El sistema de salud: fracturado en su estructura y operación

Por Johana Bueno Álvarez *

La Carta Magna colombiana consagró la Salud como un derecho económico, social y cultural; posteriormente fue reconocido por la Corte Constitucional como derecho fundamental dada la relación de conexidad con el derecho a la vida, integridad personal y dignidad humana.

Nuestro sistema de salud es una muestra adaptada y embellecida de los mejores sistemas de salud a nivel mundial, atribuible a su desempeño actualmente superando a Estados Unidos y Canadá según la Organización Mundial de la Salud – OMS, lo que significa que estructuralmente está bien diseñado pero no es suficiente para garantizar el derecho desde el punto de vista integral.

A nivel global es el primer y único sistema de salud solidario, y ostenta reconocimiento mundial ocupando el tercer puesto entre los mejores sistemas de salud según rankings de la revista americana International Living. Pese a ello, la percepción actual del referente denota todo lo contrario; se podría considerar que la ineficiencia no es atribuible del todo a su estructura, toda vez que las acciones individualizadas y fragmentadas de cada uno de sus actores respecto su operatividad, hacen eco de gran impacto en lo colectivo y de forma amañada o permisiva guarda relación con la interpretación algunas veces erróneas consecuentemente por la falta de sentido común de líderes de los procesos, la poca adherencia a la norma, el desconocimiento de las leyes y la no aceptación del transe a instituciones financieramente autosostenibles productoras de bienes y servicios de salud que responde a  cambios en el  modelo económico, y deben contener los principios de eficiencia, calidad y solidaridad, no obstante pasan desapercibidos desde cualquier enfoque, sumándole la incapacidad de los entes reguladores en la efectiva vigilancia a las funciones asignadas para cada uno de los que integran el sector.

La consideración que ha ganado de los ciudadanos es la de un sistema perverso, y con justa causa; no se debe desconocer que continuamente se hacen reformas para mejorar la dinámica operativa según el aumento de la demanda, nuevas tecnologías en salud, cambios demográficos y epidemiológicos. El trabajo arduo está en cambiar esa cultura fehaciente unívoca que fractura cada día más al sistema y nos acerca al abismo de la desesperanza y pauperización de nuestra calidad de vida.

Para que se vean materializadas las decisiones contenidas en edicto y que disponen la disminución de la carga de enfermedad y aumento de expectativa de vida como valor agregado, urge la simbiosis y aunar esfuerzos con una visión orientada hacia la transformación de las medidas de solución y la posición que debemos adoptar de cara a lograr la evolución positiva y tener la tan anhelada cobertura, equidad y calidad que motivó el nacimiento del nuevo sistema general de seguridad social en salud.

* Médica especialista en Gestión de la Calidad y Auditoría en Salud; vinculada a Comfamiliar-EPS y a la Secretaría de Salud de Bolívar.

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