La paz bajo amenaza

Por Danilo Contreras Guzmán *

danilo-contrerasEl título de la nota solo mitiga la realidad pues la multitud de líderes sociales asesinados y la abrumadora proliferación de amenazas contra periodistas y defensores de derechos humanos y del proceso de paz, son la evidencia empírica de que un manto tenebroso se ha tendido sobre la sociedad y de que quienes instigan protervos propósito parecen envalentonados.

La expresión del general Leonardo Barrero que María Jimena Dusán denunció en su última columna es simplemente escalofriante. Barrero dijo a la letra: “ustedes que se ufanan de que no hay soldados heridos en el hospital militar… prepárense porque vuelve la guerra“.

Uno que es ciudadano de a pie se pregunta: ¿qué impulsa a un personaje de esta naturaleza a lanzar una advertencia tan irracional? ¿Cómo se explica que el autor de esa intimidación pueda hacer parte de una comisión de empalme del gobierno entrante? ¿Esa expresión corresponde a la iniciativa particular del general retirado o atiende a un propósito articulado y velado?

El asunto no es menor pues una ‘democracia’ como la nuestra que se precia de su estabilidad y la ‘fortaleza’ de sus instituciones, nos ha dejado como trágico legado en los últimos 50 años “8.074.272 de víctimas, 7.134.646 son casos de desplazamiento, 983.033 homicidios, 165.927 desapariciones forzadas, 10.237 torturas y 34.814 secuestros, entre otros hechos“, según datos del gobierno que llega a su ocaso. La sociedad se volvió indolente frente a esta tragedia y entre los más indolentes están, según creo, los habitantes de las grandes ciudades del país que padecieron la guerra, pero desde sus poltronas frente al televisor y control remoto en mano. Un amigo estimado de la niñez me replicó hace unos días cuando le propuse este tema como punto de conversación: “Hermanito, yo paso trabajando y cuando descanso me dedico a vivir mi vida y lo demás me importa un carajo. Es más ni siquiera leo el periódico“. No haré mayores cuestionamientos éticos a esa manera de concebir la existencia, pero es clara, por lo menos, la ausencia de empatía con quienes han padecido la violencia, lo cual da al traste, en últimas, con la vida social.

Duque tiene el reto monumental de encontrar el diminuto punto de equilibrio entre la obligación de cumplir con el programa de gobierno del Centro Democrático que aún considera que el triunfo (por mínimo margen) del No en el plebiscito por la paz implicaba hacer trizas los acuerdos negociados durante los dilatados años de La Habana y hacer regresar a las Farc a la guerra irregular, y el bien superior de mantener la cesación de la conflagración con la que fue la guerrilla más antigua y cruel del hemisferio occidental. Creo que las gentes de buena voluntad, los que votaron y los que no votaron por Duque, esperamos que el mandatario electo pueda encontrar ese punto de ecuanimidad.

Las cosas no pintan fáciles si nos atenemos a la retórica y a los hechos de algunos sectores que apoyaron al presidente. Los pronunciamientos de algunos ministros recién anunciados, los obstáculos perniciosos a la implementación de los compromisos consignados en los acuerdos de paz, la aplanadora parlamentaria en mesas directivas de comisiones de Senado y Cámara, así como el twitter insomne del senador Uribe, acreditan que el espacio de concertación y diálogo será reducido.

De otra arista, ante el radicalismo de algunos sectores afectos al gobierno que inicia, sería deseable una oposición firme pero ponderada, que no le haga el juego a los heraldos del regreso de la guerra. Una oposición que se aplique con inteligencia a construir una política que trascienda la paz con las Farc para que la sociedad y la nación toda haga la paz completa que ha sido postergada por décadas y que necesita, en primer término, proteger los acuerdos del Teatro Colón. Una política construida con argumentos a cambio de ofensas, de reconocimiento a quien piensa diferente a cambio del exterminio del pluralismo. Eso esperamos muchos.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

 

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