483 años de tradición funeraria

Por Luis Tarrá Gallego *

Aunque no hay noticias sobre la manera en como los invasores españoles enterraron a sus primeros muertos producto de las refriegas con los aguerridos indios caribes, entre los que figuran nombres famosos como el del cartógrafo Juan de la Cosa, dado de baja por los yurbacos, las primeras noticias sobre entierros cristianos en la antigua Provincia de Cartagena de indias datan de 1534 según señala el historiador y exalcalde Rafael Ballestas Morales.

La historia tuvo inicio, según sus palabras, “en una calle emblemática llamada del Coliseo, en donde funcionó la primera Catedral de Cartagena de Indias, al ser erigida en Obispado con el nombramiento de su primer obispo fray Tomás de Toro, edificada provisionalmente de palma y bahareque cuando aún no se había decidido si la capital de la Provincia se construiría en este lugar”.

Después de esto, según el doctor Ballestas Morales, “como era costumbre en España, de que en las iglesias se hacían inhumaciones, las primeras hechas aquí se hicieron en ese lugar rústico y en su suelo se encuentran enterrados, entre otros, el obispo Toro y el conquistador y fundador de las ciudades de Popayán y Cali Sebastián de Belalcázar, quien falleció aquí cuando se dirigía a España a afrontar un juicio fiscal”.

Tres cementerios

Posteriormente, según el académico de la Historia de Cartagena, “cuando se construyó formalmente la definitiva catedral entre las calles de Santos de Piedra y del Cementerio de la Iglesia, hoy del Arzobispado, comenzaron a realizarse en la parte posterior de este sitio los enterramientos de personas en uno de los tres cementerios coloniales con que contó la ciudad”.

En esos años, según el doctor Ballestas Morales, “había tres cementerios importantes en tres lugares religiosos: La Catedral, San Diego y Santo Domingo, lugar este último en donde monseñor Eugenio Biffi construyó años después unas accesorias que se denominaron ‘Residencias del Obispo’, en el sitio que hoy ocupa el Conjunto residencial Santo Domingo.

Manga

Este camposanto, paradójicamente, según el historiador, “fue el primer cementerio formal de la ciudad y, parece mentira, lo ideó El Pacificador don Pablo Morillo, quien al entrar a la ciudad el 5 de diciembre de 1815 tras 105 días de sitio, encuentra gran cantidad de cadáveres que aumentarían con el paso de los días y para evitar epidemias decide inhumarlos en un sitio diferente a las iglesias y lejano del perímetro amurallado, para lo que escoge la isla de Manga, quedando los patios de las iglesias solo para el entierro de religiosos y personajes preminentes”.

El camposanto de Manga, inicialmente, según el académico, “fue un sitio abierto hasta que idos los españoles en 1821, dos años después comienza a organizarse como cementerio formal, hasta comienzos de la década de los 70s del siglo pasado cuando aparecen los parques cementerios empezando por Jardines de Paz y luego Jardines de Cartagena construidos por la Arquidiócesis de Cartagena e inversionistas particulares respectivamente.

Entierros

“Las ritualidades eran solemnes y se usaban coches tirados por caballos que llevaban el catafalco y la gente acompañaba de a pie el cortejo fúnebre, que por lo regular tenía una última estación en la Boca del Puente o Reloj Público o en el atrio de la iglesia de San Roque, más conocido como altozano, en donde se pronunciaban discursos y se daba la despedida al difunto si era gente normal o en el parque  frente al castillo de San Felipe de Barajas donde se despedía a los personajes ilustres”, asevera el señor Ballestas Morales.

Cruz alta

En una ciudad desigual como Cartagena de Indias el tema de la preminencia social acompañó a las personas hasta su momento postrero. “Por eso los entierros de Cruz Alta que eran los de gente distinguida y más costosos los acompañaban varios sacerdotes y eran presididos por una cruz grande y alta y después fueron acompañados hasta el propio cementerio”.

Sepelios famosos

El sepelio más concurrido de la historia de la ciudad fue el del más grande y controvertido de sus hijos: Rafael Núñez Moledo, quien murió siendo presidente de la República. “Su velación, que duró varios días, se inició en su casa de El Cabrero y posteriormente se trasladó su féretro hasta la iglesia de San Pedro Claver en donde había elevado a sacramento su unión civil con Soledad Román Polanco”, señala.

“De ahí pasó a la Catedral y luego un cortejo fúnebre de casi toda la ciudad lo acompañó desde el centro hasta el cementerio, con una parada en el parque frente al castillo de San Felipe, lugar en el que se colocó el atril de oradores con 27 intervenciones, que debieron ser una tortura para el presidente fallecido”.

De anécdotas sobre este entierro, recuerda el doctor Ballestas Morales, “como Núñez tuvo tantos malquerientes en su ciudad provenientes del Partido Liberal que lo consideraban un traidor, en medio de los discursos y ante la existencia sabida de unos corrales de ganado en las inmediaciones, un anónimo subido en las ruinas de la fortaleza gritó: ‘se salió un toro’, lo que produjo una estampida”.

El otro sepelio famoso, de recordar, según el historiador Ballestas Morales, “fue el del patricio liberal Simón Bossa Pereira, muy concurrido” por la preminencia popular, social y política del fallecido.

Funerarias

El paso de la construcción de catafalcos de carpinteros a funerarias se dio a comienzos del siglo 20 cuando un señor Bernett fundó la primera, que posteriormente traspasó, al hacerse su hijo Raúl Bernett y Córdoba médico y considerar incompatible la existencia de este oficio familiar con la profesión de su vástago.

“El negocio se vendió a los señores Flórez y Lorduy que aún hoy continúan en la actividad y posteriormente otros apellidos como Tache entraron al mercado con establecimientos inicialmente ubicados en inmediaciones del antiguo Hospital Universitario Santa Clara de donde pasaron a Zaragocilla con la inauguración del Hospital Universitario de Cartagena.

De ahí hasta la llegada actual de empresas múltiples de servicios funerarios como Recordar y Los Olivos, entre otras, que entronizaron una nueva manera de los servicios fúnebres en la ciudad.

* Periodista y vicepresidente del sindicato de la salud ANTHOC Bolívar.

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