolizan el manejo que la ciudad les prodiga, que parecería estar más determinado por la suerte, que por una política pública sólida y coherente. Así entonces, el parque del Cangrejo Azul, por ejemplo, se encuentra en un proceso de franco deterioro, sin que el Distrito ni la empresa privada decidan invertir en la refacción de la escultura del crustáceo, en la reparación de los juegos biosaludables y  en el mantenimiento de sus jardines.

El monumento a los Alcatraces se quedó sin los patrocinadores que garantizaban su conservación, y el parque lineal de Crespo, a pesar de su utilidad e importancia estratégica, tiene tan pocos dolientes, que además de su incipiente deterioro, en la temporada navideña le negaron hasta una mínima decoración, pudiendo haberse convertido en un gran atractivo de fin de año para residentes y turistas.

Con mejor suerte ha corrido el parque Espíritu del Manglar, adecuadamente conservado por la Administración departamental y convertido en escenario de integración familiar, en el marco de una majestuosa decoración navideña y de una intensa y amena programación cultural.

Este parque refleja el verdadero espíritu que debería orientar siempre a nuestros dirigentes, dando continuidad a la ejecución de las buenas obras, cuidarlas para el uso y goce de la comunidad, como un compromiso de gobierno y no dejarlas al designio de su buena o mala suerte.

Deseo a mis lectores Feliz Navidad y venturoso 2019.

* Periodista, columnista, docente universitario y asesor de comunicaciones.

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