Superar la pobreza

Por Danilo Contreras Guzmán *

danilo-contrerasEnjundiosa resultó la presentación en audiencia del Proyecto de Ley por virtud del cual “se crea el fondo pro – Cartagena 500 años para la erradicación de la pobreza extrema”. Debo reconocer que uno espera que el debate de las ideas sea planteado con el entusiasmo que lo hace el senador Fernando Araújo Rumié, ponente de la iniciativa, así uno difiera. Sentado lo anterior dejo constancia, como simple cartagenero, de algunas inquietudes.

La iniciativa tiene antecedentes. Hace un año largo el país esperaba el desenlace del ‘Paro cívico de Buenaventura’ cuyo lema era ‘El pueblo no se rinde carajo’. Una de las soluciones fue la creación del fondo ‘Pro Buenaventura’. La diferencia es que esta última tiene origen en un movimiento popular, en tanto la de Cartagena tiene génesis en el loable interés del senador Araújo.

En su momento, La Silla Pacífico, una de las ‘patas’ regionales del portal La Silla Vacía, dio cuenta de las dificultades para la aprobación del fondo ‘Pro Buenaventura’ pues, luego de radicado el proyecto, algunos congresistas participaron para ‘abogar’ por la inclusión de juntas comunales afines a grupos políticos en el manejo del fondo, de modo que la injerencia política podría amenazar la iniciativa.

La dirección del fondo pro Cartagena estaría en manos de cinco delegados de la Presidencia, el gobernador de Bolívar, dos delegados de la Alcaldía distrital y tres representantes de la ‘sociedad civil organizada’, y entre sus funciones estaría aprobar “un plan de dinamización para la sostenibilidad fiscal y desarrollo social y equitativo” que articulará los planes distritales y nacionales de desarrollo.

El proyecto prevé una nueva salvedad a la aplicación de la Ley 80 de contratación estatal, determinando que el régimen de contratación del fondo será de derecho privado. Tal parece que las licitaciones van siendo un estorbo.

No hay duda: se trata de una institución poderosa que encontrará partidarios entre quienes observan, con razón, el pavoroso descrédito en que se encuentran la Alcaldía y el Concejo de la ciudad. Es probable que el proyecto, antes de propender por el fortalecimiento institucional del Distrito, nos imponga, más bien, una definitiva capitis deminutio, como decían los viejos profesores de derecho romano, y formalice la incapacidad que hemos demostrado para resolver nuestros problemas. No puedo ocultar que me deja un mal sabor que una junta conformada mayoritariamente por delegados de Presidencia de la República sea la que venga a resolvernos la pobreza. De nuevo las soluciones vendrán del centro y, de alguna manera, se cumplirá el anhelo de ciertos sectores que añoran volver a la época anterior a la elección popular de alcaldes.

Las soluciones ameritan mayor integralidad. No creo que la superación de la pobreza venga necesariamente con la tutoría del Estado Central implícitamente planteada. Se requiere, más bien, asumir de una vez por todas la reingeniería de un Distrito que ha demostrado incapacidad para ejecutar los cuantiosos recursos que produce una ciudad pr+ospera para las élites pero mísera para los paisanos de la Ciénaga de la Virgen o las Lomas de Albornoz.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

 

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