Febrero, el ‘mes’ del periodista

Por Carlos Ardila González *

Tal como muchos saben, los 9 de febrero de cada año se celebra en todo el país el ‘Día del Periodista’;  y como muchos saben también, desde hace doce años se conmemora cada 4 de agosto el ‘Día del Periodista y el Comunicador’.
 
Otros más -como los miembros del Círculo de Periodistas de Bogotá – celebran su día los 15 de diciembre de cada año. Y otros tantos, particularmente los directores y editores de medios, lo hacen -religiosamente – cada 3 de mayo.
 
Quienes celebran su día los 9 de febrero lo hacen para recordar -se supone – que una fecha igual, pero de 1791, circuló por primera vez en Colombia el Papel Periódico de Santafé de Bogotá, fundado por Manuel del Socorro Rodríguez, considerado el precursor del Periodismo en nuestro país. Quienes lo festejan los 4 de agosto lo hacen -seguramente – porque se dice que un día similar, pero de 1794, se publicó por primera ocasión en Colombia la Declaración de los Derechos del Hombre, traducida al español por Antonio Nariño. Quienes realizan su fiesta los 15 de diciembre lo hacen porque, según varios historiadores, fue un día como ese, en 1793, cuando realmente Nariño publicó su traducción de los Derechos del Hombre; así lo estableció, desde 1966, la Academia Colombiana de Historia. Y quienes participan en eventos conmemorativos los 3 de mayo lo hacen porque en 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó esa fecha como el ‘Día Mundial de la Libertad de Prensa’, con el fin de promover en todos los países del mundo “una prensa libre, pluralista e independiente“, que es el “componente esencial de toda sociedad democrática“.
 
Hay periodistas -claro está – que celebran uno de estos días y hay quienes -sí señor – festejan todos esos días. Y hay quienes (obligados -diran – por las circunstancias) no sólo participan en eventos alusivos al ‘Día del Periodista’ en todas esas fechas sino también en otras oportunidades, como sucedió en Cartagena durante el mes que acaba de terminar, en el cual prácticamente todas las semanas una entidad, generalmente pública, se sumó a la celebración de los comunicadores locales.
 
En esta ocasión, sin embargo, los festejos tuvieron varios ingredientes adicionales, entre ellos la generosa iniciativa del alcalde Manolo Duque de apoyar institucionalmente “con formación, visibilización y estímulo al periodismo profesional, universitario y comunitario de Cartagena”; de promover un concurso de periodismo con el respaldo de la Fundación Gabriel García para un Nuevo Periodismo Iberoamericano –FNPI (<<< leer ‘La ‘primavera’ de los periodistas de Cartagena’); y de vincular a su equipo de prensa a comunicadores que al tiempo son periodistas activos, lo cual podría ser no sólo un interesante tema de debate en un taller de Ética Periodística del maestro Javier Darío Restrepo sino  -además – motivo de inquietud entre quienes cubren la Alcaldía al ver que unos reporteros, por su doble condición de periodistas y servidores públicos, tienen acceso privilegiado a reuniones y lugares vedados a los restantes mortales.
 
Asimismo, el escándalo suscitado por la publicación de un video que, aunque por sí mismo no representa ninguna prueba contundente, como coinciden en señalar numerosos analistas, logró lo que no se habría obtenido sino se divulgaba: la caída de un comandante de la Policía y un viceministro altamente cuestionados. El alboroto ocasionado, que también le costó el puesto a la periodista que publicó el video y cuyo eco aún se siente en las redes sociales, llevó a que varias de las plumas más lúcidas del país produjeran unas columnas que, para el análisis y la reflexión, deberían leerse en todas las facultades de Comunicación ( leer >>>  ‘Cerdos’, de Paola Ochoa;   >>> ‘El fin del periodismo’, de María Jimena Duzán>>> ‘Lecciones del caso Vicky Dávila’, de Julio César Londoño;   >>> ‘¿Vicky inaugura una nueva era del periodismo nacional?’, de Juanita León).
 
Las reacciones que en Internet, particularmente Facebook y Twitter, han causado estos y otros temas, como la muerte por desnutrición de decenas de niños wuayúu y la corrupción que ha imperado en el manejo del Programa de Alimentación Escolar, entre muchos otros, ha conllevado otro debate: el del potencial de los medios alternativos de comunicación en materia de control social.
 
Son decenas los casos en que, gracias a una eficaz veeduría ciudadana promovida a través de Internet, se han obtenido resultados exitosos que por otros medios hubieran concluído en fracasos. Varias ‘marchas de las antorchas’ promovidas por estudiantes de la Universidad de Cartagena para exigir una pronta solución a la crisis por la que atraviesa el Hospital Universitario del Caribe, convocadas a través de las redes sociales, fueron un buen ejemplo de una indignación proactiva (<<< leer ‘Estudiantes de UdeC marcharon para que no sea cerrado el Hospital Universitario de Cartagena’).
 
Pero, por otra parte, la falta de rigor de numerosos cibernautas; la irresponsabilidad de quienes, sin pruebas, reparten denuncias a diestra y siniestra como quien distribuye volantes publicitarios; y la chabacanería y ordinariez de los que, amparados muchas veces en el anonimato, ensucian las pantallas de los computadores con frases vulgares e irrespetuosas, han provocado otros cuestionamientos: los de quienes creen que la magia del ciberespacio debe estar al servicio de mejores causas.
 
Este tipo de casos fue tocado por el exgobernador de Bolívar Juan Carlos Gossaín en la V Cumbre Mundial de Comunicación Política que se realizó en Cartagena en marzo de 2014. El entonces gobernante, quien dirigió un medio de comunicación: la revista Viceversa, habló de “la irresponsabilidad y descontrol” con que se manejan en muchos casos los medios virtuales, y señaló que “la comunicación en red, si bien es factor promotor de nuevos procesos sociales, también reproduce en gran medida manifestaciones de bajeza de la naturaleza humana, al parecer muy difícil de controlar. Aquí no sólo la honra, sino la vida misma de las personas, se elimina y se repone, a voluntad de quienes tienen el poder del click” (<<< leer ‘Juan Carlos Gossaín criticó las “prácticas desbordadas” de ciertos comunicadores’).
 
Igualmente, gracias la magia del Internet, pudimos leer más recientemente que el cronista Alberto Salcedo Ramos, en El Mundo de España, se refirió de forma magistral a otra cochada de cibernautas: la de los indignados sin causas, esos que “levantan su voz de protesta contra casi todo. Contra los banqueros abusivos y los gobernantes que avalan sus atropellos, contra los funcionarios públicos desatentos, contra las aerolíneas impuntuales, contra el salario mínimo irrisorio, contra la caída del petróleo…” (<<< leer ‘La era de los indignados’).
 
Ya en cierta ocasión hablamos también de los llamados ‘slacktivists’: esa otra camada de ciudadanos, también indignados, que sienten que hace “activismo político desde la comodidad de su sofá” a través de un Ipad o un celular (<<< leer ”Stalkers’ y ‘slacktivists’, dos grandes plagas en las redes’).
 
Estos y otros temas relacionados con las comunicaciones formales e informales en general y sobre el ejercicio del Periodismo y el derecho a informar y ser informados en particular, fueron tocados en varios escenarios durante este febrero bisiesto que fue -para muchos – un largo Mes del Periodista.
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Contexto:

– Con diversos actos se celebra hoy el Día del Periodista

– El alcalde pidió a una entidades que “se vinculen con una iniciativa en pro de los periodistas de Cartagena”

  • Director de Revista Metro

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