El reto Pigmalión

diana-mtz2Por Diana Martínez Berrocal *

Si minutos antes de que tu hijo comience a jugar un partido de futbol le dices: “procura correr bien porque siempre te la pasas en el piso”, ten la certeza de que se cumplirá la profecía y ese niño se caerá.

Pero si en lugar de eso le dices: “hijo, disfruta el partido, corre, vuela, tienes alas en los pies y si te caes, no te preocupes, yo estaré aquí por ti”, seguramente ese niño jugará como los dioses.

Como padres, tenemos una responsabilidad ineludible en la manera cómo le hablábamos y cómo tratamos a nuestros hijos. Las palabras tienen un poder inimaginable. Cada día tenemos la opción de castrar sus sueños hablándoles en términos negativos o estimularlos positivamente de manera que nuestras palabras y acciones los empujen hacia sus metas, confiando en esa capacidad infinita que hay dentro de todo ser humano. Esto se conoce como efecto Pigmalión (tu actitud frente al otro determina su resultado) y funciona en cualquier área de nuestras vidas.

Los seres humanos para desarrollarnos necesitamos tres cosas: alimento, oxígeno y agua.  Pero sobre todo, necesitamos caricias. Caricia, entendida no solamente en el contacto de piel con piel, sino también en una mirada, en una mano en el hombro, en una sonrisa, en un aplauso o en cualquier signo de reconocimiento.

El escritor William Faulkner decía: “entre el dolor y la nada, prefiero el dolor”. El sentido de esta frase es, que si por ejemplo, estás en un desierto y tienes mucha sed y lo único que ves es un charco de agua sucia y putrefacta, no dudarás por un segundo de meter tu cabeza en el charco; porque preferimos el agua putrefacta a no tener nada. Por lo tanto, cuando un niño no sabe cómo obtener caricias positivas, hace lo que sea por tener cualquier tipo de caricia (aunque sean negativas), antes que no tener ningún tipo de reconocimiento o de atención.

Es por ello que en medio de esta demanda de afecto, de padres ausentes y de niños imbuidos en la tecnología, se hacen virales retos como el de la ‘ballena  azul’, que no son más que formas desesperadas a través de las cuales los niños reclaman reconocimiento de aquellas personas que aman y que son sus referentes.

Si fuéramos conscientes de ello, la lectura que haríamos de estos juegos dañinos que están llevando cada día a más niños y adolescentes al suicidio, es cuestionarnos sobre la manera como nos estamos relacionando con nuestro entorno. El problema no es la ‘ballena azul’, el problema son las relaciones toxicas, donde la comunicación está basada en un lenguaje despectivo, que maltrata, humilla y descalifica… y que poco a poco se va enquistando en el inconsciente hasta anular la valorización del otro.

Por ello, yo te propongo que hagamos viral ‘El reto Pigmalión’, cuyo desafío consiste en que escribas en una hoja de papel la frase: ‘Las palabras son semilla’ y, debajo de la frase, escribas el nombre de una persona (que ames, aprecies, estimes, o incluso, con quien tengas algunas diferencias), seguido de una cualidad que quieras resaltar de esa persona. Tómate una foto sosteniendo el cartel, etiqueta a la persona que mencionas y publícala en tus redes sociales, con el hashtag #retopigmalion. A su vez, la persona etiquetada debe cumplir el mismo reto, etiquetando a una persona distinta.

La razón del Reto Pigmalión es validar nuestros vínculos con base en una comunicación positiva que nos lleve a redefinirnos desde nuestra grandeza interior y no desde las etiquetas negativas que nos colocaron, para generar así conciencia colectiva de que las palabras son semillas que tienen la enorme capacidad de germinar en mí y en el otro lo que decidamos sembrar.

Si sembramos acciones positivas, cosecharemos mejores seres humanos.

* Abogada especialista en Derecho Público y en Sociología Política.

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