La viga en el ojo ajeno

Por Aníbal Gutiérrez Aguirre *

Paro en Chocó, bloqueos de taxistas en varias ciudades, paro en Buenaventura, paro de educadores, todos en ‘vivo’ por los principales canales de televisión y radioemisoras frente a una audiencia cuya mayoría parece no interesarle, no entender ni apoyar la protesta social que no la toca.

No nos toca la protesta de los venezolanos pero esa sí nos interesa.

Lo comprueba el taxista al que mi hija pide que la lleve al Centro: “Esos %$# maestros tienen bloqueadas todas las vías”, se despacha contra los educadores y se niega a hacer la carrera, cuando unos días atrás eran ellos quienes colapsaban la movilidad de la ciudad protestando contra Uber.

Ciertamente, en ‘vivo’ hemos visto y oído cosas peores: combates, bombardeos, masacres, carro-bombas… nuestro umbral del dolor como colectivo social está en un nivel tan alto que un evento focalizado emitido por nuestros medios como la engañifa de un corrupto o una ciudad indignada por las inequidades del estado apenas nos suscita un ligero interés.

Entonces ¿qué hace que reaccionemos con ira ante un video anónimo en redes sociales de unos policías antidisturbios que arrastran a un joven que protesta contra el gobierno de Maduro y callemos ante el exterminio sistemático de líderes sociales a todo lo largo y ancho de Colombia? La viga en el ojo ajeno.

“Es que allá protestan contra un gobierno autoritario, la corrupción de sus gobernantes y la debacle de la economía. El castro-chavismo es una dictadura”, razona el amigo con quien ocasionalmente debato de manera cordial estos temas.

¿Es la aversión a esa hipotética ‘dictadura’ una razón para que nos interesen más las protestas en Venezuela que las nuestras o los tozudos hechos violentos contra dirigentes populares?

Nada nos obliga a seguir con interés o apoyar un determinado paro o protesta, pero hay algo que sí deberíamos saber aunque sea someramente: en qué contexto se dan y por qué se protesta.

Toda protesta es resistencia a la autoridad y nos compete a todos discernir las fuerzas en conflicto. Hay casos en que la rebeldía soterrada de ambiciones frustradas de quienes aspiran a más puede producir un mayor impacto social negativo a mediano y largo plazo –a veces imperceptible de inmediato-que las pasajeras incomodidades ocasionadas al ocupar calles y plazas quienes exigen abiertamente una mejor educación y asistencia sanitaria, más oportunidades y una reducción de la pobreza.Es por ello que el contexto importa.

“Según la Defensoría del Pueblo en los últimos 12 meses han asesinado en Colombia a 120 dirigentes populares de las comunidades; a esto hay que sumarle 33 atentados y 27 agresiones a líderes y defensores de derechos humanos”, escribió Albeiro Valencia en Eje 21 el pasado 9 de Junio.

Aquí también pasan cosas que a muchos no nos tocan, que tocan a otros colombianos o nos parecen lejanas pero son de preocupante interés y deberían provocarnos asombro e ira tanto como las venezolanas. No hay que mirar sólo en el ojo ajeno.

© Aníbal Gutiérrez Aguirre

anibalgutierrezaguirre@gmail.com

* Empresario, Productor y Locutor de Comerciales

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