Por Rafael Vergara Navarro *

Insólito resulta que la reforma constitucional determine que el derrotado en la elección presidencial asuma una curul en el Senado y su vicepresidente en la Cámara, pero el Consejo Electoral desconozca sus 8 millones de votos y, sin lógica, niegue la personería jurídica a la Colombia Humana.

Sustentan la decisión en que el movimiento en las parlamentarias no alcanzó los votos requeridos, lo que es grave porque estrenando Estatuto de Oposición, el más votado después del presidente, el opositor más caracterizado, inscrito por firmas, no tiene personería jurídica. Y esa inexistencia formal implica, entre otras, la imposibilidad de que el movimiento reciba financiamiento estatal, dé avales en las elecciones y tenga acceso a tiempo en los medios. “¿La ley está al servicio de la democracia o la democracia al servicio de la ley?” ¿En nombre de quién expidieron la credencial a Gustavo Petro y a Ángela María Robledo?

Magistrados gobiernistas laxos con Antonio Quinto Guerra echan gasolina y polarizan al pretender desconocer la riqueza interpretativa del Derecho y la nueva realidad política. La apelación de la Procuraduría es diáfana: “el acto legislativo y el Estatuto de Oposición al asignar curules a la fórmula presidencial minoritaria, convirtieron la elección presidencial en elección legislativa”.

Insólito que en el Centro Democrático, además de Él y sus propuestas, algunos otros actúen como oposición o ruedas sueltas. La tensión se siente y deja ver a un presidente de la República rectificando y apagando fuegos. Son muchos jefes y ejemplos. Uno, las posturas gremiales de mindefensa al (re)acusar que las protestas sociales son financiadas por narcotraficantes supranacionales, lo que no combate y por el contrario estimula la infame cadena y condena de líderes sociales asesinados y amenazados en todo el país.

La radicalización del lenguaje bélico, que tanto gusta a la senadora María Fernanda Cabal al descalificar la cúpula militar, no le conviene a un gobierno de derecha que aprieta, y dice querer construir democracia y legalidad.

Volver al miedo es profundizar en la sociedad en hondas contradicciones, con un Acuerdo en crisis, sin recursos, amenazado y, como botín de victoria, con diferentes voces y una reducida voluntad gubernamental de implementarlo.

Insólito lo de Venezuela y su crisis. La solidaridad con desplazados y oposición mutó a un intervencionismo extremo que no deja ver el ombligo. Con dos mil kilómetros de frontera y sin con qué ganar una guerra, nos volvieron punta de lanza de los gringos. La ambigüedad con la ‘solución militar’ eleva la tensión y el peligro de una inadmisible confrontación entre hermanos. No suscribir la Declaración de los 19 países sobre Venezuela por excluir la intervención militar, y la declaración del embajador Francisco Pachito Santos en EEUU, obligó a Duque a desautorizar y desactivar su ánimo belicista. Luego lo vimos altivo a la diestra de Donald Trump y del vicepresidente Mike Pence, quien advirtió a Nicolás Maduro que meterse con Colombia es hacerlo con EEUU. Indigna y asusta el destino de los dos pueblos liberados por la misma espada.

* Abogado, ambientalista y gestor de Paz

 

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