¿Quién es usted? ¡soy estudiante!

La lucha por la Educación Pública como lucha por la Democracia

Por Daniel E. Flórez Muñoz *

Un fantasma recorre Colombia: el fantasma de la movilización ciudadana que despierta ante la trágica realidad que supone el retroceso de las más importantes conquistas sociales de las últimas décadas, el revanchismo político que hoy se levanta bajo las etiquetas de la ‘eficiencia’ y la ‘productividad’ tienen como objetivo último afianzar una visión de sociedad mezquina y despolitizada, un sociedad movida por el lucro en la que los derechos y las garantías fundamentales queden subyugadas a la lógica mercantil propia del modelo económico vigente.

Al interior de este proyecto la educación pública se levanta como uno de los principales pilares a desmontar, la pesadilla de una casta política que ha logrado consolidar su poderío a través de la manipulación de las clases populares es la universidad pública, en tanto lugar de deliberación, formación y movilización ciudadana. El conocimiento democratizado es el presupuesto material para la conformación de ciudadanías libres, activas y deliberantes. Un pueblo educado difícilmente es engañado por los títeres y siervos de quienes han logrado egoístamente asegurar sus intereses en contravía de los intereses de las clases más desfavorecidas.

La universidad pública es el corazón de la democracia y la democracia debe siempre ser defendida por los medios que sean necesarios. Las multitudes de estudiantes y profesores que nos hemos tomado las calles de país, no caminamos y gritamos simplemente para asegurar beneficios particulares o privilegios especiales, nos movilizamos por la defensa de una Colombia que una vez más ha sido olvidada por aquellos que desde el poder pretenden negar el porvenir a miles de familias que únicamente encuentran en la educación pública la oportunidad para cambiar el signo de sus vidas. Esa Colombia es la que respira en cada marcha y en las creativas formas de manifestación del inconformismo, es esa Colombia la que el gobierno nacional pretende silenciar con la amenaza de ruidos de cañones y engañosas promesas, son sofismas que cada vez pierden más peso ante una realidad en la que se recrudecen las desigualdades sociales y se niega la posibilidad de soñar con un futuro distinto a las clases populares.

La mercantilización de la educación superior antepone al estudiante como consumidor antes que como ciudadano o persona titular de derecho, únicamente aquellos que puedan pagar los altos costos a la luz de las reglas del mercado, podrían si quiera pensar en educarse, solo podrían soñar con ser médico, abogado o ingeniero aquellos cuyos padres contaran con la fortuna de poder financiar el valor de esas matriculas o aquellos que en un acto de fe entregan su vida al capital financiero con la promesa de que algún día los beneficios de la titulación profesional les permitirá pagar los préstamos, lo que está a la base de toda la mercantilización de la educación superior no es otra cosa más que la pedagogía de la deuda, la misma que hoy tiene a más de 200.000 familias endeudadas con el Icetex y consolida aquello que el investigador Renan Vega ha sabido denominar “la universidad de la ignorancia”.

Pública la recibimos y pública la mantendremos”, fue una de las consignas que se escucharon en las calles de Cartagena la semana pasada y que con toda seguridad se seguirán escuchando por las calles, plazas y universidades de todo el país. La lucha por la educación es también la lucha por la posibilidad de soñar con un mundo mejor, la lucha por ser aquello que podemos ser, la lucha por una sociedad en la que el saber no sea un privilegio y en la que la ciudadanía no se siente en la desesperanza y la quietud. Es hora de que el grueso de la sociedad se levante y nos acompañe a nosotros los estudiantes, profesores y trabajadores en la lucha por hacerse escuchar, por hacerse sentir y demostrar que la democracia todavía tiene quien la defienda.

Ellos, los estudiantes han dado el primer paso, es nuestra tarea ahora acompañarlos. Si las instituciones ya no nos representan, pues que hablen las plazas y las calles. Es hora de asumir la defensa de nuestro futuro y el de nuestros hijos. Con toda seguridad… ¡no seremos inferiores!

* Docente Investigador, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas. Universidad de Cartagena. Activista en Derechos Humanos. Candidato a Magister en Estado de Derecho Global y Democracia Constitucional, Universidad de Génova. Estudiante de Maestría en Derecho, Universidad de Cartagena.

 

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