La democracia y sus enemigos

danilo-contrerasPor Danilo Contreras Guzmán *

La historia de la democracia ha sido dilatada, azarosa y sus momentos de esplendor en verdad escasos, a pesar que muchos, legítimamente o por engañar, han invocado su nombre a través del tiempo.

Hace poco he encontrado una tesis sugestiva expuesta por Karl Popper en su obra “La sociedad abierta y sus enemigos”. El autor denuncia la filosofía platónica como “el ataque más salvaje que haya visto la historia contra las ideas liberales”, pues, según dice, el programa agitado por Platón significa identificar la justicia “con el principio del gobierno de clase y de los privilegios de clase” de modo que el Estado “es justo si gobierna el gobernante, el trabajador trabaja y el esclavo obedece”.

En contraposición a ese partido, Popper propone a Pericles, quien precede a Platón como precursor de las ideas democráticas. Al respecto dice: “También vio esa generación al gran rector de la democracia, a Pericles, que formuló los principios de la igualdad ante la ley y del individualismo político”, hace ya más 25 siglos.

Según Popper, en la Grecia de Pericles se produce la más profunda revolución de la humanidad: “la invención de la discusión crítica y, en consecuencia, del pensamiento libre de obsesiones mágicas”, esto es, pensamiento libre de superstición o fanatismo.

Más que dos milenios transcurrieron para que la humanidad renovara sus votos por la democracia en crisol de la revolución francesa, solo para entregar sus altos ideales a merced de la ambición napoleónica.

No pocos expertos citan aún el texto del artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789 por considerar que allí se sintetiza con nitidez el paradigma moderno de la democracia. La norma reza: “Una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene Constitución”.

Sin embargo, la era de la ilustración se ensombreció, décadas más tarde, por las grandes conflagraciones del siglo XX que mostraron la oprobiosa crueldad de los totalitarismos, sin distinguir que sus etiquetas correspondieran a la derecha o la izquierda ideológica. Nuevamente, como en los albores de la civilización, la superstición y el fanatismo abonado alrededor de supuestos caudillos, opacaron “la discusión critica” que constituyó la profunda revolución humanística que destacó Popper en su obra.

Como reacción a las atrocidades fascistas, se promulgaron las constituciones alemana e italiana de la segunda posguerra que fueron expresión de las nuevas teorías del constitucionalismo que certificaron a la democracia y los derechos humanos como el núcleo del Estado constitucional.

Pero los tiempos que corren anuncian nuevas tiranías. Populistas de izquierda y derecha pugnan por prevalecer con menoscabo de la democracia. Sin embargo el profundo valor moral inspirado en el pensamiento crítico sigue dispuesto, quizás, para esta nueva batalla. Para ello es preciso, en primer término, desconfiar de todo aquel que se proclama único depositario de la verdad.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

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