A propósito de una selfie: de mensajes equívocos, éticas acomodadas y doble moral

Por Carlos Ardila González *

Quién lo creyera. En Cartagena, una ciudad donde, por regla general, los escándalos corren por cuenta de sonados hechos de corrupción, ayer (lunes 8 de octubre) la gran ‘bomba mediática‘ fue la renuncia de un funcionario del Distrito presionado por una declaración del fiscal general y dos trinos de la vicepresidenta de la República.

En efecto, tal como lo supo ayer todo el país, el director de Distriseguridad, Víctor Hugo Arango Pérez, se vio obligado a dimitir de su cargo luego de que el fiscal Néstor Humberto Martínez Neira pusiera el grito en el cielo porque el funcionario distrital, 17 días antes, durante la celebración del Día de los Reclusos en la Cárcel de San Diego, se había tomado una selfie con Liliana del Carmen Campos Puello, más conocida como ‘La Madame‘, la mujer a quien la Fiscalía señala de liderar una red dedicada al proxenetismo.

Al enterarlo del hecho uno de los integrantes del equipo de prensa del ente acusador, Martínez Neira anunció que iba a llamar al alcalde designado de Cartagena, Pedrito Pereira Caballero, para que le explicara la situación. “No puede ser que cuando toda la justicia de un país se encuentra luchando contra estas redes de trata de personas, un funcionario público haga eso; le voy a pedir explicaciones del caso“, declaró.

Por su parte, la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez Blanco, en un par de trinos publicados luego de las declaraciones del fiscal, advirtió que la selfie que se tomó el director de Distriseguridad con ‘La Madame’ “va en contravía de la lucha contra la corrupción y la construcción de una administración pública que actúe con ética y sea referente de la decencia“.

De acuerdo con lo que este portal pudo conocer de fuentes estrictamente confidenciales, tres días después de la celebración del Día de la Virgen de las Mercedes, que se llevó a cabo el viernes 21 y no, como está establecido, el 24 de septiembre, el alcalde (d) Pedrito Pereira ya había llamado telefónicamente a su subalterno y lo había reprendido por el hecho.

Para el mandatario, era claro que, al margen de que se trató de un evento en el cual es habitual que las sumariadas interactúen con familiares, amigos y funcionarios, el mensaje que envió el funcionario, aunque fuera por ingenuidad, no correspondía a la lucha que adelanta el Estado colombiano contra el proxenetismo y la explotación sexual infantil.

Pereira, posesionado de su cargo apenas un día antes de los hechos, debía optar por solicitar la renuncia del director de Distriseguridad o reconvenirlo por su error, solicitándole -además – que se excusara ante la ciudadanía y aclarara su posición. Por lo que llegó a establecerse, el mandatario optó por esto último.

No obstante, ante los últimos hechos, a Pereira le tocó aceptar la renuncia presentada por Arango.

Minutos después de los enérgicos pronunciamientos del fiscal y la vicepresidenta, el director de Distriseguridad llegó al Palacio de la Aduana y declaró a varios periodistas que se disponía a dimitir de su cargo “en consideración primero que todo a mi familia (…) pero también a todos los cartageneros“, ya que “considero que es innecesario someter a Cartagena a un desgaste adicional por una fotografía que fue sin mala fe“.

 

Acto seguido subió a la Secretaría General, donde radicó su renuncia y, posteriormente, caminó hacia el Despacho del alcalde a informarle su decisión.

Pero la caída del Director de Distriseguridad por lo que para unos fue una clara imprudencia y para otros un imperdonable error, no puso punto final a los ruidos que se escuchaban en corrillos, redes sociales y foros de distintos medios.

Por el contrario. Apenas el fiscal dijo lo que dijo y la vicepresidenta trinó lo que trinó, decenas de ciudadanos, particularmente a través de Facebook y Twitter, iniciaron otro agitado debate, pero este comenzó a girar -principalmente – alrededor de la moral y la ética.

La razón: para muchos, al margen de que hubo o no razones para escandalizarse por la ingenuidad o el error del funcionario, el hecho es que ha llamado la atención que, ante otros casos de mayor envergadura, los mismos actores han actuado diferente y, en general, quienes hoy opinan de una forma lo hicieron ayer de forma muy distinta.

Varios días antes de las declaraciones de las altos funcionarios nacionales, el docente universitario Juan Conrado Ovalle, en su habitual columna en Revista Metro, manifestó que “se podría decir folclóricamente que las imágenes donde se aprecia al director de Distriseguridad posando con alias ‘La Madame’ corresponden a una actividad orientada a la convivencia y rehabilitación social de las reclusas, pero no es menos cierto la necesidad de guardar distancias y mostrar cierta ponderación cuando se ocupan cargos públicos, máxime cuando, como en este caso, se dirige una dependencia que debe contribuir en la lucha contra las diversas formas delincuenciales que azotan la ciudad” (leer ‘Una selfie con ‘La Madame‘).

Pero ahora, tras la renuncia de Arango, el debate se ha volcado, como puede apreciarse, a la forma cómo unas personas miden con distintos raseros hechos similares o, peor aún, cómo se hacen los de la vista gorda ante casos realmente graves pero cuestionan con rigor hechos de menor trascendencia.

No es sino leer los comentarios a los trinos de la vicepresidenta para comprender el tamaño del debate. A Ramírez Blanco, como podrá observarse, le recuerdan las consecuencias de la ‘seguridad democrática‘, entre ellas los muertos que produjo la llamada Operación Orión, así como el respaldo a personas como el expresidente Álvaro Uribe Vélez, el embajador Alejandro Ordóñez Maldonado y el ministro Alberto Carrasquilla Barrera, entre muchos otros (leer ‘Comentarios a los trinos de Marta Lucía Ramírez‘).

Y le recuerdan que, gracias a su ingenio empresarial, Carrasquilla obtuvo exorbitantes ganancias mientras decenas de municipios colombianos terminaron literalmente quebrados. Y que a Ordoñez lo anuló el Consejo de Estado por evidentes y comprobados actos de corrupción. Y que a Uribe lo investigan por decenas de delitos, algunos de ellos de lesa humanidad. Aunque no está condenado aún, es cierto; pero ‘La Madame’ tampoco.

En mi particular concepto, el fiscal y la vicepresidenta tienen razón en cuestionar la famosa selfie. Y, en términos generales, creo que ese tipo de actitudes suele enviar, como en efecto envió, un mensaje equívoco a la ciudadanía. Ramírez lo expresó de manera más radical; dijo que “va en contravía de la lucha contra la corrupción y la construcción de una administración pública que actúe con ética y sea referente de la decencia.

Pero considero que los acalorados trinos de la alta funcionaria deben servir para promover un debate mucho más amplio sobre la ética y la decencia en la Administración Pública, y los casos de Uribe, Ordóñez y Carrasquilla podrían ser un buen insumo.

En el caso concreto de Cartagena, a la vicepresidenta, quien, curiosamente, a varias reuniones con el alcalde Pedrito Pereira ha invitado a los dirigentes gremiales Rafael Simón del Castillo, Diana Gedeón Juan y Bruce Mac Máster, cabría preguntarle qué opinión le merece el homenaje que estos, conjuntamente con otros voceros del empresariado local, le rindieron el pasado 6 de diciembre al expresidente de Reficar, Orlando ‘El Pompi’ Cabrales Martínez.

Para esa fecha, a Cabrales Martínez la Fiscalía le había imputado cargos por varios supuestos delitos, entre ellos la comisión de sobrecostos por más de $610 mil millones; la Contraloría le había abierto un proceso de responsabilidad fiscal por 6.080 millones de dólares por el presunto daño patrimonial que generaron dichos sobrecostos; y la Procuraduría le había formulado pliego de cargos por las supuestas irregularidades durante la ejecución del proyecto de ampliación y modernización de la refinería (leer ‘Ecos del tributo a expresidente de Reficar: que se haya cuestionado “es una vergüenza”‘).

Cabría advertir, es cierto, que Cabrales Martínez aún no ha sido condenado ni sancionado aún; pero ‘La Madame’ tampoco.

* Director de Revista Metro

 

 

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