El papel no aguanta todo: necesitamos una Bahía de Cartagena actualizada

Por Bladimir Basabe Sánchez *

La Bahía de Cartagena sí ha estado protegida legalmente en términos ambientales desde hace 40 años: el territorio del Distrito se encuentra dentro del “Área de Manejo Especial de la Bahía de Cartagena y del Canal del Dique” (AMEC), y muchos quizás no lo sabíamos.

Esta figura de manejo, oficializada por Decreto 1741 de agosto de 1978 del Ministerio de Agricultura (cuando aún existía el Inderena como máxima autoridad para la administración de los recursos naturales en el país y que fue remplazado años después por la valiente Parques Nacionales Naturales de Colombia), se creó para proteger el ambiente de la Bahía, corregir y controlar la contaminación existente, y desarrollar modelos de manejo integrado de recursos naturales renovables. Asimismo, existe uno muy particular que tiene doble connotación: la protección de los ecosistemas coralinos de Barú e Islas del Rosario, y la reserva de áreas para su integración en el Sistema de Parques Nacionales Naturales.

Dentro de la realidad actual y contrastado con el texto del Decreto, consideramos necesaria la “legalización en el papel” de los 1,12 km2 totales de extensión que tienen los Corales de Varadero, sin excluir la porción arrecifal del mismo ubicado entre las islas Draga y Abanico, al sur de la Bahía de Cartagena y ubicados frente al corregimiento de Bocachica. Recordemos que Varadero fue redescubierto en el año 2013 y un año después fue reportado para la ciencia mundial por los científicos colombianos Valeria Pizarro, Mateo López-Victoria, Mónica Medina y su equipo de trabajo. Suficiente argumento, junto con una reciente caracterización biológica y ecológica publicada en octubre de 2017, para que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible le brinde un salvavidas eterno a lo que conocemos como el “arrecife heroico”.

Además, la conservación completa de este sistema de corales incluye la actualización del polígono propuesto para el Área Marina Protegida de los Archipiélagos de Nuestra Señora del Rosario y de San Bernardo, actualmente en proceso de consulta previa con las comunidades certificadas por el Ministerio del Interior. Por fortuna, son muchos los ciudadanos, sean nativos, indígenas o de cualquier condición, que saben de la importancia y el valor real que tiene Varadero para su seguridad alimentaria, protección costera y belleza paisajística. Es por esto que sería justo que la “madre de los corales de las islas del Rosario y de San Bernardo”, estuviese también protegida por ley.

Tuvieron que pasar 35 años para que Varadero fuera presentado a la luz pública; menester del Estado el actualizar la normativa del AMEC, sobre todo con las pertinentes alertas de la Procuraduría y la Contraloría que no hubiesen sido necesarias si las cosas se hicieran como debe ser: trabajando por la protección de los recursos y la vida de la especie humana, y no por meros indicadores administrativos; darnos el lujo de esperar a que llegue el último round de la pelea “para saber qué pasa” es algo que como ciudadanos responsables no nos podemos permitir. Parafraseando al procurador delegado para asuntos ambientales, señor Gilberto Blanco Zúñiga: la Bahía de Cartagena es un cuerpo de agua que puede llegar al final de su existencia y convertirse en un cementerio acuático de contaminantes ambientales.

Autoridad legal, de convicción y corazón es lo que exigimos en Cartagena de Indias para poner en cintura a quien contamine y que no se escude en tasas compensatorias para seguir haciéndolo, como si la consciencia ambiental no existiese en ellos. Tenemos a Varadero como una potencial área núcleo de conservación: solo necesitamos que el Invemar realice la prometida caracterización y la rama judicial actúe a favor del interés general junto con las reales y evidentes pruebas de la existencia de los corales heroicos, mucho más valiosas que todos los millones de dólares reinantes en el bolsillo de los privados para un proyecto portuario que aún amenaza su existencia.

Por un AMEC sólido en el papel y recuperado en la realidad.

Adendo: trasladar corales es garantizar su muerte, y no habrá ni Mandrake que los salve. Los corales no son plantas, y cada coral crece de 1 a 1,5 centímetros por año: el derecho de precaución es la clave.

* Psicólogo especialista, docente universitario, ambientalista y director de Salvemos Varadero.

 

 

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