Primer y más importante pacto por Cartagena: una educación de calidad

Por Álvaro Cárcamo Camargo *

El común denominador de la indignante pobreza en Cartagena es su atraso en la educación pública, relacionado con la creciente disminución de la cobertura, una deserción escolar disparada y la baja calidad educativa de las escuelas públicas, las cuales requieren con urgencia redefinir y actualizar sus currículos acordes a la vocación y proyecciones de desarrollo de la ciudad.

Es necesaria la cualificación de los profesores y el mejoramiento de los escenarios académicos, los cuales deben acceder a las nuevas tecnologías en el campo de la educación. “Un nicho escolar digno y con eficiencia tecnológica”. Reconocemos que el modelo pedagógico aplicado en las escuelas públicas es obsoleto; se basa fundamentalmente en el aprendizaje memorístico que tiene como base la retención mental de datos sin procesarlos detenidamente. Estos contenidos no son analizados por el estudiante con el propósito de garantizar una crítica constructiva que permita la construcción de un conocimiento aplicable a una realidad social.

Nuestros jóvenes deberían desarrollar autonomía y pertinencia en el aprendizaje, recrear un aprendizaje asociativo, observacional y emocional. En este punto podríamos poner en práctica el reconocimiento y desarrollo de las inteligencias múltiples y, sobre todo, la inteligencia emocional, que garantizaría la incorporación del concepto de tolerancia y democracia participativa, creando los valores para una sana convivencia.

La neuroeducación ha permitido el desarrollo de grandes avances en la educación moderna, detectando e interviniendo tempranamente los puntos fuertes y débiles del nivel cognitivo de los estudiantes, promoviendo una memoria analítica, insertada en los procesos sociales útiles para el desarrollo integral del individuo, la familia y la sociedad.

Existe algo peor: nuestros estudiantes no saben leer y, más grave aún: no tienen una clara vocación hacia la lectura. Todos estos elementos negativos son confirmados y demostrados por los bajos puntajes en las evaluaciones aplicadas por el Ministerio de Educación Nacional a las escuelas del Distrito de Cartagena. El 78% de las instituciones educativas oficiales de Cartagena no superan el nivel C, el segundo más bajo de la escala.

Urge crear una estrategia que tenga por objetivo el desarrollo del hábito por la lectura, lo mismo que se garantice la adquisición de destrezas para la comprensión de esta. La lectura es un proceso de interacción entre el pensamiento y el lenguaje, por lo tanto, se deben desarrollar entre los estudiantes habilidades básicas de oralidad, gusto por la lectura y pensamiento crítico.

En estos momentos, en Cartagena estamos muy lejos de aplicar la pedagogía moderna, que tan buenos resultados ha dado en otros países. Por ello, lo que requiere nuestra ciudad es una verdadera revolución educativa, de proporciones mayúsculas, con grandes inversiones y administración técnica y transparente.

El atraso es grande, pero más grande aún es la paquidermia que nos inmoviliza para iniciar el cambio. En consecuencia, el primer y más importante pacto por Cartagena debe ser por una educación de calidad. Ese es el camino.

* Médico, profesor universitario, especialista en Gerencia Educativa de la Universidad Libre

 

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