Contra el Constitucionalismo

danilo-contrerasPor Danilo Contreras Guzmán *

En una conferencia magistral, como todas las suyas, Carlos Gaviria Díaz (q.e.p.d.) decía que es un viejo hábito colombiano elaborar texto jurídicos impecables, que demuestran el progreso de nuestra cultura jurídica, pero eso sí, que nadie se atreva a aplicarlos en realidad. Pese a ello el maestro reconocía que la Constitución del 91 nos introdujo en las teorías del Constitucionalismo europeo que significaron el derrumbamiento definitivo de los fascismos y nacionalismos que asolaron el siglo XX.

Esos esquemas totalitarios surgieron a la sombra de la democracia y del racionalismo impuesto como “respeto a la Ley”. La expresión radical de esto se resume en lo dicho por Eichmann a sus jueces en Jerusalem: “Cumplía con mi deber, no solo obedecía órdenes, sino que también obedecía la Ley” al enviar a miles de judíos a la muerte.

El Constitucionalismo que encuentra raíz en las constituciones de Alemania, Italia y España de la posguerra desechó el radical apego a la Ley para reivindicar que la interpretación de las normas debe perseguir la realización de los derechos fundamentales. Así las cosas cualquier vulneración de esos valores inherentes a la democracia, puede ser corregida por cortes independientes que vieron luz en los ordenamientos superiores promulgados en los países referidos.

Esto implica, quizás, que la existencia de una Corte Constitucional independiente está en el núcleo del Constitucionalismo moderno.

En nuestro caso no queda duda de que la Corte Constitucional ha significado un avance invaluable en el proceso histórico de construcción de la democracia, en tanto que dicha institución ha dado contenido jurisprudencial a los principios que caracterizan esta fórmula de gobierno. En términos del profesor Manuel Quinche, la Constitución es ahora norma a disposición del ciudadano común para resolver pleitos, y la Corte Constitucional ha sido garante de esa posibilidad como tribunal de revisión de tutelas.

Abundantes son los fallos de la Corte que se han erigido en paradigmas de la defensa de la democracia, por lo menos formal, que aún nos rige; pero entre ellos vale citar la Sentencia C – 141 de 2010, con ponencia del magistrado cartagenero Humberto Sierra Porto, que proscribió la segunda reelección presidencial entendiendo que aquello implicaba la alteración del sistema de pesos y contrapesos que caracteriza nuestro ordenamiento, considerando el poder nominador del presidente y la sustitución del principio de alternación en el poder, además de que una decisión tal solo favorecería a una persona en Colombia, esto es, quien a la sazón ya había sido reelecto.

Pues bien, es justamente el senador Uribe quien agita la idea de unificar las cortes, lo cual sería un golpe fulminante al Tribunal Constitucional y todo lo que este ha significado. Pero además ha dejado claro el senador que por esa vía se modificaría la Jurisdicción Especial para la Paz, fundamento esencial de los acuerdos de paz, con lo cual revela su verdadero y pugnaz propósito. Luego -entonces – hay mucho en juego en esa propuesta.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

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