Uribismo vs. Vargasllerismo

Por José Núñez Aldana *

Tanto el Uribismo como el Vargasllerismo, como lo puede apreciar cualquier ciudadano solo leyendo la prensa y escuchando las noticias radiales y televisivas, son dos vertientes políticas sinónimos de corrupción. Pero no una corrupción oculta, silenciosa, sino -por el contrario – abierta, descarada, atrevida, arribista, amenazadora, intimidante y, lo más grave, que se cree y ha sido en la práctica todopoderosa.

La mayoría de los ministros de Uribe Vélez están presos o huyendo de la Justicia, y los ministeriales de Vargas Lleras van por el mismo camino. Con sutiles diferencias a muchos de los miembros de uno u otro bando, además de delitos asociados a la corrupción, se les acusa de asesinatos.

Ante este escenario político, plagado de corruptos que manejan desde los microproyectos municipales hasta los macroproyectos del Estado nacional, los ciudadanos debemos preocuparnos seriamente y reaccionar con determinación y firmeza.

Ante ese estado de cosas, la reacción debe ser pacífica pero contundente. Es un objetivo que podría lograrse sin referendos, sin ‘otra papeleta’, sin recolección de firmas. Se lograría, sencillamente, con solo cinco minutos de nuestro tiempo, así de sencillo: es el tiempo que gastaríamos en promedio el día de las elecciones mientras entramos al puesto de votación y depositamos nuestro voto a favor de candidatos decentes, comprometidos, preparados para el bien y dispuestos a orientar el desarrollo de nuestro país en beneficio de los intereses colectivos.

En las últimas elecciones presidenciales, Juan Manuel Santos fue elegido con solo el 23.70% de las cédulas habilitadas para votar, mientras que el candidato Óscar Iván Zuluaga obtuvo el 20.94% de los votos. ¿Dónde estaba el 55.36% restante, es decir, las mayorías? Pues sencillo: estaban decepcionados de la clase política, seguramente, pero en sus casas, de paseo, en las playas, tal vez despotricando de la situación pero no actuando como debe ser.

Está claro que las minorías que vienen decidiendo la suerte del país son inamovibles; las maquinarias tienen suficiente combustible para mantenerlas activas. Por lo tanto, esa gran mayoría que no despierta es la que tiene que reflexionar y salir a decidir la suerte del futuro de nuestra sociedad mediante un voto con Compromiso Social.

* Contador público, analista financiero.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial