Antes que bienvenida La Paz, bienvenidos todos a La Paz

juan-c-gossainPor Juan Carlos Gossaín Rognini *

Amigos, también quiero La Paz y la siento posible.

Por ahora más expectativas que emociones. Pero no faltaba más que también esté alegre por lo que sienten millones de personas y por mi país.

Para la historia y para la foto, para el corazón de los colombianos y para la ilusión que nunca debemos abandonar, por los jóvenes que no han vivido la guerra y por los viejos que la vivieron, me alegra que algo esté pasando.

Con ese malestar que tenemos los católicos inculcado por los curas del colegio, me alegro con cautela para no volverlo goce y así no sentir que estoy pecando, o que algo malo vendrá después.-que vainas la de los curas-. Y no seré yo el aguafiestas de tanta dicha,  aunque mañana el alma de millones de nuestros compatriotas siga envenenada, y no solo sean las de los que no han apostado por la reconciliación.

Paz luminosa y radiante, ojalá que entre a la mente de tantos buenos que a veces son malos y de tantos malos que siempre lo han sido. Que La Paz le quite la soberbia a los fanáticos de ella y les dé humildad a quienes la han despreciado.

Sí, definitivamente que venga,  que sea bien recibida y querida. Que dure también y que alcance para todos, que se derrame de manera justa y no impuesta.

Me alegro con miedo, ese mismo que nos han enseñado a tener cada vez que anunciaron que estaba cerca. Me alegro con tristeza sabiendo que otros no la aceptarán. Me alegro íntimamente por mi familia y mis amigos que han soñado con ella.

Pido, aunque no sea una oración en sentido exacto, que cualquier Dios que esté escuchando- alguno debe haber-, se apiade de nuestro anhelo y nos deje por una vez acariciar el paraíso que no conocemos.

Que este país viva en La Paz que hoy se anuncia no se le debe a los que la firman, se la debemos todos a los que murieron mientras llegaba.

No olvido ni perdono a los que hicieron de este país un escenario de sangre, que extorsionaron y secuestraron a gente que nunca les hizo daño. No es justo con los que sufrieron el olvidar y perdonar.

Pero sí acepto que irremediable la historia se escribe en la tarde sin sombras de los muertos que en la tierra quedaron tirados. Acepto las normas y las leyes con las que vivo, y acepto que una voz  con muchos rostros y muchos cuerpos perdone por mí.

No aceptaré que haya héroes construidos en un salón con aire acondicionado y lapiceros. No idolatraré como borrego de rebaño a las estatuas humanas que ya empiezan a venderse, y jamás aplaudiré al que puso balas en el cuerpo de inocentes.

Pero que entren a nuestras vidas, que caminen a nuestro lado y respiren el mismo aire, que suspiren por lo que quieren, que hablen y dialoguen, que voten y se elijan, que jueguen con sus hijos y los míos y los de otros, que vayan a las fiestas y al Congreso, que marchen en las huelgas y celebren en los estadios, que pidan a otros no matar ni robar, todo eso sí quiero y acepto.

Qué dolor alegre siento. Ya no nos matarán más y no tendremos que ir a matarlos. La paloma blanca que ya casi era un chiste de tanto manosearla y dibujarla al fin se volvió lo que siempre quiso ser. Cuida que no te despedacen Paloma blanca, que tus plumas serán codiciadas.

Venga Roy, te doy la mano y recibo la tuya. Venga Santritch, te doy la mano y recibo la tuya. Los he odiado por igual, por lo que hicieron y por el precio que tuvimos que pagarles para llegar a este día, pero la extiendo -mano  izquierda y mano derecha-, las del cuerpo mío, para abrazarlos como colombianos.

No tengo capa ni escondo espadas, soy en estos tiempos de la República, un Demócrata. Por eso, antes que bienvenida La Paz, bienvenidos ustedes a La Paz.

* Exgobernador de Bolívar

 

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