El apogeo de la razón y la estupidez

Por Danilo Contreras Guzmán *

La revolución francesa acaecida hace solo un par de siglos nos ofreció (masivamente) la condición de seres autónomos, luego de siglos interminables de sumisión al régimen despótico de reyes y señores feudales impuestos por la religión y la violencia. La democracia fue la expresión política de aquella conquista y el discurso racional el triunfo filosófico sobre la superstición. Hay quienes opinan (Popper) que la esencia de la democracia es la discusión crítica. Quien puede deliberar críticamente es libre.

danilo-contrerasSegún Habermas, a partir de la revolución francesa “la concepción de la praxis política se pone bajo el signo de la autodeterminación y la autorrealización; y la confianza en el discurso racional como instancia con la cual y ante la cual debe legitimarse toda dominación política: todos estos son rasgos específicamente modernos”.

El vertiginoso avance de la técnica y el conocimiento científico aseguró el progreso constante durante estas dos centurias. La felicidad parecía al alcance de la mano. Sin embargo, con el paso del tiempo el progreso parece trastocarse en destrucción y el ejercicio de la razón en estupidez. Un ejemplo patético de esta hipótesis lo constituyen las guerras del siglo XX y más recientemente el cambio climático.

Hitler llega al poder por vía democrática y la guerra nazi instrumentalizó todo el avance científico para producir el holocausto que aún pesa sobre la humanidad. Así mismo la producción industrial nos empuja al borde de la sexta extinción de las especies, incluyendo los humanos.

Walter Benjamín, quizás el más desventurado miembro de la escuela filosófica de Frankfurt, es autor de una frase demoledora: “el progreso es la catástrofe”.

Este temible panorama podría hacernos renegar del ejercicio de la razón a no ser por la distinción que los pensadores de la escuela de Frankfurt hacen al respecto, entre teoría crítica y razón instrumental.

Hay una razón, sostienen ellos, a la cual solo interesa resolver problemas técnicos sin importar las consecuencias. La razón es un mero instrumento para conseguir fines determinados. En cambio, la razón crítica persigue fines pero con conciencia de que regirse por juicios morales, de manera que el ejercicio de la razón tiende así a la consecución de grandes ideales como la justicia, la libertad y el sentido de humanidad.

En el ejercicio de la razón instrumental, el ser humano piensa pero no pasa de ser una máquina, sometida al peso del Estado y del mercado (el capital). Es más persona quien más tiene y quien más consume. El mejor carro, la mejor pinta, el apartamento más lujoso definen el Ser. Quien no consume está fuera del mundo capitalista. La razón instrumental reniega de la reflexión, sostiene Habermas.

Pensando esto, he caído en cuenta que en diez mil años de civilización determinada por la agricultura, el ser humano solo ha vivido unos 425 años de democracia, sumados el periodo en que los griegos profesaron esta forma de gobierno y lo vivido desde la revolución francesa, hasta nuestros días. Así las cosas, durante 9.575 años de la historia documentada de los seres humanos hemos sido sometidos a la heteronomía de las tiranías, el sometimiento y la enajenación. Podría especular entonces que no estamos acostumbrados a la libertad. El sometimiento ha sido la constante del ser.

Es tal vez por eso que la democracia no funciona adecuadamente. No somos capaces de tener pensamiento crítico y solo ameritamos razones que nos tranquilicen. Ovejas de un redil.

El estado actual de la Nación es un ejemplo claro de lo anterior. Es evidente que el señor fiscal general hace parte de una trama delictiva que lo inhabilita de ejercer la justicia, pues quizás él mismo debe ser sometido a juicio. Sin embargo, aceptamos alegremente que la salida que el establecimiento nos ofrece, desde el presidente de la República y el procurador general en adelante, sea nombrar un fiscal ad hoc. Eso bastará para que dejemos de rasgarnos las vestiduras frente a la ola de envilecimiento del servicio público.

La economía y sus dueños mandan. Ya decía Marx que la política y la cultura son un enmascaramiento (superestructuras) de lo económico. Sarmiento prevalecerá.

Esta nota fue construida a partir de una charla con mi hijo menor, Pedro Isacc.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial