Por Rafael Vergara Navarro *

El Universal tituló: “No he pecado ni en lo público ni en lo privado”. Son palabras de un candidato que parecen salidas de la boca de un santo. No es una metamorfosis, ni la irrupción de San Quinto –que no lo es – sino la oferta de transparencia de quien liderando a la clase política local aspira a ser alcalde. Guerra Varela, conservador, ungido por Marta Lucía Ramírez, contra viento y marea está posicionado al superar la acusación de inhabilidad, luego de una discutida decisión dividida del Consejo Nacional Electoral – CNE-.

“¡Cosa juzgada!”, ha dicho el ventajoso.

En el CNE los jueces políticos que representan a los partidos evidencian la inseguridad jurídica cuando para beneficiar a los cuestionados de sus partidos vuelven la ley de caucho. Estira para un lado, porque política o económicamente hay relaciones y/o la chequera. Es una coartada de legalidad, entre otras, cuando en materia electoral justifican lo que evidentemente constituye una ventaja sobre los demás aspirantes.

¡Increíble!: elegiremos un alcalde de 18 meses con dos leyes de garantía y un Concejo coadministrador de solo siete miembros y, si gana Quinto, con una estabilización institucional frágil dado que la decisión del CNE es cuestionada por el procurador, que la demandará.

Este hijo de la clase política que se atreve a decir “no he pecado en lo público ni lo privado” ha tenido cargos oficiales, dos veces fue presidente del Concejo y estuvo cuatro periodos en esa desprestigiada corporación. Difícil resulta creerle que pasó por ellos sin romperse ni mancharse y que “no se ha servido del Estado”. Y lo peor es que para tapar la inhabilidad nos eche vainas porque no nos da orgullo que un “hombre del pueblo” fuera asesor del Ministerio de Vivienda y, sutil, recuerde que en su familia hay 44 abogados.

El slogan ‘Ganemos Todos’ evidencia la alianza de las casas políticas electorales afiliadas a los partidos conservador, liberal, de la U, los uribistas, los cristianos de Arrázola, empresarios y financistas que, sin importar consecuencias, se unen con señalados de corrupción y responsables de la crisis que enferma a Cartagena. En ese infierno los santos se queman.

En el carro lleno de maquinaria, clientelismo y el ‘más de lo mismo’, si ganan, todos estarán en el reparto que se aproxima. La presencia de Juan José García, Javier Cáceres, William Montes y Vicente Blel, y la enorme cantidad de dinero en la campaña, confirman lo que vendría.

¿Por qué tal nivel de inversión para 18 meses de ejercicio de un cargo que el próximo año estará de nuevo en disputa? Sí, es claro: la contratación y ganar la próxima elección, pero: ¿qué motiva a quien hace 30 meses aspiró y obtuvo una gran votación a aceptar ser un fusible?

Ojalá la Fiscalía y demás autoridades afinen la escucha y los ojos: el mercado del sufragio torcido hace rato está activado, hay harto dinero, oferta, tradición de compra venta y corrupción del sufragio.

Sin posibilidad de unión de todos ellos, siete candidatos enfrentan al aventajado y competitivo Quinto. Andrés Betancourt, con apoyo de un sector político y trabajada opinión, en medio de dos fuegos, recoge críticas y frutos de la campaña anterior. David Múnera, con respaldo del Polo, el fajardismo y un sector del voto de opinión, representa, al igual que el cristiano Javier Bustillo, conocimiento y anticorrupción. César Anaya, líder comunal, absorbió a Lía Muñoz. Jorge Quintana, denunciante de Manolo Duque, y Armando Córdova, verde, petrista, un joven revelación de la Cartagena profunda.

* Abogado, ambientalista y gestor de Paz

 

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