La valiente soledad del gobernador del Nariño

Por Fernando Guerra Rincón *

Al gobernador de Nariño, Camilo Romero, le tocó en suerte administrar un territorio de inmensas potencialidades pero de enormes conflictos, ubicado en muy importante porcentaje en el Chocó biogeográfico[1], una región de la América Tropical, un abigarrado mosaico de ecosistemas formado a lo largo de la historia geológica que cuenta con llanuras y formaciones selváticas y que por su alta pluviosidad produjo una de las hidrografías más impresionantes de la geografía americana, que alimenta las cuencas de los ríos Mira, Mataje, San Juan de Micai, Putumayo, Napo y el río Patía, con sus ocho cuencas particulares que conforman los ríos Mayo, Juanambú, Guáitara, Telembí, Magüí, Patía Viejo y medio.

Nariño tiene una posición geoestratégica privilegiada al ser la frontera de Colombia con Sur América y el Mar Pacífico y que el Plan de Desarrollo del Departamento 2016-2019 define, acertadamente, como Nariño, corazón del mundo[2] y que en sus 33.268 kilómetros cuadrados, alberga la cuenca binacional del Mira-Mataje y la del río Patía, que en la Hoz de Minamá corta la Cordillera Central para buscar su tránsito hacia el mar del Pacífico como constituyentes del Chocó biogeográfico. Estas cuencas han formado sistemas estuarinos en donde se localiza el ecosistema de guandal más importante de Colombia, con una extensión de 130.000 hectáreas; y de manglar, ocupando una extensión de 150.000 hectáreas, que representan el 53% del total del país[3].

Un verdadero regalo de la naturaleza para el negocio del narcotráfico ante el abandono estatal y su falta de copamiento permanente del territorio[4]. El narcotráfico lo único que necesita es naturaleza cruda, como es el estado actual de la generalidad del territorio del Pacifico colombiano, donde solamente dos carreteras llevan al mar Pacífico, Cali-Buenaventura y Pasto-Tumaco[5]. La red vial terciaria del Departamento de Nariño, que comunica el interior de las cabeceras municipales y sus zonas rurales, clave para que el programa de sustitución de cultivos tenga alguna posibilidad de éxito es realmente precaria. Los principales déficits se encuentran en las subregiones de Telembí, Pacífico Sur y Sanquianga, en donde las condiciones de conectividad y la baja cobertura de la red vial generan altos costos de carga, de pasajeros y mixto[6].

Por su posición estratégica, por su intricada geografía, por el abandono estatal y por la pobreza de sus gentes, con una importante de la población compuesta por indígenas (10.28%)  y afrocolombiana,(18.8%)[7] el Departamento de Nariño devino en teatro principal de la guerra contra las drogas donde el crecimiento del paramilitarismo y las acciones lideradas por las Fuerzas Armadas, obligó a la guerrilla a un repliegue a zonas de dominio en el sur del país y a la redefinición de los centros de producción y las rutas de comercialización de la droga haciendo que desde mediados de los noventa Tumaco se convirtiera en corredor vital de las rutas del narcotráfico, con Buenaventura, al tiempo que los cultivos de coca y laboratorios se trasladaron a la cordillera occidental y a la Llanura del Pacifico nariñense.

Como todas las fronteras del país, la de Colombia con Ecuador es presa de un abandono secular. Tumaco es Nariño en el Pacífico y sus poblaciones en esta subregión, con 80% de NBI, Mosquera, Olaya Herrera, la Tola, El Charco, Santa Bárbara, Francisco Pizarro, constituyen un retrato calcado de Haití en Colombia.[8] Miseria, hambre, orfandad, abandono, inseguridad, constituyen su diario vivir. Ante esa situación de precariedad absoluta se siembra coca. Camilo Romero dice que Ecuador nos estaba ayudando a construir la paz y le respondimos con guerra[9]. El hermano país nos sufre.

Manglares en Nariño. Fuente: Plan de desarrollo departamento de Nariño.2016-2019.

 

El vertiginoso aumento de los cultivos de uso ilícito promovió la transformación del territorio e introdujo nuevos actores y prácticas en la dinámica social y económica del Departamento. Nariño es el departamento de Colombia que más área sembrada tiene de cultivos de coca con 42.627 hectáreas, de las cuales solo Tumaco y su área de influencia de la Balsa, Llorente, Guayacana, Restrepo responde por 23.148 hectáreas, según el Simci. Igualmente, el 65% del área sembrada de amapola está en este departamento.[10]

El ciclo de la bonanza minera en el país se convirtió en una importante fuente de recursos de financiación de estas actividades ilícitas y su control en un fuerte incentivos para la violencia en busca de su control territorial. En consecuencia, el desplazamiento forzado se convirtió en una acción selectiva y planificada para el control territorial afectando prácticamente a toda la población: mujeres, niños, niñas, adolescentes y adultos mayores. Los jóvenes han sido carne de cañón de las bandas armadas. Sin oportunidades reales, sin trabajo, sin educación, su fuente de ingresos son los ejércitos irregulares que actúan en la zona. Con la llegada del paramilitarismo, el enfrentamiento entre las guerrillas y las Fuerzas Armadas del Estado y la aparición de Bandas Criminales (Bacrim), el número de víctimas del conflicto armado ha crecido notablemente.

Como era previsible, dada el comprobado fracaso de la política antidroga en todo el orbe, en Colombia se complicaron todos sus elementos: El incremento del área sembrada de matas de coca se estima en más de 209.000 hectáreas con una producción potencial del alcaloide de 921 toneladas[11]. El incumplimiento del gobierno a las necesidades económicas de la financiación del posconflicto que requiere de un verdadero Plan Marshall no tiene horizonte en el marco de las concepciones prevalecientes de la austeridad económica. Planeación  Nacional cree que es un asunto marginal y el Banco de la Republica no lo tienen en su prioridad[12]. Los planes de desarrollo con enfoque territorial funcionan lánguidamente. La reforma agraria integral no se ve por ninguna parte, punto nodal del acuerdo del Teatro Colón.[13]

Por eso a Juan Manuel Santos, el desarme de las FARC, que no la paz, se le está yendo como agua entre los dedos. La que es quizá su mejor obra de gobierno se deshilvana en las estrecheces que impone las rigideces del entramado financiero internacional y en sus propios errores e inconsecuencias. El aumento de las filas de la denominadas disidencias de las FARC (Iván Márquez y el Paisa están realmente más cerca de Gentil Duarte que del Congreso Nacional el primero y de la vida civil el segundo), aunado a la presencia de carteles mexicanos[14] y brasileños que le agrega un elemento muy delicado a esta  guerra inútil pero cruenta, está incrementando la violencia urbana en las ciudades de su área de influencia: Tumaco, Pasto, Buenaventura, Cali, Medellín[15], y en las regiones cocaleras donde la inconformidad social y al inseguridad están a la orden del día como en el Catatumbo, Arauca, Guaviare, Caucasia, Cáceres, Argelia, la región del Naya, la Delfina, el sistemático asesinato de líderes sociales en las zonas de conflictos, todo en presencia de una de las operaciones militares más grande que haya emprendido el ejército nacional en su historia a raíz del secuestro y posterior asesinato de los tres periodistas ecuatorianos que conmociono al vecino país. Dos ejércitos nacionales no logran capturar a Guacho[16].

Lo que vive actualmente el país y el Pacifico no es la paz, es una guerra de baja intensidad, y particularmente en Nariño, donde,  según su gobernador, se libra una nueva guerra[17]. Ante este dramático estado de cosas al gobierno saliente y al entrante no  se les ocurre otra cosa, para complacer a Washington, que recurrir a la fracasada, inútil pero peligrosa fumigación con glifosato utilizando drones, práctica, la aspersión área, que lleva en el país tres décadas de aplicación, sin éxito. En ese espacio de tiempo se han asperjado más de 1.800.000 hectáreas en el territorio nacional. Resultado: 209.000 hectáreas sembradas de coca, el mayor productor del mundo.

Los cultivos que van a fumigar están escondidos entre matas de plátano, yuca y arboles con el agravante de que debajo de estas plantas pasan riachuelos o existen nacederos de agua dulce[18]. El perverso ejercicio gira contra la coca y contra la vida en todas sus manifestaciones. El único perjudicado con esta estrategia son los campesinos de las regiones cocaleras, el eslabón más débil de la cadena. En vez de soluciones desde el Estado le viene la guerra. El nuevo gobierno viene hasta por los auxilios ofrecidos a los campesinos que se comprometieron con la sustitución voluntaria. Sus áulicos dicen que son subsidios perversos. Los campesinos no se van a dejar quitar su única fuente de sustento[19].

El único que hace oír su voz clarividente contra el actual estado de cosas es el gobernador de Nariño: “Si van a insistir con fumigaciones, se los digo de una vez, les a pasar lo que ya les pasó; van a tener incremento de los cultivos ilícitos porque no han resuelto el problema fundamental. Aquí hay que entender que se requiere una salida estructural ante un problema social y no exclusivamente criminal. Creer que hay una culpabilidad en quienes están dedicados a la siembra y no se habla de manera integral de quienes consumen ha conducido a que la política antidrogas haya fracasado a nivel global[20]. Lo que se avecina, producto de esta óptica fracasada, es una agravamiento de la violencia en todo el país y especialmente en el pacífico colombiano con la consecuencia de que los esfuerzos de paz naufraguen en el decálogo prohicionista del nuevo gobierno que piensa vedar hasta la dosis mínima y meter a la cárcel a los parlamentarios de la fuerza alternativa del común.

[1] El Chocó Biogeográfico de Colombia, Banco de Occidente, Credencial, Cali, 2009, Págs. 18-37.

[2] El Chocó biogeográfico figura como una de las 25 áreas del mundo consideradas como prioritarias para la conservación de la naturaleza por lo que ha sido denominada Punto Caliente de la Biodiversidad. Ibíd., pág. 22.

[3] Plan de desarrollo de Nariño, 2016-2019, Pág.33

[4] Rudolf Hommes, Paz y control territorial, http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/rudolf-hommes/paz-y-control-territorial-133918.

[5] Documento Conpes 3847, Plan todos somos Pacifico, Departamento Nacional de Planeación, Bogotá, 2015, pág.27.

[6] Plan de Desarrollo de Nariño, Pág.188

[7] Si bien las comunidades negras han contribuido a la formación de la República, muy poco han recibido de ella. Hoy se encuentran marginadas, con altos indicadores de pobreza, sin agua potable, sin energía eléctrica, con baja cobertura educativa y sin vías de comunicación. Plan de Desarrollo, Pág.33.

[8] Ecuador estaba ayudando a construir nuestra paz y le respondimos con guerra. Yamit Amat, El Tiempo, Entrevista a Camilo Romero, 22 de abril de 2018, Pág. 1.6.

[9] Ibíd.

[10] En el pacifico esta el 39% de la coca sembrada en el país. Informe Especial, El País de Cali, 25 de octubre de 2017, Pág. A-13G.

[11] Según EE.UU, narcos abrían logrado poner en el mercado 489 toneladas de coca, El Tiempo, Colombia, 26 de junio de 2018, Pág.1.2.

[12] Francisco de Roux, La vida o la coca. El drama es humano. El Tiempo, Opinión, 26 de octubre de 2017, Pág.1.15.

[13] Tierras, el punto más rezagado de los acuerdo de paz, según estudio de 40 universidades, El Tiempo, Colombia, 29 de junio de 2018, pág.1.3

[14] El cartel de Sinaloa controla desde Colombia la ruta del narcotráfico, El País de Cali, 14 de julio de 2018, Pág.A-4.

[15] En 10 de las 16 comunas de Medellín reverbera la violencia. Enfrentamientos entre bandas recrudece violencia en Medellín, El Tiempo, Colombia, 5 de julio de 2018, Pág.1.5

[16] La compleja búsqueda de Guacho en la zona fronteriza, El País de Cali, 22 de abril, Pág. A8.

[17] En Nariño y en la frontera con Ecuador hay una nueva guerra, El País de Cali, 23 de abril de 2018, Pág.B4.

[18] Cronología de una fumigación fallida, El Espectador, 2 de julio de 2018, Pág. 6.

[19] Ver: Lluvia de coca, séptimo día, Caracol Television, https://noticias.caracoltv.com/septimo-dia, 21 de julio de 2018.

[20] Gobernador de Nariño dice que el glifosato no es la solución, El Tiempo, Colombia, 30 de junio de 2018, pág.1.8

* Economista, magíster en Estudios Políticos y Económicos de la Universidad del Norte, profesor universitario y autor de varios libros, entre ellos: La geopolítica del petróleo y el cambio climático, Universidad de Antioquia, 2010.

 

 

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