¿Murió el proceso de paz?

Por Anthony Sampayo Molina *

¡Absolutamente No! Esta idea dramática, junto con otras, motivada por el acertado y lógico fallo de la Corte Constitucional sobre el procedimiento del fast track, generó en el país una alarma entre aquellos que desde el principio vienen apoyando a ultranza el proceso de paz con las Farc.

Posiciones extremistas como esta, apalancada por la demagogia política, disparada incluso desde el seno de la insurgencia, no es más que la reiteración de la ya conocida estrategia de acudir al dramatismo y a la tragedia para incentivar emociones en la sociedad que le impidan analizar a fondo la situación, una que al mismo tiempo, sirve como bálsamo para continuar atropellando la voluntad del pueblo, mientras se escudan tras la comprensible sensación de miedo.

Pues el desafortunado fast track no ha muerto y mucho menos lo ha hecho el proceso de paz, hay que ser justos y poner en sus reales proporciones lo ocurrido. Lo que la Corte Constitucional hizo, aunque simbólicamente resulte sumamente significativo, es en la práctica ineficiente para los propósitos de aquellos que acompañan y pretenden defender la voluntad que el pueblo consignó soberanamente en el plebiscito de 2016. Nuestro máximo tribunal constitucional a través de su decisión logró atenuar la función que como simples notarios se le había asignado al Congreso de la República, estableciendo que este cuerpo legislativo no solo sí podía hacer modificaciones a los acuerdos sino que, además, dichas medicaciones no requerían para su validez el aval del gobierno.

Aunque es inevitable que surja cierta satisfacción ante las palabras de la Corte, lo cierto es que las mismas están lejos de producir un efecto práctico, por la sencilla razón de que las mayorías en el Congreso alrededor del tema no solo están creadas sino que han mostrado, a excepción, en algunas ocasiones, por parte de Cambio Radical, una complacencia absoluta con esa función pasiva asignada en el trámite legislativo. Por esta razón, resulta totalmente improbable que aquellos rechazos manifestados por el pueblo con el triunfo del ‘No’ puedan finalmente ser introducidos por el Congreso, a pesar de ser estos, supuestamente, los representantes de ese pueblo.

Pero entonces, ¿qué importancia tiene el fallo en comento? Pues para la historia mucha. Y aunque los reyes de la demagogia lo utilizarán también para imprimirle una falsa legitimidad a lo que obviamente el Congreso terminará aprobando, lo cierto es que es otra prueba más de lo atropellado e ilegitimo que ha resultado este proceso.

De manera preocupante, el tiempo ha venido haciendo realidad lo que supuestamente eran “mentiras e inventos”, inquietudes e inconformismos planteadas así desde el principio por un país que siempre ha estado abierto a la paz pero no de la forma injusta como se ha hecho. Esto apenas comienza y ya se siente incluso en los del Sí cierta insatisfacción por lo que ha venido ocurriendo y lo que se ha descubierto. Excelente que ya no retumben los fusiles en el campo, pero recordemos que a un país no solo se le mata con balas, también se le mata con la polarización y por ejercer la autoridad a espaldas del pueblo que los eligió.

Se vienen unas elecciones legislativas y presidenciales y nadie puede estar seguro de lo que va a pasar, una incertidumbre que justamente surge ante el temor de que el pueblo comience, una vez le den la inevitable oportunidad de manifestarse nuevamente en las urnas, a pasar la cuenta de cobro por todo lo que se le ha venido haciendo sin darle el reconocimiento que merece.

* Abogado Especialista en Derecho Penal y Criminología

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