Qué celebramos

diana-mtz2Por Diana Martínez Berrocal *

Las fiestas de Independencia son el encuentro cultural e histórico más importante que tiene Cartagena; aquí hay en juego un conjunto de valores, tradiciones, símbolos y creencias que fundamentan nuestro sentimiento de pertenencia al grupo y que inexorablemente forjan nuestra identidad. Y es precisamente esa relación simbiótica entre identidad y cultura, la que nos lleva a entender que la identidad se construye a partir de la apropiación, por parte de los actores sociales, de esos repertorios culturales.

Por ello, resulta importante que como los cartageneros sepamos qué celebramos, máxime cuando en el imaginario colectivo se cree que aquí lo que se celebra en noviembre es un reinado de belleza, que con toda su parafernalia ha desdibujado el gran hecho histórico que subyace agachado, mimetizado entre canutillos, desfiles, balleneras, bailes de salón y una velada de elección y coronación.

Si los cartageneros fuéramos conscientes de nuestra historia, descubriríamos el júbilo qué significa celebrar por aquellos que se atrevieron a soñar con la libertad y lucharon hasta lograr alcanzarla. Es más, antes de establecerse el 20 de julio como día de la independencia nacional, era el 11 de noviembre la fecha emblemática de la libertad y la emancipación.  Y es que la fecha del 20 de julio no fue tan radical, como sí lo fue la nuestra.  Mientras en Santa Fe gritaban: “Viva el Rey, abajo el mal gobierno”, acá en Cartagena, Pedro Romero y sus valerosos lanceros de Getsemaní fueron hasta el Palacio de Gobierno para presionar a la Junta a que firmara el Acta de Independencia. Ellos gritaban: “Que viva la libertad, que muera la tiranía”; ese no fue un grito parcial, fue un grito radical que nos llevó a la independencia absoluta, convirtiéndonos en la primera provincia totalmente libre de España.

Pero aún hay más: en 1815 los españoles reiniciaron una nueva conquista y el pueblo de Cartagena soportó 105 días de hambre, de abusos, de crueldad, donde murieron más de cinco mil pobladores que prefirieron dar su vida antes de entregarse a los conquistadores. Fue increíble el coraje de nuestra raza, nadie se rindió, y fue precisamente esto lo que le valió a la ciudad el calificativo de ‘La Heroica’.

Así, Cartagena abre y cierra la independencia de los colombianos… ¿habrá entonces mayor valor histórico para que las fiestas de nuestra independencia estén incluidas en el listado de las festividades catalogadas como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, cuyo título hoy ostentan el carnaval de Barranquilla, el carnaval de negros y blancos y las procesiones de semana santa en Popayán, entre otros?

No ha sido falta de méritos, ha sido falta de voluntad. La voluntad de un gobierno incapaz de empoderar nuestras fiestas, que invierte en ellas como si fuese la asignatura de costura. La voluntad de una clase empresarial miope que no asume la responsabilidad social que tiene con el desarrollo humano y que el único patrimonio que les interesa es el suyo. Pero sobre todo la voluntad de un pueblo permisivo, conformista, que se queja de todo pero que ha sido incapaz de mirar hacia adentro y reconocer su propia grandeza.

Es el momento de reafirmar la independencia de nuestras fiestas, de apropiarnos de nuestro legado, de nuestra naturaleza, de recordar de qué que estamos hechos. Nadie nos puede dar el valor que nos merecemos, solo nosotros mismos.

La Cartagena de hoy está sitiada por la corrupción, la desigualdad, la pobreza, y el proceso de revitalización de las fiestas de independencia podría convertirse en una forma de reinventarnos, de encontrarnos en un festejo incluyente, democrático, que nos una, que nos llene de orgullo.

Por dignidad, por justicia, por amor… apelemos al coraje de ese espíritu guerrero para honrar nuestra historia, para demostrarles que valió la pena su lucha y reafirmar una vez más que el pueblo es el actor principal en las grandes transformaciones sociales.

* Abogada especialista en Derecho Público y en Sociología Política.

1 Comment

  1. Luis A. Velasquez dice:

    Creo que es necesario resaltar estos históricos episodios, que hoy en día los jóvenes desconocen.

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