James, en Brasil 2014

juan-c-camilo2Por Juan Camilo Ardila Durante *

Cuando escudriño en los bazares de mi memoria para hallar las primeras relaciones amorosas que he tenido con los mundiales de fútbol, siempre aparece en mi mente el rostro abatido de un extraordinario jugador italiano que había fallado el penalti decisivo en la final de USA-94. Roberto Baggio, enterrando la mirada en el césped del estadio Rose Bowl de Los Ángeles mientras detrás suyo los jugadores brasileños celebraban la obtención de la cuarta copa de Brasil, se convirtió para mí en el símbolo que me permite explicar hoy porqué este bendito deporte y este torneo único y maravilloso consigue reunir a su alrededor a tantas personas desconocidas para ver a selecciones de países que les hacen incluso dudar de sus conocimientos geográficos.

En el Mundial de Fútbol no solo esperamos ver goles bellísimos, regates o brutales equivocaciones que se convertirán en segundos en memes y gifs virales; también queremos ser testigos en vivo y en directo de partidos memorables en los que ‘David vence a Goliat’ porque, apartando a nuestra propia selección, casi siempre apostaremos por el equipo más débil como señal inequívoca de que en el fútbol, a diferencia de lo que sucede por fuera de las canchas, a veces quien tiene menos puede vencer a quien tiene más.

Dime la verdad, querido futbolero, ¿acaso no gritaste el gol que Islandia –un país de escasos 300 mil habitantes – le hizo a la poderosa Argentina de Messi? O, mejor aún, cuando Lozano, el extremo de la selección mexicana, anotó el gol que a la postre sirvió para vencer a la última campeona del mundo: Alemania, ¿no gritaste como si Falcao hubiese anotado un gol en el minuto 90? Y ni hablar de los goles de Corea del Sur que eliminaron a Alemania en la Fase de Grupos, o de los penales con los que ayer Rusia derrotó a la siempre temible España en Octavos de Final.

Pero no sólo se trata de ‘débiles’ y de ‘poderosos’, porque en la final de Estados Unidos con Italia y Brasil como protagonistas, ambas selecciones eran potencias. Va mucho más allá la búsqueda de un racionamiento a lo que nos sucede en cada Mundial. Para quien escribe este artículo lo que más nos apasiona de este torneo que se realiza cada cuatro años es que en cada juego hay un constante asedio de la épica. En el fútbol del día a día casi siempre los héroes son los mismos y por eso Messi y Cristiano acumulan portadas, comerciales y premios individuales todo el tiempo. En un Mundial, como pasó con James Rodríguez hasta Cuartos de Final y con Mario Götze en la final de 2014, surgen los maravillosos héroes inesperados, esos que nos obligan a googlear sus historias de vida y a encariñarnos con ellos como si fueran amigos de toda la vida.

La épica en los mundiales muchas veces no llega a concretarse, y está bien que así sea, pero cuando sucede lo imposible en un momento en que parecía aún más imposible que fuese posible, el delirio es tan grande que pareciera, en ese momento, que todo lo sufrido por el fútbol y la vida misma había valido la pena solo para disfrutar de ese instante perfecto.

La vida es eso que pasa entre Mundial y Mundial”, dijo alguna vez el genial Jorge Valdano. Por eso, mientras finaliza Rusia 2018 y todos volvemos a retomar nuestras vidas, “imaginémonos cosas chingonas”, como le dijo Javier ‘Chicharito’ Hernández a un periodista intentando explicarle que ellos, los valientes jugadores de la selección mexicana, tienen el derecho de soñar con ser campeones del mundo.

Si estamos confiados en que el asedio de la épica ha de continuar, entonces déjenme a mí también soñar con que el martes aparezca un héroe inesperado, un guerrero nacido en algún municipio pobre y desconocido de esta siempre soñadora nación llamada Colombia. Sí, porque en el mundo real, ese que se vive fuera de las canchas, cuando dejas de soñar dejas muy posiblemente de vivir; pero en el fantástico mundo de los mundiales de fútbol, cuando dejas de soñar dejas muy posiblemente de ganar.

 

 

* Comunicador social – periodista, especialista en Periodismo digital.

juancardila@gmail.com

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