La final más larga del mundo

Por Juan Camilo Ardila Durante *

Hoy se cumplen exactamente 40 días desde que supimos que Boca Júniors y River Plate se iban a cruzar, por primera vez en la historia, en la final de la Copa Libertadores. Y hoy, cuando la pelota por fin empiece a rodar en el estadio Santiago Bernabéu, estaremos presenciando otro hecho inédito: los dos colosos de Argentina jugarán la final más larga de la historia.

Pero esto ya se contó. Prefiero recordar hoy que uno de los primeros magos de la literatura futbolera, Osvaldo Soriano, popularizó un relato icónico llamado ‘El penal más largo en el mundo’, en el que narró lo que ocurrió en un partido entre dos equipos amateurs, Estrella Polar y Deportivo Belgrano, que en 1.958 disputaban una final con un título en juego. Un árbitro agredido por un jugador, el mismo juez sufriendo epilepsia en la reanudación del compromiso y la aparición de militares, hicieron que un penalti que iba a lanzarse en un día tuviera que prolongar el suspenso hasta el día siguiente.

A los 42 minutos todos nos quedamos con la boca abierta cuando el puntero izquierdo de Estrella Polar clavó un tiro libre desde muy lejos y se pusieron arriba 2 a 1. Entonces sí, Herminio Silva pensó en su empleo y alargó el partido hasta que Padini entró en el área y ni bien se le acercó un defensor pitó. Ahí nomás dio un pitazo estridente, aparatoso y sancionó el penal. En ese tiempo el lugar de ejecución no estaba señalado con una mancha blanca y había que contar doce pasos de hombre. Herminio Silva no alcanzó siquiera a recoger la pelota porque el lateral derecho de Estrella Polar, el Colo Rivero, lo durmió de un cachetazo en la nariz. Hubo tanta pelea que se hizo de noche y no hubo manera de despejar la cancha ni de despertar a Herminio Silva. El comisario, con la linterna encendida, suspendió el partido y ordenó disparar al aire. Esa noche el comando militar dictó estado de emergencia, o algo así, y mandó a enganchar un tren para expulsar del pueblo a toda persona que no tuviera apariencia de vivir allí“.

 

El relato de Soriano, aunque no narre los mismos acontecimientos, es indudablemente profético porque el cuento es un espejo de la final que hoy concluye en Madrid y que es la representación de la hostilidad con la que hoy se vive el fútbol en Argentina.

Cuando la pasión se sobreactúa, aparece la locura, la aliada perfecta para que los violentos contagien a los ‘hinchas genuinos’ de una cultura barrabrava que se va devorando, progresivamente, al deporte que más pasión genera.

Primero fue la lluvia -premonitoria – en el partido de ida, y luego decenas de delincuentes en el partido de vuelta. Luego muchas reuniones de gente con sacos y corbatas que aprovecharon la demencia colectiva para hacer dinero y, mientras en Buenos Aires asumían la vergüenza mundial, los directivos se llevaron de Suramérica con destino madrileño la copa más representativa de nuestro continente.

Hoy, esta edición histórica de la Copa Libertadores se tornará aún más extravagante cuando salgan a la cancha del Real Madrid los jugadores de Boca y River que tienen una oportunidad especial: la de dignificar a Di Stefano, Kempes, Maradona, Messi, Valdano y a los relatores fabulosos como Soriano y Fontanarrosa que representan lo mejor de un fútbol argentino que aún puede volver a enamorarnos como lo supo hacer tan bien en el pasado.

* Comunicador social – periodista, especialista en Periodismo digital.

juancardila@gmail.com

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