¡Que viva el Ministerio de Ciencia!

Por Bladimir Basabe Sánchez *

Los niños, niñas, jóvenes, y también adultos aunque muchos se escuden en la expresión de aquel psittaciforme que se niega a “dar su pata”, tenemos una oportunidad de oro para ver si así pasamos del dicho al hecho sin tanto trecho.

Colombia dejó de ser un país en vías de desarrollo. Desde mayo de 2018, el país y quienes lo cohabitamos ingresamos al selecto club de los territorios exclusivos dentro de los exclusivos: las próximas ediciones de los libros de historia y ciencias sociales tendrán que incluir este hito para la posteridad de nuestras más recientes generaciones, y las que están por venir.

Los compromisos adquiridos al ser miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico -OCDE – comenzaron a dar luces: una clara oportunidad para resarcir el cada vez más débil apoyo gubernamental en materia de fortalecimiento a la gestión de la investigación e innovación. Un modelo que, aunque ya ha sido replicado en muchos países, guarda una originalidad de producciones intelectuales a la colombiana: la multiversidad de visiones para solucionar infinidad de problemas.

He escuchado miles de veces, al mejor estilo de las PQRS en las entidades estatales, un rosario de lamentos que salen de la boca de los estudiantes de la básica, los universitarios y hasta de los investigadores con recorrido, y casi todo termina en lo clásico: “el presupuesto no alcanza”. Siempre solía decirles a mis estudiantes que aquellas investigaciones que impactan positivamente en la sociedad, son aquellas que merecen más que una publicación en una prestigiosa revista: llenarnos de diplomas o de artículos indexados, sin resorte en los verdaderos dolientes sociales, debería hacernos recapacitar. Por fortuna, hay muchos ciudadanos que ya están conscientes, y trabajan con ahínco para lograr los cambios que todos buscamos en medio de las dificultades.

Que la República de Colombia cuente con un Ministerio de Ciencia, no debería verse como un despropósito burocrático. Este mágico y biodiverso territorio lo necesita con urgencia desde hace más de 20 años, cuando se comenzó a tantear la posibilidad. Es la oportunidad de brindar un reconocimiento a la ardua labor de científicos de todas las edades, agrupados en programas estatales y del sector privado como, por ejemplo, el Programa Ondas y la Red Colombiana de Semilleros de Investigación; además, un apoyo en términos de financiación, de proyección nacional e internacional: no solo para invertir en investigación; recordemos que esos investigadores también tienen que vivir (no sobrevivir). Esperemos que se surta el último debate a favor, tarea impulsada por la Comisión Sexta del Senado de la República.

Me embarga de emoción el solo hecho de imaginar a nuevos niños, niñas, jóvenes y adultos jugando a comprender el porqué de las cosas, a hilvanar hasta más no poder. Basta de autotorpedearnos la propia vida: en los colegios privados y en las instituciones educativas públicas existen cerebros con miles de ideas. Ponerlas en práctica no es solo misión de los docentes sino también de los padres y madres que, más allá de su esperada responsabilidad efectiva, tenemos un compromiso social con el país: nuestro actuar, para que permee las esferas sociales con inteligencia y sabiduría, debe salir de las cuatro paredes de la casa.

Veo más cerca los nuevos investigadores que corroborarán, y hasta cuestionarán, las tesis de Jorge Hernández Camacho, Adriana Ocampo, Brigitte Baptiste, Rodolfo Llinás, Emilio Yunis, Manuel Patarroyo, Salomón Hakim, Nelson Sabogal, Jorge Reynolds, Martha Gómez, Ángela Restrepo, Francisco Lopera, o el cartagenero Albeiro Marrugo. Esperaré leer y aprender de esos futuros líderes, con convicción por una ciudad y un país que merecen lo mejor.

* Psicólogo Especialista. Creador de Salvemos Varadero. Secretario General de la Corporación Ecotono. Twitter: @bbasabes

 

 

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