La maldición de ‘Primero la Gente’

Por Anthony Sampayo Molina *

La corrupción como acto criminal es sin duda alguna una conducta deleznable que afecta de forma general a toda sociedad, una que con una fe inquebrantable confía en la democracia como el modelo de gobierno ideal para lograr un desarrollo no solo como comunidad sino como individuos.

La corrupción no solo acaba económicamente a un país, también destruye la esperanza y genera tal estado de resignación que termina concibiéndose como algo natural que resulta inherente al ser humano, premisa que entra en contradicción con las tesis aristotélicas de la antigüedad cuando se pregonaba que “el hombre es bueno por naturaleza”.

Sin embargo, incluso dentro del desvalor de la corrupción, existen escalas que indiscutiblemente ocasionan que el reproche social en algunos casos sea más severo que en otros, y dentro de esta subcategoría en un nivel fácilmente calificable como ‘los abominables’ se encuentran aquellos actos que de forma directa afectan a los niños pobres de nuestra sociedad. Unos seres que primero que todo no pidieron venir al mundo ni mucho menos pidieron hacerlo en uno donde no se les valora, pero muchísimo menos se les preguntó u optaron libremente por terminar en una ciudad como esta, donde no solo se les abandona sino que adicional a ello se les instrumentaliza para satisfacer la avaricia y ambiciones de personas inescrupulosas incapaces de lograr el éxito sino es a través del delito.

Lo que ocurre en Cartagena con el movimiento denominado irónicamente ‘Primero la Gente’ es vergonzoso y hasta terrorífico; lo que en época de elecciones se vendió como un grupo innovador, consecuente con las necesidades de las personas más necesitadas de la ciudad, que se veía obligado a formar un movimiento por firmas supuestamente para desligarse de la política tradicional a través de una persona “del pueblo”,consiente de sus necesidades y por lo tanto decidido a luchar por el bienestar general, sobre todo el de los más pobres, los cuales decía ser su inspiración y real motivación para llegar al primer puesto del Distrito, ahora es asimilado como un grupo de personas que en realidad se concertaron para saquear lo poco que quedaba de ciudad. Esa es la sensación generalizada en la ciudadanía que, peor aún, es aparejado al sentimiento de indignación en que se haya el estado de zozobra motivado porque ha quedado claro que a pesar de que sus más visibles representantes se hayan privados de su libertad en establecimientos carcelarios, aún subsisten al exterior de esos barrotes secuaces que, como depredadores al acecho, se ubican detrás de los matorrales a esperar la primera oportunidad para saltar sobre su presa y terminar el trabajo iniciado por sus jefes. Así quedó demostrado en el intento fallido de conformar una terna para que el presidente de la República eligiera un alcalde encargado mientras tienen lugar las elecciones atípicas en la ciudad.

Es inconcebible, humillante y tan absurdo lo ocurrido que nos coloca en un limbo de sentimientos donde aparejado a las ganas de llorar se produce risa. Cómo es posible que después de todo lo que viene ocurriendo, como si esta ciudad resistiera un audio más, nuevamente se filtre una grabación donde se pone de manifiesto que desde el interior de una cárcel se sigue planeando la forma de hacerse nuevamente al poder. Por Dios, hasta dónde vamos a llegar. Casi que se acaba por un par de meses en el poder con la reputación y tranquilidad de tres personas que en hora buena decidieron hacerse a un lado y no aceptar la designación que el dignísimo movimiento ‘Primero la Gente’ les había hecho.

Da vergüenza cada vez que en una valla, pendón, en el uniforme de algún funcionario, incluso en una de las tantas camisetas que se acostumbra a regalar en campaña, leer el eslogan de ‘Primero la Gente’. Es como una tortura constante, un recorderis permanente imposible de ignorar de quienes no solo nos tienen en semejante situación sino de quienes aún nos acechan.

Duele profundamente porque indiscutiblemente hubo gente que de buena fe se adhirió a dicho movimiento pensando que los principios que esbozaron a los cuatro vientos eran los que en realidad los motivaba, duele porque conozco personas intachables y muy apreciadas que hacen o hicieron parte de dicho proyecto, pero ya está claro que los utilizaron y ojalá los que aún permanecen logren salir invictos de esta que parece ser una situación que día a día se torna increíblementemásgrave.

Muchísimas personas que no habitan en la ciudad me han preguntado del porqué se llegó a caer tan bajo y de una forma tan descarada y la única respuesta que se me ha ocurrido es que ese chip de la corrupción en Cartagena se haya tan inherentemente vinculado a la psiquis de muchos políticos que resulta imposible de controlar. ¿Y por qué? Pues porque eso no surgió en este último año de gobierno, eso es una práctica sumida en la más profunda impunidad desde hace mucho tiempo, que como se dijo al principio, se concibe ya como algo normal y natural que ni siquiera hay que preocuparse por disimularlo.

Sin duda alguna en estas próximas elecciones el verificar qué tan expuesto ha estado el aspirante al virus local de la corrupción será un punto clave para escoger a nuestro próximo alcalde, y ello lo será porque definitivamente las personas actúan conforme les enseñaron o aprendieron.

Hay que tener en claro que esta ciudad padece de falencias tan inmensas y evidentes que no se requiere un sabio para identificarlas, se requiere de un buen gerente con principios que comience de forma eficiente a atacarlas.

* Abogado Especialista en Derecho Penal y Criminología

 

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