Violencia y cultura popular

Por Danilo Contreras Guzmán *

Enrique Muñoz es una autoridad intelectual en los temas de la cultura popular del Caribe. Por estos días leía una cita de su libro ‘Cartagena festiva’ en la que el maestro arriesgaba una hipótesis acerca de los orígenes de la prohibición del capuchón. Cito: “la decadencia del ‘capuchón’ en las Fiestas pudo comenzar con el asesinato de Ligia Logreira. Ligia, reina del barrio Getsemaní en el año 1956, fue asesinada en 1963. Fue acuchillada en la puerta de su casa, en la calle del Espíritu Santo, por su esposo. Ella venía con el popular capuchón puesto, un signo carnavalesco distintivo que, a partir de entonces, dejaría de usarse masivamente”.

danilo-contrerasDécadas después de la tragedia que narra Muñoz, la violencia sigue, impávida, durante los días de las fiestas. Prohibir el capuchón no ayudó. En contraste, en Barranquilla las máscaras de marimondas son un patrimonio inmaterial del cual se enorgullecen sus ciudadanos.

Planteo esta tesis: La prohibición o limitación a las fiestas, que ahora promueven algunos conciudadanos por cuenta del trágico y elevado número de muertes que han tenido lugar en nuestra Ciudad Heroica durante estos días, cuyo móvil fundamental parece ser la intolerancia, carece de validez pues, además de que no soluciona el problema, parte de premisas erradas e incluso indeseables por su carácter autoritario.

Habría que partir del hecho de que el fenómeno cultural tiene una dimensión que amerita un acercamiento distinto al fenómeno delincuencial, vale decir, una cosa es la cultura popular y otra la violencia por intolerancia que pretende enseñorearse en los espacios públicos de la ciudad. Hace unos días escuche del secretario del Interior del Distrito que 95 de 100 homicidios cometidos en la ciudad encuentran causa en la intolerancia. Así las cosas, el problema no es la cultura popular que encuentra expresión en las Fiestas del 11 de noviembre sino la dificultad que tenemos para resolver nuestros conflictos. La inmensa mayoría de los eventos populares organizados durante las fiestas se vivieron en paz y alegría.

Las soluciones que impulsan restricciones y prohibiciones tienen una base autoritaria innegable y en consecuencia contraria a una cultura democrática, si es que la democracia guarda aún algún valor para las sociedades modernas.

El tema es recurrente. El año anterior, por esta época, el profesor Álvaro Restrepo escribía en El Tiempo una nota en la que afirmaba: “Cartagena se derrumba y los esclavos felices de rumba”, en un gesto de evidente estigmatización de las fiestas novembrinas. Puedo decir que aún hoy al releer esas líneas me siento personalmente ofendido. Tal parece que muchos opinan de forma similar a Restrepo al pretender que se restrinjan las festividades. El asunto es serio. Afortunadamente no conozco dirigente que se haya apropiado de esa causa, pero en el mundo de hoy cualquier estupidez es susceptible de ocurrir.

La prohibición se alimenta de miedo y el miedo impide el análisis racional de los problemas. Si la intolerancia es causa de la violencia, encerrarse en las fiestas por cuenta de las prohibiciones significa dejar el espacio público libre para que dominen los intolerantes.

La solución es la contraria: hay que llevar más alegría, más cultura popular, más expresiones de identidad caribe a los espacios públicos en donde campea la violencia por cuenta de un Estado negligente.

La convivencia no surge espontáneamente sino que es consecuencia de políticas públicas que hoy están ausentes. Es increíble pero mientras Barranquilla, que es hija de Cartagena y de la independencia que conmemoramos por estos días, se viste de colores y mensajes alegres, desde sus calles y residencias hasta los palcos de la batalla de flores en sus carnavales, aquí no se vea siquiera un mensaje alusivo a las festividades novembrinas en las estaciones de Transcaribe, invitando a disfrutarlas en paz.

Decía el difunto Jorge García Usta al referirse a estos temas de estigmatización que algunos sectores hacen de las fiestas que “este riesgo no es cosa del pasado, aún subyace o permea muchas formas de relación”.

Debo repetir como hace un año en nota de respuesta a Restrepo sobre estos tópicos: Aquí ya no somos esclavos y esa autonomía que recién festejamos el 11 de noviembre no nos la van a arrebatar. Lo que se necesita es un Estado que impulse políticas serias para mejorar nuestras expresiones culturales y combatir la delincuencia. La cultura es una buena herramienta en ese propósito.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

 

1 Comment

  1. FelipeVergara Martinez dice:

    La violencia tiene su genesis en la forma como festejamos donde tenemos que revitalizar las fiestas con mas comparsas y adentrarnos en el origen de nuestras fiestas populares lo otro es a traves de cultura ciudadana y evitar el vandalismo de los jovenes y cumplir a cabalidad con los decretos que emita la Alcaldia haciendo una politica publica

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