El derecho a tener derechos: privilegio o utopía

Ana Elvira Gómez

Por Ana Elvira Gómez de Gossaín *

Al referirnos a las mujeres maltratadas, violadas, agredidas, golpeadas o abusadas como víctimas, estamos reduciendo su capacidad de autodeterminación y su derecho a ser sujeto de protección legal y estatal de manera autónoma.

Ellas son las víctimas en la relación del delito: víctima-agresor. Pero socialmente son sobrevivientes, con el inalienable derecho a exigir que se le garanticen sus derechos, un debido proceso y el cumplimiento de las leyes

Si bien es cierto que con las luchas históricas hemos avanzado de cierta manera en el reconocimiento a la igualdad intelectual, democrática y laboral de la mujer, es inconcebible que aún sigamos siendo sujeto de maltrato físico y emocional dándole vigencia a la supremacía del macho primitivo sobre el cuerpo de la hembra.

La relación heterosexual sigue aún funcionando con el concepto implícito de la jerarquía de género, basándose en el temor femenino de ser consideradas diferentes y vivir en soledad. Temor a no ser aceptadas por no querer ser madres, o a no tener acceso a los recursos necesarios para la subsistencia de sus hijos, o a perder la custodia de sus hijos, o el status de la vida en pareja, o a perder su trabajo, o incluso a ser agredidas, maltratadas o abusadas. Ese es el temor femenino, ese es el temor que hay que vencer.

¿Cómo pasar entonces de relaciones no recíprocas, donde es un hecho la superioridad del derecho masculino sobre el cuerpo femenino como objeto, a construir relaciones armónicas entre pares?

La respuesta está en flexibilizar el modelo de mujer perfecta que existe en el imaginario colectivo que nos asume como  objeto sexual o sumisas, delicadas, hacendosas, bellas, prudentes y madre

Estamos ya en deuda con las nuevas generaciones. Es menester atrevernos a valorar mujeres diferentes a las definidas en este esquema; Mujeres valientes, fuertes, independientes y decididas.

Solo con autodeterminación, buscando la fuerza en nuestro corazón, el camino en la educación y el apoyo en la esperanza que nos genera lo que hemos logrado a través de años de lucha, podremos liberar el espíritu y la mente y otorgarnos al mismo tiempo el derecho soberano sobre nuestro cuerpo. Pero, además de nosotras; la familia, la comunidad y el aparato judicial, deben trabajar de la mano para superar esta situación. Perpetuar tales costumbres, implica no solo consecuencias materiales que empobrecen y ponen en peligro la vida de las mujeres y sus hijos, sino a la sociedad misma.

Una sociedad con derechos, es una sociedad donde las mujeres conocen sus derechos y tienen garantía de cumplimiento de las leyes que las protejan y no solo queden escritas en anaqueles o archivos.

Una sociedad con derechos, es una sociedad donde el maltrato a la mujer no se permite bajo ninguna circunstancia y donde la conducta abusiva no trate de ser atenuada o excusada por ningún macho intocable con ínfulas de intelectual a través de su pluma poderosa.

Feliz Navidad y Paz en sus hogares.

* Abogada, directora de la fundación Niñez con Futuro, consultora empresarial, gestora social del departamento de Bolívar 2012-2015. 

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