Lluvia de infancia

Por Iván Sanes Pérez *

La lluvia de estos días me ha traído la nostalgia de los tiempos en que el agua del cielo simbolizaba la alegría infantil de salir a la calle a bañarme flamante bajo el torrencial aguacero, jugando con amigos a deslizarme en las baldosas de una terraza, saltar en la calle asfaltada o pararme bajo el bendito chorro de agua que caía de la iglesia de mi barrio mientras el agua alegraba los infantes cuerpos, siendo la única preocupación de mamá el que no fuera a pescar un resfriado.

Esa nostalgia bienhechora no solo trae a mi mente la alegría del pasado sino la realidad del presente, pues hoy, lo que es nostalgia para mí, es angustia para miles de progenitores cartageneros que habitan las inmensas zonas de pobreza del Distrito, pues la lluvia en esas zonas lo que hace es invocar a decenas de pandillas para disputarse a punta de piedras, changones, cuchillos, tiros y maldiciones. Qué tormento que esté lloviendo a la hora en que sus pequeños salen del colegio; qué tormento saber que las 7, 8 o 20 cuadras que separan la escuela de la casa, se convierten en campales batallas bajo la lluvia donde la víctima puede ser un inocente colegial que deambula por el barro, cuadernos en la bolsa, corazón en la garganta, repitiendo la oración aprendida en casa para que el cielo desvíe cualquier posible proyectil que en forma de piedra o de plomo se torne amenazador.

Hoy es placer para mí el olvidarme un rato del posible resfriado e ir con mis hijos a la terraza para jugar bajo la lluvia, pero lo que para mí es placer, es angustia para miles de padres que deben suspender labores para ir corriendo por sus hijos al colegio antes que la primera gota baje de las nubes anunciando la pelea de los jóvenes en riesgo, consumiendo un presente que deviene fantasmagórico, como una realidad alucinante donde lo negativo no solo pulula sino que nos vuelve conformistas, impotentes expectantes que rayan en lo insensible siempre que eso ‘negativo’ no nos toque a nosotros.

¿Cómo cambiar esa realidad? ¿Cómo transformar esta situación que nubla, rompe y corrompe el presente cartagenero, hipotecando con ello su futuro? La respuesta está en medio nuestro: la primera infancia. El camino es por allí, la apuesta es esa: a través de la educación poner énfasis total en la primera infancia, en los pequeños que hoy están creciendo en la otra Cartagena, la que seguro no se torna tan fantástica. Urge enfatizar, centrar y priorizar en la primera infancia y su educación, cubrirlos como lluvia del cielo, pero no como la lluvia actual que les representa angustia, ausentismo y deserción escolar (como el caso de tres hermanitos del sector La Puntilla, que tuvieron que abandonar la escuela porque su casa fue quemada por pandilleros en retaliación contra su padre que salió a defender a un joven que iba a ser atracado bajo el torrencial aguacero), es la lluvia antigua la que requieren esos niños, la lluvia sin preocupación, la lluvia que invitaba a los infantes de antaño a salir en calzoncillos para sonreírle a la vida mientras las nubes mojaban sus cuerpos saltarines con danzas improvisadas en medio del pavimento, la terraza, el barro o el lodazal.

Nos compete a todos: servidores públicos, particulares, iglesia, Estado y corporaciones, la sociedad en pleno, invertir esfuerzos, tiempo, dinero y dedicación a la primera infancia, al futuro que es un presente inminente dentro de una realidad alucinante que nos está comiendo vivos dándole la espalda al porvenir.

Es en la educación con todas las fuerzas vivas, priorizando en la primera infancia la que logrará que nuestros niños vuelvan a salir al aguacero de forma segura. Aún es posible la utopía y yace ella ahí: en la primera infancia, en su educación con el concurso de todos.

* Abogado e ingeniero de sistemas

Twitter: @IvanSanes

 

1 Comment

  1. Eduardo Arellano González dice:

    Es posible hacer lo que mi paisano cartagenero plantea, y apunto un poco más atras. También tenemos que reeducar a los padres de familias de esa niñez emergente, debido a que está condición de abandono, no surgió hoy, hace más de 40 años que Cartagena padece de este atraso y los padres de familia de hoy también merecen ser reeducados y puedan estos ayudar a formar a sus hijos y más tarde nuestra Cartagena querida. Es mi opinión y aporte

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