Un camino hacia el progreso

diana-mtz2Por Diana Martínez Berrocal *

La idea de progreso es una idea que entró de una manera arrolladora en Europa en el siglo XVIII y que sustituía la idea de providencia divina, que para la edad media era como una especie de piloto automático de la historia.

La palabra progreso fue precisamente acuñada por el Marqués de Condorcet, quien fue discípulo de Voltaire y el único de los ilustrados que llegó a ver y a participar de la revolución Francesa, pues era bastante joven.

Como buen volteriano defendió con ahínco los ideales de los ilustrados, por ello, cuando llegó el momento de votar en la asamblea por la decapitación del rey Luis XVI, Condorcet se opuso a esa medida, y esto significó su desgracia.

Su oposición a la pena de muerte del rey lo obligó a huir a Paris. Después de estar cuatro meses prófugo, fue descubierto porque el hambre lo hizo salir de su trinchera para ir a una posada donde pidió que le prepararan una tortilla de catorce huevos, lo cual generó sospecha. Fue detenido y llevado al calabozo donde lo condenaron a morir en la guillotina.

El caso es que en esos cuatro meses que estuvo prófugo y viviendo en condiciones deplorables, Condorcet escribió una obra  titulada “el bosquejo del progreso en el espíritu humano”, donde por primera vez se utiliza la palabra progreso, y allí afirma que “la historia parece que va hacia atrás, que todo es fatal, pero que el espíritu humano siempre avanza hacia la libertad, a la emancipación, a la igualdad”.

Esta es una obra optimista por excelencia, porque estaba escrita en circunstancias bajo las cuales a cualquier persona le era muy fácil pensar que todo iba hacia la barbarie.

Si hoy miramos nuestra realidad: Cartagena la segunda ciudad más pobre de Colombia y la número uno en corrupción, en donde unos mueren de indigestión y otros mueren de hambre, en donde no existe el más mínimo pudor para arrebatarle la ración de alimento a un niño que necesita comer para poder educarse, donde se ha creado una empresa criminal para saquear nuestro erario, donde la titular del principal ente de control fiscal está en la cárcel y le hacen compañía algunos de los que nos representaban en el principal templo de la democracia… la sola idea de hablar de progreso, es realmente obscena.

En palabras de Condorcet, parecería que todo va hacia atrás, que todo es fatal… y evidentemente si así lo pensamos, así será. Tenemos la opción de seguir quejándonos del presente y tener miedo del futuro, (lo cual nos paraliza), o ser conscientes de que la mejora de las cosas no tiene piloto automático, que las cosas mejoran porque las mejoramos nosotros y que esos males reales están acompañados de unas vías de transformación positiva (lo cual nos permite avanzar).

Podrán arrebatarnos todo, pero lo único que jamás nos podrán quitar es la libertad que tenemos de elegir.

Por ello se hace necesario que escojamos a líderes que nos enseñen a soñar colectivamente un mejor futuro, entendiendo por futuro no lo que esperamos sino lo que a partir de hoy estamos construyendo.

Pues solo a partir de allí, comenzará nuestro verdadero camino hacia el progreso.

* Abogada especialista en Derecho Público y en Sociología Política.

Comments are closed.

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial