La paz y el guisante

diana-mtz2Por Diana Martínez Berrocal *

El escritor y poeta danés Hans Christian Andersen, famoso por sus cuentos para niños El patito feo, La sirenita y La reina de la nieve (obras que escribió hace 180 años y que hoy han sido adaptados a la gran pantalla por Disney), tiene una fábula titulada ‘La princesa y el guisante’ que narra la historia de una princesa tan delicada, tan fina, tan sutil, que tenía que dormir sobre veinte colchones y veinte edredones porque no soportaba el contacto con el somier, y bastaba que le pusieran un guisante debajo del ultimo colchón para que ella no pudiera pegar el ojo en toda la noche, pues ese mínimo guisante debajo de los veinte colchones le resultaba una tortura insoportable.

Nosotros los colombianos con relación a los acuerdos de paz, estamos en una situación parecida a la de ‘la princesa y el guisante’.

Según el informe presentado por el Centro Nacional de Memoria Histórica, cinco décadas de conflicto armado en Colombia dejaron al menos: 320.000 personas asesinadas, 33.000 desaparecidas, 5.750.000 desplazadas, 2.120 masacres, 34.100 secuestrados, 2.460 víctimas por violencia sexual… lo que a simple vista nos da una idea del horror y el dolor que causó la guerra.

Este 27 de junio se cumplió un año de la dejación de armas de las Farc, y si nos preguntamos si valió o no la pena ese acuerdo, debemos saber que ninguna de esas cifras llegan hoy al 1%.

Pero resulta que aquí las ventajas que tenemos ya no las vemos, en cambio lo único que vemos es lo que nos molesta, lo que nos incomoda (el guisante debajo de los veinte colchones que nos hace insoportable todo lo demás).

Nos incomoda ver a los miembros de las Farc haciendo política pero no vemos cuántas vidas son salvadas por ese acto. Nos molesta ver que aún hay cultivos repletos de coca pero no vemos lo vacío que se encuentran los pabellones del Hospital Militar (antes estaban repletos de soldados mutilados y heridos). Nos incomoda la JEP porque le da beneficios a las Farc a cambio de decir la verdad, pero no vemos que también habría justicia y reparación con los crímenes de Estado cometidos por las Fuerzas Militares, como aquel sistemático fusilamiento de 10 mil jóvenes que hicieron pasar por guerrilleros.

Todos hubiésemos querido un acuerdo de paz perfecto, pero era eso, o continuar padeciendo los horrores de la guerra. Por lo tanto, tenemos la oportunidad de contar una nueva historia de Colombia a partir de la construcción de un postconflicto que nos permita avanzar hacia esa paz que se ve en el horizonte (como aquella utopía de la que hablaba Eduardo Galeano), pues la historia ha demostrado que las guerras pueden destruir o transformar las sociedades. Todo depende en que nos fijamos.

* Abogada especialista en Derecho Público y en Sociología Política.

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