Comunidades y localidades sostenibles de talla mundial

Por Bladimir Basabe Sánchez *

Para evidenciar suficientes elementos que nos permitan inflarnos de orgullo, las tres localidades de Cartagena, en sus zonas urbana, rural e insular, deben unirse más allá del discurso común. Comparto un sueño que espero sea todo realidad.

Visiono una Cartagena de Indias más grande, en cuanto a extensión geográfica, de lo que habitualmente se defiende hasta los tuétanos en las redes sociales. Mínimo, un 10% de la población  –independientemente de su formación actual– creando apoyos institucionales enfocados en un aporte concreto: educación diferencial, zonas de uso comunitario con especificaciones internacionales, administración de los espacios urbanos, protección de ecosistemas terrestres y marinos estratégicos…

Concuerdo con columnistas de El Metro de Cartagena como Rafael Vergara Navarro, Juan Diego Perdomo Alaba y Génesis Ponneffz Ramírez, quienes han expresado, con sus propias palabras, que es necesaria la transformación radical de la forma como vivimos y sentimos nuestra casa local común. Aunque pareciera que es “complejo el imaginarse a Cartagena recuperando sus espacios públicos”, nunca está prohibido dejar de soñar siempre y cuando se hagan bien las cosas.

Pienso que es suficiente que nosotros sigamos permitiendo el abuso politiquero en épocas calenturientas y amangualadas, como si no pasara nada y se perdiera todo; donde si bien argumentar es clave para comprender el statu quo, tampoco es válido el exceso de detalles que entorpecen las acciones certeras con consecuente desinterés. El actual objetivo # 11 de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas no solo enamora con su mejoramiento de la seguridad, la sostenibilidad y la creación de áreas verdes: su miocardio está en la participación social inclusiva.

Holahan, en su conocida ‘Psicología Ambiental’, menciona las actitudes ambientales como conductas estables del individuo en cuanto a su corresponsabilidad con el ambiente. Somos presas del consumo, en cualquier escala, y podemos devolver, con suficientes creces, lo que queremos dejar a nuestros hijos. El egoísmo no tiene cabida en un hábito inteligente y amable; mucho menos, los contratos de jardinería que no son perennes, como las plantas que mantienen sus hojas en los tallos a pesar de las características del entorno. Necesitamos obras que sean dignas de orgullo, y gente que sea capaz de actuar en concordancia.

Sigo creyendo, que sí es posible una re-construcción en una ciudadanía más activa en la realidad, que proteja y salvaguarde su patrimonio natural y cultural, y que no pierda la capacidad de sorpresa y de soñar. Otras ciudades de Colombia y del mundo sí han podido: nosotros también podemos lograrlo.

Porque los sueños no están para ser cumplidos, sino para ser vividos.

* Psicólogo Especialista. Creador de Salvemos Varadero. Secretario General de la Corporación Ecotono. Twitter: @bbasabes

 

 

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