El ecodesarrollo cartagenero, en el olvido

Por Génesis Ponneffz Ramírez *

Hoy día, se disfruta de una Cartagena dinámica, siendo sus habitantes testigos del desarrollo y despertar a una nueva etapa; hemos visto cómo el tejido urbano se ha ido complejizando, modificando así las condiciones y calidad de vida de sus habitantes. Si bien muchos visualizan a ‘El Corralito de Piedra’ como un lugar soñado que se puede mejorar si se lo proponen, muchos otros nativos aún tienen el imaginario de la identificación parcial con un perfil urbano que incluya espacios verdes como zonas de esparcimiento y recreación para todos. Es tanto el desdén sobre esta temática, que resulta utópico y hasta complejo el imaginarse a Cartagena recuperando sus espacios públicos.

La sobreconstrucción sectorizada en la mancha urbana y la falta de planificación por años del crecimiento inmobiliario desmedido han traído como consecuencia problemas de habitabilidad tales como la gentrificación, el déficit de espacio público, el deterioro de las pocas áreas verdes existentes, la subutilización de estas y daños en el ambiente por la tala indiscriminada para nuevas construcciones, sin que estas hagan una eficaz y efectiva compensación forestal al Distrito. Basándonos en lo anterior, vemos la asimetría de la ciudad con respecto al espacio verde por habitante, siendo Cartagena una de las ciudades con más bajos índices de arborización en el país; según el Plan de Silvicultura Urbana adoptado por el Distrito a través del Decreto 274 del 10 de febrero de 2017, la ciudad hace cuatro años tenía solo un árbol por cada 17 habitantes, lo cual representa un déficit arbóreo bastante preocupante. En contraste, si nos remitimos al hecho de que la Organización Mundial de la Salud -OMS – recomienda que exista, como mínimo, un árbol por cada tres habitantes y por lo menos nueve metros cuadrados de zonas verdes por habitante, nos deja expuesta la urgencia de la existencia de estas áreas en nuestra ciudad.

Los pulmones verdes en las urbes, por medio de espacios confortables para el colectivo, garantizan beneficios como lo son el ayudar al mejoramiento de la calidad de aire, reduciendo los gases contaminantes y de efecto invernadero que provocan el cambio climático, la sombra y sensación de frescura, el control de la contaminación acústica y equilibrio de la contaminación visual en el paisaje urbano, proporcionan hábitat y mejoran los índices de biodiversidad. Además, contribuyen a optimizar la salud emocional de los habitantes urbanos y su desarrollo intelectual ya que se mejoran las habilidades cognitivas, según estudios recientes de IS Global.

Por todo lo anterior, la innovación del paisaje urbano no debe reemplazar las áreas verdes de recreación y esparcimiento; estas no son un lujo ornamental. En realidad, es un deleite paisajístico por medio de un modelo de impacto ambiental estratégico que integre corredores ambientales urbanos, nodos, bulevares y alamedas, entre otros elementos que son requeridos con inmediatez y necesarios para la mejora en la calidad de vida de todos. Es importante trabajar porque Cartagena sea nuevamente reconocida como ‘la plaza abaluartada’, tal como en sus inicios coloniales fue bautizada por muchos, adaptándonos a la realidad vigente donde una solución es, sin duda, el reverdecimiento de la ciudad.

* Arquitecta.

 

 

1 Comment

  1. Jonathan Costilla dice:

    Desde Argentina

    Primero que nada Felicitar a la Sra. Ramirez. Ya que las ideas revolucionarias son las que nos mueven un poquito al futuro, apoyo su punto de vista. Ya que si no se toma acción para mejorar los espacios verdes con anticipación comenzaran a notarse en la salud de los habitantes. Excelente trabajo.

    Saludos

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