La pesadilla de Villalba Bustillo

Por Fernando Guerra Rincón *

En su muy ilustrado y agradable ‘Malecón’ de todos los domingos en el diario El Universal, el maestro Carlos Villalba Bustillo, el pasado 7 de octubre, nos contó la horrible pesadilla que lo llevó por los estragos del insomnio al ponerse a pensar en el desastre que causaría, el primer día de la guerra, que por órdenes de Washington el gobierno de Iván Duque se ha puesto a azuzar para quitar de en medio al incomodo Nicolás Maduro y, como consecuencia, los Sukhoi soviéticos aparezcan en el cielo del Caribe bombardeando El Cerrejón, el Puente Pumarejo, la Base Naval, Reficar, el Castillo de San Felipe, y el puerto ubicado a un costado de Manga, un legado colonial echado a menos como Crespo. ¡No duerme nadie, doctor Villalba! Nuestra amada Cartagena sufriría daños irreparables y el país se sumiría en una destrucción descomunal con implicaciones de siglos.

La negra noche de la pesadilla sería peor a la que sufren los cartageneros con los actuales filibusteros que saquean a La Heroica y que su admirado Sancho Jimeno avala al señalar que a la familia endogámica que se enseñoreó en el sector petroquímico gracias a la aceitada puerta giratoria y por la cual pasan con suma facilidad de las empresas privadas a los entes estatales y viceversa: Ministerio de Minas, Ecopetrol, Propilco[1], Reficar, Agencia Nacional de Hidrocarburos, que por acción u omisión, facilitó el saqueo infame de Reficar y al que los colombianos le quedamos a deber[2], o al apoyar a Quinto Guerra, un curtido alfil de la podrida clase política de Cartagena[3] que destroza la ciudad y saquea el presupuesto. De su insaciable apetito por lo público no se salva ni el Castillo de San Felipe.

El peligro de una aventura militar contra Venezuela sigue latente y con un gran nivel de incertidumbre porque a pesar de que el gobierno colombiano, alborotado el avispero en Cúcuta, Washington y Lima, ha tratado de recoger el guante,  porque al parecer cayeron en cuenta que depender en absoluto de los aviones de Pence y de Trump nos confiere una fragilidad absoluta y, en la cima de su sumisión y de las afujías fiscales, se enteraron que este país desvencijado y con un ejército entrenado y equipado solo para combatir guerrillas o disidencias que crecen y se expanden bajo otras denominaciones al ritmo del conejo al proceso de paz y de la pérdida guerra contra las drogas, el ejército nacional no tiene cómo enfrentar una guerra moderna.

La Aviación Militar Bolivariana cuenta con uno de los arsenales de combate aéreo más importantes del continente suramericano. Supera, de lejos, nuestra capacidad de combate aéreo. No tanto por la cantidad de aviones o helicópteros sino por el potencial tecnológico con el que cuentan sus aeronaves. El avión más modesto con que cuenta la AMB es un Hongdu de fabricación china y cuenta con 24 de estos, cuyo costo unitario es de US10 millones. Nuestra flota la comandan los IAI Kafir y uno de ellos cuesta la mitad de un Hongdu. Con lo que se compra un Sukhoi ruso se pueden comprar 10 IAI KFIR israelís. Los Sukhoy son considerados mundialmente unas de las herramientas de guerra más poderosas y efectivas. Alcanza una velocidad de 2.120 kilómetros por hora. Se demoraría menos de 20 minutos en llegar a Bogotá despegando desde Caracas. Pero a Cartagena la tienen a tiro de as. A Bogotá no tiene necesidad de ir. Cuentan con un sistema de neutralización de radares enemigos incorporado, lo que les permite atacar electrónicamente a cualquier aeronave enemiga. Venezuela es el único país en el continente americano que posee este avión.[4]

Es mejor que no duerma, doctor Villalba, ni sus vecinos de Bocagrande, Castillogrande y de la Ciudad Vieja, el verdadero tesoro de Cartagena, porque la Base Naval enclavada en el nodo turístico más importante de Colombia, donde reposa la escasa flota de submarinos con que cuenta el país, es objetivo militar de primer orden, junto con la refinería y el conjunto del enclave industrial de Mamonal. La batería área que reposa en Palanquero con las cuales sugirió el senador Roy Barreras, en un arranque de patriotismo, interceptar los bombarderos rusos cuando osasen alguna vez sobrevolar Santa Marta, no los disuaden: un Tupolev ruso de los que sobrevolaron el espacio aéreo colombiano, mide 54 metros de largo y la envergadura de las alas es de 56 metros. Un Kfir colombiano mide 16 y 8 metros, respectivamente[5]. Ridículo.

Por las vicisitudes del nuevo orden mundial en configuración,  la guerra les tocará, por primera vez, sino afrontarla, por lo menos sufrirla a los ricos de Colombia, encaramados en sus palacetes de lujo y en sus casonas remodeladas del Corralito de Piedra, mientras que en la superficie del suelo cartagenero se respira el miasma[6].

El problema de una guerra con el vecino es que este conflicto rebasaría el marco de una guerra binacional, de ahí su peligrosidad, porque está enganchado a las dinámicas de la geopolítica internacional que se caracteriza por el declive de una potencia, a la cual estamos adscritos, con un comandante pusilánime, del cual no se sabe el verdadero carácter de su relación con Putin, Estados Unidos, y nuevas potencias, China, Rusia, Irán, que hacen presencia en estas tierras, que reclaman la supremacía orbital y le confieren a la seguridad internacional una enorme fragilidad y que hace que el mundo se asome aturdido a los prolegómenos de una III Guerra Mundial.

La estupidez humana no se puede subestimar, dice Harari en sus 21 lecciones para el siglo XXI. Cualquier chispa puede incendiar la pradera. Rusia, pero especialmente China, han hecho ingentes inversiones de largo plazo en Venezuela, un país inmensamente rico en recursos estratégicos que estas potencias no se van a dejar quitar porque Trump ordene y pongan a trabajar a su alfil de cabeza de playa de una posible intervención militar. China y Rusia llegaron a la tierra de la desecha doctrina Monroe para quedarse.

Las tensiones entre China y Rusia de un lado, y Estados Unidos por el otro, no harán más que crecer en un plano global, sobre todo si personajes tipo Donald Trump y ahora Bolsonaro en Brasil, llega y se perpetúan en el poder en esta nueva tendencia mundial de gobiernos de ultraderecha en ancas de los desajustes de la globalización y de la austeridad y de los grandes avances de la tecnología que amenazan el trabajo en todo el globo. América Latina es teatro de esas tensiones. Bolsonaro, sin duda, va a meter presión y alentará las huestes que aquí quieren destronar a Maduro como sea.

Los cartageneros son presa de la geografía y en las actuales circunstancias mundiales les tocará, si no son previsivos, y no lo han sido, pagar un alto precio. La Base Naval, donde hoy está localizada, en vez de ser una garantía para la seguridad de la ciudad es un objetivo militar incontrastable. Su traslado es una necesidad urgente. Hacer cálculos económicos como lo hace el diario El Universal, en su editorial ‘Detener el proceso de traslado de la base naval’, del 21 de enero de 2018, es de una miopía extraordinaria. Su traslado debe obedecer exclusivamente a consideraciones de seguridad nacional y, sobre todo, de la seguridad de Cartagena. La guerra no es inevitable, concluye Noah Harari. Ojalá estos sombríos pronósticos no se cumplan nunca para que los cartageneros, los colombianos y quienes visitan la ínclita ciudad la disfruten siempre. Y sobre todo, para que el apreciado doctor Villalba Bustillo pueda dormir tranquilo.

[1] Propilco, José Fernando Isaza, columna de opinión, El Espectador, 9 de marzo de 2016

[2] Mucho ruido y pocas castañas en el caso Reficar, Rodolfo Segovia, El Tiempo, mayo 7 de 2018, https://www.eltiempo.com/justicia/investigacion/explicacion-de-como-se-hizo-reficar-y-su-desfalco-85316

[3] Piden a símbolo del clientelismo que salve a Cartagena, Laura Ardila Arrieta, La Silla Vacía, 23 de febrero de 2018.

[4] Los aviones de guerra con los que Venezuela aplastaría a Colombia, Santiago Puccini Olaya, Las 2Orillas, octubre 8 de 2108.

[5] ¿Qué hay detrás del episodio de los aviones rusos, Revista Semana, Noviembre 19 de 2013. https://www.semana.com/nacion/articulo/bombarderos-rusos-en-colombia-geopolitica/364069-3

[6] Cartagena y el miasma, Javier Ortiz Cassiani, El Espectador, diciembre 9 de 2017.

* Economista, magíster en Estudios Políticos y Económicos de la Universidad del Norte, profesor universitario y autor de varios libros, entre ellos: La geopolítica del petróleo y el cambio climático, Universidad de Antioquia, 2010.

 

 

 

1 Comment

  1. David Bermudez Sagre dice:

    Prudencia e inteligencia, es la clave

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