Los pilares de la transformación

Por Danilo Contreras Guzmán *

“Al fin parió Pabla” reza el adagio popular que da a entender que un hecho largamente esperado es por fin una realidad. Y es así en el caso del decreto No 295 de 16 de febrero por el cual se convocan elecciones atípicas en Cartagena para el día 15 de abril de 2018, con lo cual culminará una oprobiosa interinidad llena de infortunios para la ciudadanía en su conjunto pero de clara complacencia de los clanes políticos de la ciudad.

Lo que es menester ahora es que los candidatos señalen con claridad cuáles son sus propuestas realizables en el breve pero trascendental periodo de gobierno que les tocará en suerte democrática. Para ser franco: poco, muy poco, he escuchado de quienes han puesto su nombre en la palestra.

El año y ocho meses que falta para cumplir el periodo constitucional es evidentemente escaso para lograr una acción de gobierno que logre consolidar un proceso de transformación que saque a la ciudad de la crisis, de manera que no hay lugar a improvisaciones, ni a ‘varillazos’. Se necesitan candidatos y candidatas preparados para afrontar este duro reto, con propuestas claras, líderes capaces de romper, de una vez por todas, las cadenas que han sometido a la mayoría de los cartageneros a los intereses inconfesables de los clanes y las familias que durante décadas se han hecho millonarias a costa de los padecimientos de los ciudadanos.

Los postulados tendrán muchas ideas que proponer, sin embargo, cometeré la osadía de exponer algunos criterios que, en mi prescindible opinión, resultan inaplazables para emprender un camino de cambios.

 Lucha sin tregua contra la pobreza y el hambre

El primer propósito que, entiendo, debe tener la próxima Administración, es la lucha sin tregua contra la pobreza y el hambre. Ese es un imperativo moral y ético que no puede seguir siendo burlado por sucesivas administraciones. Es un lugar común reseñar las cifras que muestran que el 29.1% de la población vive en situación de pobreza, en tanto que el 5.5% de la población vive en indigencia. Hablamos, en este último caso, de unas 55 mil personas. Creo en verdad que la tragedia es mayor y está suavizada por las metodologías del Dane. Lo que viven muchos paisanos en las comunidades más desprotegidas de la ciudad es hambre física y desesperada. Sin embargo, el establecimiento local invisibiliza esta tragedia.

Óscar Vilhenas, autor brasilero, al respecto señala: “la invisibilidad significa aquí que el sufrimiento humano de ciertos segmentos de la sociedad no provoca una reacción moral o política en los más beneficiados ni dispara una respuesta legal adecuada en los funcionarios estatales”.

Pero aterricemos en un par de temas que podrían ayudar a combatir pobreza y hambre.

El PES (Plan de Emergencia Social – Pedro Romero) es la estrategia del Distrito para articular la oferta nacional y local con miras a atender a las comunidades más vulnerables y ayudarlas en el propósito de superar pobreza.

Pese a la alta misión del programa, su último director llegó a declarar a un medio de comunicación, al ser cuestionado por el hecho de que no se le asignaron recursos a dicha dependencia en 2018, que “el presupuesto asignado para 2017 fue de $2.960 millones y que para 2018 no tenían presupuesto asignado, sino que tienen pensado trabajar articulados con otras Secretarías”. Qué inconsecuencia. Qué cinismo.

Esta situación debe ser corregida en los días siguientes a la elección y el programa debe ser, si alguna vez lo fue, una verdadera estrategia para empezar a mitigar la situación de pobreza e indigencia de más de 300 mil cartageneros. Para ello su dirección debe ser entregada a un funcionario o funcionaria con experiencia, conocimiento y capacidad de gestión y eliminar la politiquería de la contratación de su personal.

Otro objetivo estratégico para combatir hambre y pobreza es rescatar el PAE de la malla de usufructuarios que lo explotan e impiden que los alimentos lleguen en cantidad y calidad adecuada a nuestros niños.

No hay canallada más detestable que negociar con la comida de nuestros niños e infortunadamente ese es y ha sido, por años, uno de los principales objetivos de ciertas casas políticas.

El portal Revista Metro ha documentado con suficiencia el modus operandi de estos bandidos. Es así como en nota de noviembre de 2017 se reseña que se trata de los mismos actores y que son las mismas denuncias, con lo cual se ratifica la cita de Vilhenas según la cual la reacción moral y política de la sociedad está enervada, paralizada. No es posible entonces que la gente siga votando por los clanes políticos que siempre son denunciados como los agenciadores del secuestro de los planes de alimentación escolar.

No es posible afrontar los retos del cambio sin transformar la institucionalidad distrital

Las dependencias del Distrito han colapsado frente a los desafíos que les presentan una población creciente, un medio ambiente en cambio vertiginoso y, por supuesto, la corrupción que ha superado toda capacidad de control del Estado local.

Por cuenta de este diagnóstico es el desorden del crecimiento urbano que provoca tragedias como la que ha promovido el grupo delincuencial Quiroz en complicidad con muchas instancias y funcionarios del gobierno.

Pero de igual manera se hace imposible para el Distrito trabajar eficientemente por la superación de la pobreza conforme queda visto arriba con una entidad como el PES; o recuperar los caños y lagos de la ciudad para un transporte acuático que complemente a Transcaribe, pues Edurbe, que es la entidad creada con ese fin, antes de trabajar por mejorar nuestros canales naturale, ha sido actor eficiente de los procesos de cierre de los mismo. Si usted, amable lector, cruza hoy desde Marbella hacia el barrio Torices y mira a la derecha verá que el Caño Juan Angola quedó reducido a nada por cuenta de construcciones de particulares, algunas de ellas en predios que presuntamente ha enajenado Edurbe en ejercicio de su misión.

Las instituciones no funcionan y, si eso es así, obviamente los presupuestos resultan dilapidados.

Desde la administración de la doctora Judith Pinedo se formularon unos estudios tendientes a modernizar la Administración distrital. Sin embargo, ni las sucesivas administraciones, ni nuestro inefable y cómplice Concejo distrital han tenido el sentido de responsabilidad de tramitar proyectos de esta envergadura y profundidad, sin los cuales resulta imposible avanzar. La palanca que mueve el cambio son las instituciones eficientes y eficaces que permitan que el Estado actúe bien.

El ejemplo patético es Edurbe. No es posible, por ejemplo, que una entidad cuestionada, destacada por proyectos siniestrados como aquel de la revitalización de Bazurto y que no ha cumplido su principal misión de recuperar caños y lagos, sea la entidad a la que se entregue uno de los principales proyectos de desarrollo de la ciudad, tal como lo es el Plan maestro de Drenajes Pluviales. Yo no tengo dudas de que ese era un negociado de la Administración Duque, asesorado por José Julián Vásquez. Todo con el aval de cierta casa política local y la complacencia de la junta directiva de Edurbe, en donde muchos personajes del estrato 6 cartagenero se han turnado para pelechar de la contratación directa.

Es preciso que esta y todas las instancias de decisión del distrito sean sometida a un ‘revolcón’ que permita que su labor sea consecuente con el interés general.

Integración regional

Yo he llegado a la conclusión de que Cartagena ha estado de espaldas a las posibilidades que le ofrece su territorio adyacente, siendo que de dicha zona ha dependido en gran medida su desarrollo como metrópoli.

Cartagena debe hacer compatible su avance con el desarrollo de los municipios que la rodean desde los Montes de María hasta los más cercanos de la ecorregión del Dique. Esa efectiva integración le traerá ventajas en materia turística, en el desarrollo de un clúster agrologístico que potencie nuestras ventajas competitivas en materia de producción agropecuaria y de conectividad global por la cercanía de los campos de producción campesina a la gran bahía de Cartagena que es nuestra ventaja al mundo, así como la posibilidad de ampliar el sistema Transcaribe hacia los municipios vecinos de Cartagena. Hoy escasamente Transcaribe llega a la Gobernación de Bolívar por la ausencia de instrumentos como el área metropolitana.

Infortunadamente, mientras el mundo exige integración regional en la ciudad se tramitan proyectos que están llamados al fracaso, como el denominado Mercabastos que se circunscribe al perímetro urbano de la ciudad y está cerrado y trancado por dentro por una alianza pequeña entre unos cuantos comerciantes y exfuncionarios que dañaron la visión de la descentralización del abastecimiento alimentario en la ciudad. Esa no es, ni será, la respuesta apropiada al traslado de Bazurto como han pretendido engañar al Juzgado que hace el seguimiento al cumplimiento del fallo.

El próximo alcalde cuenta con instrumentos como el Área Metropolitana que se encuentra creada pero que le falta el aliciente político del Distrito, los municipios y la Gobernación.

Seguridad, convivencia y una cultura ciudadana de reconocimiento y respeto por el otro

Pese a importantes esfuerzos realizados por la Policía Nacional en el Distrito de Cartagena, los fenómenos de descomposición social y de microtráfico siguen creciendo y generando hechos delincuenciales de impacto que amenazan la tranquilidad de los cartageneros.

Pero la armonía y la contención de la ola delincuencial no se logra solo con represión, que indudablemente es necesaria frente al bandido. Se necesita generar una nueva cultura de respeto entre los ciudadanos, un ambiente de solidaridad que antaño era natural entre nosotros; y espacios para el encuentro. Es preciso reivindicar los valores que consolidan nuestra identidad y nos hacen estar orgullosos de haber nacido en esta noble y universal ciudad.

La Gobernación de Bolívar ha logrado en parte ese propósito en un Departamento que no se reconocía a sí mismo en los valores compartidos y en las metas que nos pueden hacer grandes. Una estrategia de festivales folclóricos ha logrado ese milagro y los pueblos se ven enaltecidos por eventos como el Festival de Jazz de Mompox, el Festimaría en El Carmen de Bolívar, el Festival de Gaitas en San Jacinto o El Festival del Ñame en San Cayetano, corregimiento de San Juan Nepomuceno.

Cartagena logró un fenómeno de cohesión entre los diversos estratos sociales y razas a través de Festival de Música del Caribe. El inolvidable Jorge García Usta documentó con detalle aquellas épocas inolvidables en las cuales Cartagena volvía a ser la capital del Caribe Universal. Cosas como esa son necesarias a fin de encauzar la energía de un pueblo rico en expresiones culturales.

En fin, hay tanto por hacer, pero creo que en mi condición de ciudadano puedo aportar estas ideas como un esquema básico de trabajo.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

 

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