La película de Manolo

Por Aníbal Gutiérrez Aguirre *

Pasa en las películas, pasa en la vida real.

En el primer acto de las películas el héroe recibe el llamado a la aventura, bajo la guianza de un mentor cruza el umbral y empieza a enfrentar pruebas que le surten de aliados y enemigos. Para ganar el tesoro y llevarlo a buen puerto, el héroe consolida alianzas y media con sus adversarios. Hasta allí, todo es normalidad.

Al inicio del segundo acto una repentina desgracia sacude a nuestro identificado héroe y todo lo logrado se desploma como el edificio Portales de Blas de Lezo II.

Manolo, nuestro alcalde suspendido anda en “el descenso”, inicio del recrudecimiento del conflicto en la moderna dramaturgia de Vogler (*): la confrontación directa del héroe con sus más grandes miedos, una angustia que se transfiere al público. En este momento nadie piensa en ir al baño o en recoger el resto de crispetas que quedó en el microondas. Todos queremos ver qué va a hacer el héroe, cómo va a salir de ésta, porque la película no alcanza a la mitad.

La tensión está en lo alto y aunque todo parece contravenir a nuestro héroe, sabemos que cuanto Manolo haga para dar feliz término a la aventura del Plan Maestro de Drenajes Pluviales y la defensa costera –un apetecible billonario tesoro, las joyas de su gobierno- nos empujará a dictaminar si la película fue buena o mala.

El inesperado giro dramático del segundo acto de la película desata todas las fuerzas, incluidas las ocultas y las fortuitas, las de los oportunistas. Los obstáculos para que el héroe retome la aventura aumentan; afloran traiciones, dolientes de historias desconocidas pasan factura y se alían con los enemigos de turno en pos del tesoro. Preocupados, los espectadores hacemos malabares mentales y desarrollamos teorías conspirativas para salvar al héroe y/o justificar sus inconvenientes.

Pero el héroe esta imbuído de ese poder especial que le concede su condición: se envalentona, se agranda, no se deja derrotar fácilmente. Esa actitud valoriza más el deseado tesoro e incrementa en sus adversarios la ansiedad por poseerlo, entonces se hacen tan grandes o más grandes que el héroe. Finalmente todo se reduce a un cliché: la lucha entre la inteligencia y la astucia, entre el héroe inteligente y el antagonista astuto, siendo la astucia la inteligencia de los incapaces, de los perdedores.

Falta un trecho largo de la película de Manolo, el más emocionante: es posible que el tesoro caiga en manos de los antagonistas, que el héroe deje jirones de piel en el alambrado de púas para recuperarlo y que tenga que luchar hasta el final de la historia para disfrutar el elixir… la película de siempre. Pero en la vida real como en las películas, una genialidad o una acción externa pueden cambiar el formato de la historia –para bien o para mal del héroe y de la historia misma, un súbitogiroque podría desenlazar un final feliz o dar al traste con lo que creíamos o queríamos como The End.

* El Viaje del Escritor, Christopher Vogler. Redbook Ediciones, 2002.

© Aníbal Gutiérrez Aguirre

anibalgutierrezaguirre@gmail.com

* Empresario, Productor y Locutor de Comerciales

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial