¿Un cambio solo de cara?

Por Rafael Vergara Navarro *

El 17 de junio del 2018 el paso fue trascendental. Las plurales fuerzas del cambio se cohesionaron y con contundencia expresaron al establecimiento su voluntad y posibilidad de alcanzar el poder. La abstención con un 53% de votantes cedió. El ciudadano votó por la tradición o el cambio que, entre otras, unido en la defensa de los alcances del Acuerdo de Paz y la justicia social irrumpió sólido como nunca. Los modelos de derecha o de izquierda con pasión se expresaron: el 53.93% lo hizo por Iván Duque y el 41.81% por Gustavo Petro. 8.043.189 ciudadanos libres de ataduras frente a 10.373.080 defensores del status quo y sus intereses. Para contener el avance del Estado Social de Derecho, el espíritu conservador induciendo miedo, manipulando, reafirmó la continuidad de las costumbres políticas y económicas. Remember Álvaro Uribe, la seguridad democrática, privatización a ultranza, títulos mineros, el “estado de opinión”.

La otra cara es el indiscutible liderazgo de Petro que sorprendió y en una lucha desigual asustó al sistema por su postura no privatizadora, reformista y no extractivista.

Vale resaltar que Duque aumentó en la segunda vuelta en un 37% los 7.569.693 de la primera y Petro superó en un 65% los 4.851.254, acortando la distancia y mostrando la dimensión y viabilidad del deseo de lo nuevo en la política colombiana.

Para ganar recurrieron al Consejo Gremial, a la clase política tradicional y al clientelismo. El cambio generacional es de caras, garantizaron la continuidad del arcaico modelo generador de desigualdad y violencias.

Hay una nueva geografía política que con el Estatuto de Oposición no podrán ignorar ni evadir porque será una fuerza de oposición organizada –es el reto- que se expresará en un país ideológicamente dividido.

No habrá silencios ante posturas absolutistas, violación de derechos humanos, las fumigaciones y el guerrerismo. Los pesos y contrapesos serán claves en el cumplimiento de las ofertas sociales, la desactivación de las violencias y las posiciones ambientales.

Como líder, Petro agrupó vertientes democráticas que consideran que es hora de ser gobierno y que el Estado tiene que combatir la desigualdad y la corrupción, priorizando la inclusión social sobre el enriquecimiento de las élites y la concentración de la riqueza.

Petro y la alianza –el liderazgo plural – se expresará en el Congreso, en el país y en Bogotá, Barranquilla, Cali, Cartagena, Santa Marta, Sincelejo, Riohacha, Popayán, donde venció. También en Valledupar, Bucaramanga, Montería, Ibagué con alta votación. En las elecciones del 2019 habrá victorias y la cohabitación está cantada.

Sin maquinarias ni dinero ganó en Atlántico, Sucre, Chocó, Valle, Cauca, Nariño, Putumayo y Vaupés.

Si el presidente quiere unirnos tiene que mostrar independencia, buscar el centro, es decir, no expresar el espíritu vengativo y triunfalista de su mentor y quienes le acompañan. La renovación de la política parte, entre otras, de no bloquear la reglamentación de la JEP (Jurisdicción Especial de Paz), clave para dar inicio a la Justicia Transicional.

* Abogado, ambientalista y gestor de Paz

 

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