El Sermón de las Siete Palabras

Primera palabra: Muy en concordancia con los preceptos del ideólogo alemán Joseph Göbbels, en vísperas del plebiscito para avalar el Acuerdo de Paz varios líderes políticos y religiosos se dieron a la tarea de repetir mentiras hasta el infinito, convencidos de que muchas terminarían siendo verdades en amplios sectores de la población. Para ellos, lo que estaba y sigue estando en juego, y por eso insisten en reiterar las mismas falsedades, son los privilegios alcanzados a costa de asesinatos, desplazamientos, compra de conciencias y todo tipo de ataques a periodistas, magistrados y opositores. Sin embargo, muchos otros repiten como loros las mismas mentiras, obcecadamente, en defensa de unos intereses que visiblemente están muy lejos de ser los de ellos. «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lucas 23,34).

Segunda palabra: En Cartagena, por los fenómenos sociales, políticos y comunicacionales que signaron la elección de los últimos tres mandatarios, la campaña por la Alcaldía comienza cada vez más temprano. Y como el proselitismo electoral no se aviva solo con palmaditas en los hombros sino -además – con plata constante y sonante, el ofrecimiento de puestos y contratos y la promesa de beneficios futuros “cuando yo esté en el mando, compa”, lo uno y lo otro son desde ya el pan de cada día en la Ciudad Heroica. Por ello pocos se sorprenden de que, en su afán por mostrarse como alternativas para suceder a Manolo Duque en el primer cargo distrital, varios individuos anden desde ya ofreciendo ‘el oro y el moro’. «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23,43).

Tercera palabra: De acuerdo con un reciente informe del Departamento Nacional de Planeación, “la pobreza monetaria de Cartagena es la segunda más alta entre las principales ciudades del país”. Comparada con estas “y el promedio de las 23 ciudades y áreas metropolitanas, Cartagena tiene mayores tasas de informalidad y desempleo”, revela el estudio del ente oficial. Justamente, atraídos por un programa de gobierno que propuso “disminuir la desigualdad (…) y promover crecimiento económico teniendo como punto de partida al ser humano, ¡a la gente!”, muchos de los pobres de la capital de Bolívar votaron por Manolo Duque; y más de un año y tres meses después de su posesión y menos de dos años y nueve de que culmine su mandato, muchas de las expectativas de la ciudadanía giran alrededor de ese propósito. «Mujer, ahí tienes a tu hijo; hijo, ahí tienes a tu madre» (Juan 19,26 s.).

Cuarta palabra: Desde hace mucho tiempo, durante sus ocho años de gobierno y en lo que va de su permanencia en el Congreso como senador de su partido Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez ha gozado del denominado ‘efecto teflón’: una extensa serie de actos de corrupción protagonizados por personajes de su círculo más cercano, por estar debidamente documentados, ha llevado a la condena de estos por parte de la Justicia, pero a él no lo ha afectado en lo absoluto. Aunque el único beneficiario de las irregularidades cometidas por sus subalternos ha sido él, aún medio país está convencido de que todo sucedió a sus espaldas o, peor aún, muchos creen que tales hechos no sucedieron. Pero, en los últimos días, poco a poco, el revestimiento del teflón ha venido perdiendo sus efectos. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mateo 27,46).

Quinta palabra: Dicen quienes conocen la manera de ejercer la política en Cartagena que uno de sus vicios más arraigados ha sido que, en cumplimiento de una regla no escrita que tiene pocas excepciones, por cada una de las medidas que deban tomarse los interesados tienen que pagar una suma proporcional a los beneficios que impliquen. Y aseguran que, como se trata de una práctica tan generalizada, hasta para poner un visto bueno algunos funcionarios exigen su ‘partecita’. Por ello -advierten también – un sector de la comunidad tiene puesta una lupa sobre los nueve miembros de la Junta Administradora Local de la Localidad Histórica y de Caribe Norte. La razón -señalan sin mayores detalles – es que estos deberán conformar, de entre 12 aspirantes, una terna para que sea escogido el nuevo alcalde de la Localidad. «Tengo sed» (Juan 19,28).

Sexta palabra: Durante la pasada campaña a la Alcaldía de Cartagena, varios dignatarios de partidos y movimientos no tradicionales, así como figuras con cierta representatividad en unos grupos representativos de ciudadanos, a pesar de estar obligados a votar por los candidatos que sus colectividades avalaban lo hicieron por quien consideraban que era un candidato imperdible. Y, en efecto, “no perdieron sus votos”, como confesó, orondo, uno de ellos. Pero lo que no sabían es que jamás se ganaron la confianza de los ‘nuevos amigos’ con quienes negociaron su ‘cambiazo’ de última hora. Por ello, hasta hace poco estuvieron a la espera de la ‘ayudita’ burocrática o contractual que aspiraban a tener. Hoy, conscientes de haber ‘tacado burro’, promueven desde distintos escenarios la revocatoria del mandato del alcalde por quien votaron. «Todo está consumado» (Juan 19,30).

Séptima palabra: Antes de vencerse el plazo establecido en el calendario electoral, varios funcionarios renunciaron a los cargos que ocupaban en distintas esferas estatales con el fin de no inhabilitarse en sus pretensiones de ser -al menos – avalados como candidatos al Senado de la República o a la Cámara de Representantes. En la mayoría de los casos son personas que, por sus cercanías con quienes fueron sus jefes administrativos y con destacados ‘financistas’ o dirigentes políticos de la región, cuentan (o contaban) con sus decididos respaldos, y por ello dan (o daban) por hecho sus candidaturas. Pero en algunos casos el esperado apoyo resultó ser una mera ilusión. Una expectativa sin fundamento. Un autoengaño. «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23,46).

Otros sermones:

– El Sermón de las 7 palabras – I

– El Sermón de las 7 palabras – II

– El Sermón de las 7 palabras – III

– El Sermón de las 7 palabras – IV

– El Sermón de ls 7 palabras – V

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