Carta de joven provocadora de paz

 

Apreciados amigos y amigas, muy buenas tardes. Es para mí un honor regresar a esta hermosa tierra, a la región que me vio nacer, al lugar en donde crecí, a la tierra que llevo en mi corazón. Es para mí también un orgullo pertenecer al Carmen de Bolívar, vereda Camaroncito, pero más que eso, es un orgullo volver en esta ocasión para exponer ante ustedes algo que a todos nos compete, para hablar de algo que nos envuelve en el hermoso vivir de la armonía, para hablar de paz.

Actualmente, este es uno de los temas más importantes en el país, pero más que una moda o tendencia política, es una etapa de suma importancia en la que todos y todas tenemos la oportunidad y, más aún, la responsabilidad de trabajar y aportar en su construcción.

En lo personal, considero que la paz es  la oportunidad de edificarnos como país, como pueblo, como alta montaña y como personas; es la ocasión para despojarnos de la cultura de la violencia y de la guerra que nos han marcado por tantos años y edificar las bases de un mejor mañana.

Como mujer y como joven creo y le apuesto a la paz, y lo hago con convicción porque creo también que esta, sin duda alguna, nos abre puertas de esperanza y reconciliación, porque ésta paz se convierte en oportunidades de crecimiento y fortalecimiento social. Porque esta paz nos invita al reconocimiento del otro y la otra como mis hermanos y, aceptando y asumiendo los errores, nos insta al diálogo y a la reconciliación; algo que sin duda alguna, reafirma nuestros valores y principios como personas, como seres iguales.

Creo firmemente que la paz debe trascender nuestra cultura, de manera que, todos aquellos que han hecho de la guerra algo normal y cotidiano, puedan junto con nosotros edificar una cultura de paz y perdón.

Debemos pensar la paz como una manera de educarnos, sostenerla como la mediadora entre cada conflicto, tomando conciencia de que mucho antes de usar la violencia o el maltrato al otro, podemos usar el diálogo como herramienta fundamental para transformar esos conflictos en oportunidades para conocer, entender y valorar a nuestros hermanos.

En este sentido, la primera población que debería comprometerse con la paz, somos nosotros los jóvenes, los jóvenes de la alta montaña, y no porque seamos el futuro del país, sino porque somos el presente. Porque hemos sido nosotros quienes hemos carecido de oportunidades de educación, de trabajo y de vida digna. Porque hemos sido la generación que ha parecido por una guerra absurda, que tal vez ni entendemos bien por qué se dio, pero que sí hemos sido partícipes sufrientes de sus consecuencias.

Es por eso que como jóvenes tenemos un compromiso, una nueva historia por escribir en las páginas de la memoria del pueblo Colombiano; por esa misma razón invito a todos los presentes hoy aquí, a todos los que estamos apostando a la construcción de un país diferente, a no desmayar en esta ardua lucha, sino que por el contrario, cada uno, desde su espacio aporte a la construcción de nuestra paz, para que esta sea estable y duradera. Invito a cada uno a escribir un legado para que nuestros hijos y nietos en el futuro sepan que fuimos la generación que le apostó al cambio, que creímos y nos esforzamos en la posibilidad de crear un país diferente y que obtuvimos el premio a nuestro esfuerzo.

Que la paz no sea sólo un discurso, sino que la construyamos desde nuestra cotidianidad, en nuestro día a día, en cada interacción con aquellos que nos rodean, generando cada momento transformaciones significativas para la sociedad. Convenzamos a aquellos que aún no creen que vivir en paz sea posible, pero hablemos no sólo con argumentos, sino con algo mucho más contundente: una actitud de perdón, de amor y reconciliación. No esperemos que la paz venga a nosotros, más bien, edifiquémosla en nuestro interior, porque esa paz, nuestra paz “se construye desde la voluntad amorosa de quienes la desean, lo que indica que es un acto individual cuya cosecha se hace colectiva: como el sol que alumbra para todos; como la lluvia que empapa sin distinguir razas o credos”

Yo soy una joven provocadora de paz.

 

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