Concejo y comunidad piden acciones al Distrito para salvar el Parque del Centenario

Para los voceros de la comunidad que participaron en la sesión convocada por el Concejo de Cartagena para analizar la serie de problemas que evidencia el Parque del Centenario, entre ellos su franco deterioro, es claro que las autoridades deben intervenir de manera inmediata, con acciones concretas, para recuperar el emblemático bien patrimonial.

Y con ellos estuvieron de acuerdo concejales como el presidente del cabildo, Wilson Toncel Ochoa, quien al término de la sesión anunció una proposición “para que el Distrito y los entes pertinentes le respondan a la ciudadanía sobre qué acciones están realizando para solucionar la problemática y denuncias que rodea esta zona“; y Judith Díaz Agámez, para quien es necesario -además – que se solicite un informe detallado sobre la inversión realizada en el 2013. Concretamente, la concejala pidió una relación de los contratos, los informes de interventoría y las garantías de las obras.

Cada uno a su manera, y desde sus propias perspectivas, los dirigentes comunitarios Haroldo Rodríguez, Liliana Urrego, Fernando Almanza, Merly Beltrán, Florencio Flórez, Isabela Restrepo, Falsudy Fontalvo y Dávinson Gaviria expresaron sus inquietudes por el total abandono en que se encuentra el Parque del Centenario, lo cual fue aprovechado para que trabajadoras sexuales y expendedores de drogas, entre otros, se apropiaran del lugar convirtiéndolo en un foco de inseguridad.

Para varios de los participantes, el deplorable estado de la infraestructura del lugar es inconcebible, ya que, como parte del Proyecto de Revitalización del Centro Histórico, en el 2013 se realizó una millonaria inversión sobre cuyos resultados, desde un principio, ha habido serias inquietudes.

La historia de un desaguisado

El 1 de agosto de 2013, El Universal, en su editorial ‘Obras son amores’, conceptuó que “en los últimos diez años, el proyecto urbanístico más importante que se ha ejecutado en la ciudad es la Revitalización del Centro Histórico, que comprende la recuperación y el mejoramiento de las plazas de La Aduana, Joe Arroyo y Benkos Biohó, la remodelación de Puerto Duro (hoy Puerto de Chambacú) y el rescate del Parque del Centenario“.

Para el diario cartagenero, “ninguna otra obra se ha ejecutado en esta ciudad con la misma rigurosidad, transparencia y cuidado, como las que hicieron parte de la Revitalización del Centro Histórico, cuyos resultados y beneficios están a la vista en los espacios de convergencia social que son hoy las plazas recuperadas“.

Refiriéndose al promotor y ejecutor de dichas obras, el arquitecto Alberto Samudio Trayero, El Universal informó que este “trabajó en dos aspectos: uno físico, urbanístico y arquitectónico, y otro sociocultural que proponía programas educativos orientados a que los cartageneros conozcan, aprecien y cuiden el tesoro monumental que tienen” (leer ‘Obras son amores‘).

No obstante, por lo visto, para amplios sectores ciudadanos aún hay mucho por decir sobre el Proyecto de Revitalización del Centro Histórico en general y, particularmente, sobre la calidad de las obras ejecutadas en el Parque del Centenario.

Casualmente, un día después de la publicación de este editorial, la Contraloría Distrital, luego de realizar una serie de visitas a las obras adelantadas en el Parque del Centenario, la Plaza de la Aduana y las plazoletas ‘Benkos Biojó’ y ‘Joe Arroyo’, y tras revisar la ejecución de los respectivos contratos, estableció “un grave detrimento patrimonial en la contratación por cerca de $698 millones y la afectación a la distinción como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad por parte de la Unesco”, por lo cual se abrirá un proceso de responsabilidad fiscal a los servidores públicos que han tenido que ver directa o indirectamente con dichas obras (leer ‘Obras del Centro Histórico, con monumental detrimento‘).

Pero los hallazgos del ente de control fiscal del Distrito en el 2013 no han sido los únicos sobre los cuales se ha alzado la voz en los últimos años. Días después del anuncio de la Contraloría, Mario Salvador Andrade, director de la corporación ‘El Ojo que Grita’, y Reynaldo Tovar Carrasquilla, quien años después habría de fundar la veeduría ciudadana ‘Transparencia Caribe’, revelaron otra serie de supuestas irregularidades, algunas de ellas incontrovertibles por haber sido suficientemente documentadas, sobre las cuales aún no se da dado una clara respuesta (leer ‘La restauración del Centro Histórico, mucho más que un presunto detrimento‘).

Al menos hasta ahora, cuando es posible que el Concejo realice un debate de control que permita saber porqué si el Distrito invirtió en la refacción del Parque del Centenario $5.597 millones, en la de la Plaza de la Aduana $2.917 millones, y en la de las plazoletas Joe Arroyo y Benkos Biohó $6.969 millones, por el deterioro que estos sitios presentan pareciera que gran parte de estos dineros se hubieran evaporado.

Contexto:

 

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