Recordar la historia… para tener una mejor comprensión de lo que viene sucediendo

Por Carlos Ardila González *

Por estos días, a propósito de la nota ‘De los Pactos, Acuerdos y Alianzas por Cartagena; similitudes y diferencias‘, ha vuelto a hablarse de la importancia de recordar la historia, pero no solo para no repetirla, como se expresa en una famosa frase, sino para tener una mejor comprensión de lo que por estos días viene sucediendo en Cartagena de Indias.

Desde agosto del 2017 muchos hablan -por ejemplo – de la crisis provocada por la captura del alcalde Manolo Duque Vásquez, la contralora Nubia Fontalvo Hernández y varios concejales, sin recordar que en 1999 también fueron cobijados por sendas medidas de aseguramiento los entonces alcalde, Nicolás Curi Vergara; el contralor, Evaristo Ujueta Amador; y el personero, José David Ramírez Barakat, así como varios funcionarios más.

O se habla -cada cierto tiempo – de los ruidos producidos en el Concejo por la conformación de una determinada coalición, cuando ello ha sido el pan de cada día, o mejor: de cada año, al elegir una nueva Mesa Directiva o aprobar un presupuesto; o de cada cuatro años, al elegir a los titulares de la Contraloría y la Personería o aprobar el Plan de Desarrollo del respectivo periodo.

De hecho, mucho se habló de coaliciones, mayorías y minorías cuando se supo que varios concejales se habían concertado para elegir como contralora del Distrito a Nubia Fontalvo, pero poco se habló del hecho de que, instantes antes, otros cabildantes hayan hecho lo propio para intentar elegir a otro de los aspirantes, al parecer Iván Sierra Porto.

El hecho es que crisis ha habido en repetidas épocas de la historia política del Corralito de Piedra, que coaliciones más o menos sólidas ha tenido el Concejo casi que de forma constante, e, incluso, que inquietudes y denuncias sobre corrupción y desgreño han sido casi que un lugar común desde el 5 de agosto de 1533, cuando Juana la Loca nombró como Gobernador y Alguacil Mayor de Cartagena de Indias al adelantado Pedro de Heredia a pesar de saber a ciencia cierta que este era un desalmado delincuente. O tal vez por esto.

Ello lo muestra con precisión el primer número del periódico ‘Voz Liberal‘, de enero de 1975, en su página editorial, al comentar que “nuestra ciudad, por ser pequeña, es muy dada al chismorreo. A veces con razón, a veces sin ella. Pero en la mayoría de los casos, particularmente cuando de manejo de negocios públicos se trata, los comentarios se hacen con fundamento“, y narrar el caso de “un funcionario de alta jerarquía (que) aprovechó la oportunidad que le dieron sus influencias para sacar partido a la compra-venta de unos lotes en el barrio de Bocagrande, operación de la cual derivó pingües ganacias“.

Y registra “los conceptos del doctor (Carlos) Lleras Camargo sobre la improbidad y el desgreño que reinan en el país“, refiriéndose a lo dicho por el expresidente en el diario El Tiempo sobre la corrupción que “se presenta de bulto, con características extravagantes“, en determinados sectores, pero que, a juicio del editorialista, “ha invadido otras órbitas en las que su ejercicio, abierto o vedado, le da matices de mayor peligrosidad” (leer ‘Pág. editorial / Comentario editorial ‘La improbidad y el desgreño’ – enero de 1975‘).

Cómo eran las coaliciones 43 años atrás nos lo dice también el editorialista de ‘Voz Liberal’ (dirigido por Rafael Vergara Támara y con un Consejo Editorial integrado por Eduardo Tinoco Bossa y Álvaro Edmundo Mendoza).

Para esa época, se asegura en el editorial ‘El Clan de los Dóberman‘, Cartagena era víctima “de nueve canes que, sin piedad y sin ley, han arremetido cruelmente contra su presupuesto, el de sus organismos descentralizados y el de sus empresas comerciales e industriales“, y se afirma que si la ciudad “fue heroica por haber resistido las invasiones corsarias y padecido el sitio de Morillo, no lo es menos ahora que le ha correspondido ser blanco fácil de la gula desenfrenada del clan de los dóberman, pues lo bueno que logró con el esfuerzo de propios y extraños parece que quedará como residuo pestilente en el colmillo ávido y feroz de todos y cada uno de los especímenes que hoy le rasgan, con hidrofóbica violencia, su frágil epidermis. Primero su Concejo, al que llegaron morganáticos funcionarios; después las altas investiduras distritales, a las que se les hizo provisión con desapego por la más elemental inclinación hacia la estética; (y) por último sus empresas públicas y su compañía telefónica” (leer ‘Página editorial de ‘Voz Liberal’ – enero de 1975‘).

Y en ese entonces: 1975, como ahora: 2018, la esperanza era lo único que se mantenía en pie. “Es la oportunidad de que sus fuerzas vivas, sus dirigentes gremiales, sus profesionales, sus líderes comunales, sus trabajadores, sus estudiantes, sus simples parroquianos, definamos una estrategia a seguir, y evitemos, de esa manera, antes de que sea demasiado tarde, las catorce inyecciones antirrábicas. Hemos dado el primer aviso. No hay más alternativa: o erradicamos a los dóberman, o somos, como decía el genial poeta, “una caterva de vencejos“. Así se pedía para esa época, así se sigue pidiendo 43 años después y así se seguirá pidiendo en los próximos días, por lo que ya comienza a verse, cuando políticos de todas las pelambres se aprestan a tratar de elegir de entre los suyos, a como de lugar, nuevos mandatarios locales.

Para que prosiguiéramos cavilando, el 17 febrero de 2017 nos preguntábamos, en este mismo espacio, si en nuestra Ciudad Heroica los hechos eran repetitivos (leer ‘Cartagena de Indias, ¿una ciudad cíclica?‘). Hoy, por como se ven las cosas, la respuesta es: definitivamente sí.

Los dóberman

Como lo recordó Revista Metro en su oportunidad, ‘El Clan de los Dóberman‘ citado por ‘Voz Liberal’ estaba integrado por los entonces concejales Acisclo de Ávila, Samuel Pinedo Brugés, Víctor Camacho, Medardo Casas, Yamil Guerra, Marún Gossaín y Carlos Cruz, entre otros.

* Director de Revista Metro

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