Urge un ecobloque

Por Rafael Vergara Navarro *

Desarrollarnos más sin destrozar nuestro frágil ecosistema de litoral ignorando los riesgos del calentamiento global, el aumento del nivel del mar, la incultura y abusos ciudadanos, exige sin dilación mayor nivel de gobernanza: responsabilidad social e individual, empresarial y gubernamental.

El primer compromiso es el de denunciar y derrotar la corrupción donde exista, desclientelizar y participar con decisión en superarnos, si queremos proteger el bien común, el ambiente y los recursos naturales.

No más el más de lo mismo: la volqueta y su carga asesina que por doquier transita matando manglares,  con ceguera comprada la constante invasión, los rellenos en la bahía, la amenaza a los corales.

Para derrotar la impunidad, revertir impactos y daños acumulativos en las orillas, La Popa y demás cerros, Barú, el capital natural protegido en todo el territorio, tenemos que repensarnos y reorganizar el sector.

Entender que sostenibilidad implica inversión financiera y humana continuada, meter en cintura la incultura multiestrato con un plan gerenciado y metas medibles frente al delito o la contravención ambiental, cambiar las conductas tolerantes o indiferentes.

Requerimos a todo nivel esfuerzo educativo y cultural que apoye el tránsito del egocentrismo al ecocentrismo, el individualismo a la solidaridad, la indiferencia a la participación.

Urge inducir el compromiso colectivo que supere conformismos egoístas y tolerancias cómplices.

Ecocentrismo significa adaptarnos a sistemas armónicos, con valores colaborativos, incluyentes, organizados, equilibrados cuyo fin sean la paz con la naturaleza y la sobrevivencia de las especies.

Tenemos que desaprender indolencias y asumir con seriedad y recursos los riesgos naturales, frenar y reprimir los desbordes depredadores, la impunidad frente a las contravenciones y delitos ecológicos que se cometen a diario.

El caos impera en Cartagena, porque la autoridad es transable, deja saber que ha renunciado a su ejercicio por corrupción, miedos o clientelismo.

El alcalde está obligado a centralizar e incrementar recursos, concertar soluciones con otros entes y obligar a todos a cumplir lineamientos nacionales y las metas ambientales del Plan de Desarrollo, el POT y el Plan 4 C mejorado.

Las zonas protegidas tienen que dejar de ser las más agredidas. La eficacia requerida exige férrea y unificada conducción distrital. Nadie debe actuar como isla.

Así lo ordena la ley 99/93 en su art 65 n°6 y 7 al darle competencia para que el alcalde coordine y dirija con las fuerzas armadas las acciones permanentes de control y vigilancia en toda su jurisdicción, lo que hoy no se hace.

Institucionalice, alcalde, un consejo operativo o Ecobloque, donde cada quien comprometa recursos y rinda cuentas de las acciones reparadoras compartidas.

Romper el círculo de incompetencia exige que se cumplan ley y sentencias; sin sanciones públicas es imposible detener el ritmo depredador y la desobediencia.

Solo los diques sólidos son eficaces para proteger soberanía y derechos colectivos: agua, aire y suelo, el patrimonio natural de todos.

* Abogado, ambientalista y gestor de Paz.

 

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