Cartagena, punto de quiebre

Por Anthony Sampayo Molina *

Históricamente se ha demostrado cómo la humanidad solo saca lo mejor de sí en el momento en que se encuentra tirada al final del abismo, ni siquiera cuando está a punto de desplomar sino cuando a pesar de todas las señales, advertencias y previsiones, se halla al fondo de una crisis donde más bajo no se podría caer. Lo anterior tendría una explicación lógica, y es que a lo largo de la aparatosa y dolorosa caída se va adquiriendo experiencia, experiencia que la capacidad humana puede convertir en la herramienta más eficaz para resurgir y convertir lo que parecería una situación irremediable en motivación para evolucionar. Ninguna sociedad desarrollada ha llegado a ese punto sin pasar por una crisis desesperanzadora que puso a prueba la capacidad de su gente. Tal es la situación de Cartagena.

Si nuestra ciudad no aprovecha esta oportunidad para comenzar a despegar podemos decir tristemente que no tenemos futuro. ¿Puede Cartagena estar en una situación más vergonzosa que la actual? Yo creería que no; creería que no hay algo más bajo, así que el único camino que nos quedaría es hacia arriba; pero, cuidado: todo no es así de fácil y ello por cuanto la situación actual no surge espontáneamente, por el contrario, llegamos a este punto porque ya desde abajo ciertos poderosos personajes durante mucho tiempo han jalado a nuestra sociedad hasta tenerla en este punto, así que, como siempre ocurre en la vida, escalar resulta más difícil que caer.

Durante la experiencia de la caída han quedado en evidencia todas las artimañas de que se valen los corruptos para mantenerse anónimamente en el poder, en un principio lo hacían directamente y últimamente se valen de señuelos que durante la campaña cumplen la función de trivializar el debate y una vez en el poder no son más que títeres que obedecen órdenes ¿Cuál utilizarán en esta ocasión? Ya la ciudad no es fácil de engañar; ya se les conoce, sobre todo sus métodos, así que si regresan al poder no es por error sino por decisión, en cuyo caso seríamos totalmente merecedores de nuestra desgracia.

Esta es la oportunidad para que a través del voto la ciudadanía respalde a aquellas personas que han visto frustrado su deseo de trabajar sincera y honestamente por la ciudad; también es la oportunidad para que personas con dichos deseos, pero cohibidas por las sucias prácticas políticas, se lancen al ruedo y por primera vez en mucho tiempo Cartagena tenga unas elecciones de altura.

La sinceridad y no el populismo será punto clave en estas elecciones, la incredulidad de la ciudadanía exige planteamientos realistas, siendo uno de los más importantes el que el próximo alcalde de ninguna manera va a solucionar en dos años los problemas de esta ciudad. Hay que ser conscientes de que vamos a elegir a un alcalde que debe cumplir una función de transición hacia la normalidad y que debe ser el primero de una secuencia de buenos mandatarios que se hace necesario elegir ininterrumpidamente. Buenos gerentes y servidores con unos principios y un plan común como única fórmula eficaz para sacar a la ciudad de semejante crisis es lo que necesitamos. Esta es otra fórmula clave: un gran acuerdo por Cartagena; necesitamos de continuidad en los planes y estrategias; nada hacemos si cada mandatario que llegue hace borrón y cuenta nueva sobre lo que ya se ha trabajado, condenándonos a vivir en una ciudad que nace y muere con cada elección, la que en el caso de Cartagena ocurre cada año.

Si bien no es el momento de consideraciones partidistas si es necesario superar aquella costumbre de elegir por firmas a los candidatos a través de movimientos moribundos que solo cumplen la función de satisfacer la ambición de unos pocos que quieren repartirse solo entre ellos el botín. Necesitamos un candidato y un alcalde con un respaldo real, asumiendo los riesgos que ello conlleva, pero si algo está claro es que desde la capital se quitan y se ponen alcaldes en Cartagena sin una oposición de peso diferente a simples individuos con intereses económicos particulares que a la hora de la verdad ninguna contención real hacen a las ambiciones capitalistas.

Inteligencia y sentido común, ya sabemos cómo actúan y sabemos quiénes son, por lo general son indiferentes a la política en general y ven en Cartagena como un simple fortín al que hay que saquear ahora de una mejor forma, hay que fijarse muy bien en la persona, en las calidades y capacidades, sobre todo en sus antecedentes y entender que el virus de la corrupción puede filtrarse en cualquier administración y solo alguien íntegro puede hacer frente de forma real ante dicha amenaza.

* Abogado Especialista en Derecho Penal y Criminología

 

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