Mayorías y pluralismo

Por Danilo Contreras Guzmán *

danilo-contrerasLos ciudadanos solemos tener una opinión razonable respecto de muchos tópicos; René Descartes lo llamó ‘sentido común’. La idea que tenemos de democracia puede ser un ejemplo. Sin embargo, a veces, el sentido común no es suficiente.

Para concebir la democracia acostumbramos acoger, sin crítica, las ideas contenidas en frases de personajes históricos. Es clásica la tesis de Abraham Lincoln en su célebre discurso de Gettysburg al perfilar la democracia como el “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Otra que corresponde al refranero popular es aquella según la cual “la voz del pueblo es la voz de Dios”.

Pero el concepto de democracia va adquiriendo nuevos contenidos con el paso del tiempo y el trabajo de los pensadores. La idea germinal de la democracia moderna puede ubicarse en la preceptiva consagrada en el Artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre de la revolución francesa que enseña que un Estado que No garantice los derechos humanos y No establezca la separación de poderes, carece de Constitución. Esto hace más complejo el remoto ideal ateniense en donde el paradigma democrático era determinado por la decisión de la mayoría del pueblo reunido. Vale decir, modernamente la democracia no se restringe a la garantía de respeto de las decisiones de las mayorías.

Nadie discute que el protagonista de la democracia es el pueblo, pero más allá de esto, es la persona humana el fin último del gobierno popular. Entonces la garantía de respeto a la voluntad mayoritaria del pueblo no podría avasallar las prerrogativas de una persona o de grupos minoritarios caracterizados. He aquí la gran tensión que obliga a una interpretación ponderada de las decisiones que se adoptan en un gobierno contemporáneo.

Luigi Ferrajoli, jurista connotado, nos presenta una sugestiva idea acerca de la democracia moderna y del papel central de los derechos fundamentales en su definición: “los derechos fundamentales, a diferencia de los demás derechos, vienen a configurarse como vínculos sustanciales normativamente impuestos tanto a las decisiones de la mayoría como al libre mercado”, y agrega: “Ninguna mayoría política puede disponer de las libertades y de los derechos fundamentales”.

Un Estado fundamentado en valores como el pluralismo y la dignidad humana implica una redefinición de la regla de las mayorías. Se impone, en consecuencia, una interpretación ponderada de los desarrollos de la sociedad que signifique que sin omitir la voluntad mayoritaria no se desconozcan los derechos de las personas y grupos minoritarios.

El pluralismo que pocos se atreverían a reprobar hoy implica la convivencia de opiniones e ideas disímiles de lo que es una vida buena, siempre que se acuerden mínimos de justicia que hagan posible la vida social.

Un gobierno moderno exige, al tiempo que el cumplimiento del programa ofrecido, un matiz que no desconozca los intereses de los grupos derrotados en la elección. Para ello es menester ponderar y concertar, ambos valores amenazados por quienes no interpretan los cambios que afronta el principio democrático.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial