La soledad de Manolo

Por Anthony Sampayo Molina *

En definitiva el estado de soledad no es algo que se combata procurando estar rodeado de gente, ni tampoco, en el contexto político, lo acertado de una actuación es algo que pueda calificarse con base en los aplausos que produce, teniendo en cuenta que muchos de ellos pueden ser de apoyo, de simple protocolo o de total hipocresía. Testimonio de ello ha sido la situación del suspendido alcalde Manolo Duque, el cual en todo evento o circunstancia, por común o difícil que parezca, se muestra acompañado por funcionarios leales que, en una muestra de admirable solidaridad, siempre han salido al paso, pero sin embargo es un hecho evidente que Manolo siempre ha estado solo.

A Manolo lo hicieron alcalde y lo soltaron para que simplemente fuera él, pero nadie le dijo y parece que aún nadie le dice que cuando una persona es elegida en un cargo de elección popular, esa persona es desplazada como individuo por la institución a la que representa, y de esa forma es como Manuel Vicente debe dejar de ser simplemente Manolo para transformarse y actuar como el alcalde distrital de Cartagena. En consecuencia, al no representarse a sí mismo sino a toda una sociedad, sus actuaciones deben estar acordes a la investidura que ostenta y no pensar tanto en qué haría Manolo sino en lo que le conviene más a la ciudad que gobierna. No se trata de cambiar su esencia como ser humano, se trata de anteponer el interés de sus gobernados a su concepción particular del mundo. La pregunta que muchos se hacen es: ¿dónde estuvieron y dónde están los asesores del alcalde? No los de manolo, no los amigos de Manuel Vicente ni sus empleados, sino aquellos cuya función es proteger, ayudar y guiar al alcalde como institución. Esta dualidad es importante tenerla siempre presente por el bien del funcionario, porque si bien es cierto que en el ejercicio de la política la institución desplaza a la persona, las consecuencias de las actuaciones las sufre es la persona y en menor proporción las instituciones, las cuales están protegidas y resguardadas por los procedimientos legales instituidos.

Flaco favor le hacen a Manolo aquellos que pretenden justificarles todos y cada uno de sus errores, siendo el último de ellos su presencia en una cumbre de alcaldes estando suspendido y teniendo la ciudad ya un alcalde encargado. Por si fuera poco, se ubica al lado del alcalde de Medellín, uno de los más populares y mediáticos del país, en una cumbre donde intervendrían, además de la Fiscalía, los distintos organismos de control, entre ellos el propio procurador General de la Nación, el representante de la entidad que ordenó su suspensión. ¡Por Dios!, no se sabe que resulta peor, el acto de presentarse en el evento o la justificación que le pretenden dar al hecho, aduciendo campantemente que Manolo simplemente iba pasando por ahí, por Valledupar, y estaba ese día casualmente en otro evento y simplemente entró a saludar, y se sentó en el único puesto que había en la mesa principal con la bandera de la ciudad al frente. Digamos que todo eso es cierto, pero eso no responde la pregunta: ¿qué tiene que ir a hacer Manolo en un evento de alcaldes estando suspendido? Ahora resulta que el malo del paseo es el procurador porque muestra “animadversión hacia el alcalde” como dijo uno de sus eternos defensores; incluso algunos agradecen el acto porque ahora el docto Fernando Carrillo tendría que declararse impedido… ¡por Dios! La política y la vida pública son de imágenes, de momentos, de fotos, de apariencias; ¿en verdad algunos pretendían que el procurador y la opinión pública hicieran caso omiso a la presencia como alcalde de una persona que está suspendido de su cargo luego de la muerte de veintiuna personas? Si queremos ayudar el alcalde, definitivamente esta no es la forma.

Es inevitable retroceder en el tiempo y traer a la mente lo vivido en la época del fallecido Campo Elías Terán, quien pasó por algo similar que fue el origen de una inestabilidad gubernamental que le da a Cartagena el lamentable récord de haber tenido ocho alcaldes en cinco años; con algunas diferencias, siendo la principal que por el estado de salud del entonces burgomaestre este no contaba con la posibilidad ni la fuerza para defenderse, lo que sí ha podido pero parece no haber querido hacer Manolo. Y para aquellos indignados que creen que la muerte de 21 personas en el desplome de un edificio no es motivo suficiente para la suspensión de un alcalde, recordemos que a Campo lo suspende la Contraloría por unas planillas de seguridad social que de forma irregular presentó un contratista. ¿Qué significa lo anterior? Significa que con Cartagena no hay contemplación alguna, contemplación que en su momento tampoco tuvo Manolo con el que fue su compañero de trabajo por largos años y que para entonces agonizaba.

Sin embargo así es el juego político: la Contraloría archivó finalmente el proceso contra Campo y Manolo en su momento simplemente ejercía su rol como periodista que era, pero dicha remembranza sí resulta útil para hacer entender, con pruebas, que la alcaldía de Cartagena siempre está bajo una amenaza latente por la inmensidad de falencias cultivadas por años y que, por lo tanto, toca ejercer el cargo con mayor sigilo y precaución. Ayuden a Manolo, no justificándole sus actuaciones indiscutiblemente desacertadas sino asesorándolo para que salga lo mejor librado posible de esta lucha que hoy enfrenta.

* Abogado Especialista en Derecho Penal y Criminología

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