Cartagena para los cartageneros

Por Marlon Márquez Guardo

Recientemente nuestra ciudad se ha visto sumergida en un uróboros de interinidad política, donde los casos de corrupción se han multiplicado a niveles monumentales. Ya la casa de la Aduana se les quedó pequeña, tanto así que se han desplazado a las calles de la ciudad. Se amontonan debajo de los puentes, tapan los caños y ensucian las calles, la gente pasa y los mira con cierto grado de indiferencia, justifican ésta con el hecho de que para eso está una empresa de aseo y por ende no es algo que los afecte, y están los otros que son conscientes que también es su problema y prefieren vivir con la basura a sus pies.

La indiferencia crece cada vez más transformándose en otro problema social, el cartagenero prefiere adaptarse antes que evolucionar. La Costeñita en mano en una esquina se ha vuelto más placentera que el megáfono en boca en la Plaza de la Aduana, ya el 11 de noviembre se está trasformando en otra fiesta más con espuma y comparsa, dejando de ser el día en el que todo un pueblo rugió por su libertad.

Cartagena, la ciudad en la que la mayoría mira “pa’rriba” en pleno sol de las 12 y transitan por la Pedro de Heredia en un sistema que en los últimos meses ha funcionado como Panamá, que comenzó siendo nuestra y ahora un tercero nos las quita. Alucinan con ser ciudadanos, segados por un orgullo de ciudad falso, hambrientos de conciencia pero saciados con codicia y el mercado del día cada cuatro años, aunque últimamente las ‘situaciones’ atípicas son otras de las costumbres de la ciudad.

Sin embargo, se dice que vivimos en la ciudad de la esperanza donde esta es la última que se pierde. Ciudadanos de a pie decidieron utilizarla como lanza y escudo, como los cangrejos de la Cartagena colonial. El activismo se ha tomado toda la sinonimia deliberadamente de la esperanza. Hoy el cartagenero doliente y consciente de su realidad toma la iniciativa de impulsar la ‘cartageneidad’ a través de diferentes expresiones propias del pueblo.

El arte, la música, el periodismo, la escritura, la cocina, todo está gritando ‘champeta’ como pilar de nuestra identidad. El mar de dónde venimos se nos está echando encima para recordarnos de dónde somos y lo que somos. Atender nuestras raíces es una obligación y una deuda para con nuestros libertadores.

Alzar el grito cual palenquera vendiendo sus dulces; decir no más al asedio que está sufriendo nuestra ciudad; alentar, multiplicar, sumar, atraer a más personas que sientan la necesidad de ser ciudadanos y unirlos a la causa es un imperativo de todos, porque aquí no hay un solo líder: aquí hay un pueblo cansado que clama la Cartagena para los cartageneros.

Es hora de que dejemos de ser una especie en vía de extinción. Avivemos nuestra pasión, nuestra cultura, enardezcamos el rojo, el amarillo y el verde en nuestro corazón para que juntos volvamos a encender esa estrella que nos unifica como ciudad, como región y como pueblo. Es hora de volver a revolucionarse, a gritar nuevamente con fe en un 11 de Noviembre que la Heroica es libre del yugo de las cadenas de la corrupción y de la indiferencia de su pueblo.

* Estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar.

1 Comment

  1. Tu tio dice:

    Mientras la clase política esta untada de mermelada y el pueblo de la mismísima escoria , sumergidos en una mar de putrefacción e indiferencia , mientras que los candidatos en sus publicidades esbozan una gran sonrisa no se si de alegría , picardía, sinvergüenzura o burla hacia a sus semejantes .

    La clase política al igual que las grandes teorías administrativas o sociales deben reinventarse ante una sociedad que ahora tiene acceso a la información real de nuestro país y conoce de primera mano la conducta egocentrica y descarada de los dirigentes que por décadas han mantenido a Cartagena en la mas absoluta miseria y como la ciudad mas rezagada de la costa , estos representantes del pueblo no sufren de verguenza.

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