Cartagena Cómo Vamos, la Educación cada vez peor

Por Luis Ariel Carpio *

El pasado 9 de agosto se presentó el informe de Cartagena Cómo Vamos -CCV – sobre calidad de vida 2017. Los resultados muestran una Cartagena estancada y en retroceso; casi todos los indicadores marcan números negativos, lo que ya es una tendencia en estos informes.

En esta oportunidad me detendré en los datos de educación, los cuales preocupan sobremanera porque revelan una dinámica de crisis en la educación primaria, básica secundaria, media y media técnica, principalmente.

Lo primero por señalar es la caída de la matrícula escolar en Cartagena. En el 2010 contábamos con 268 mil 266 alumnos matriculados en los diferentes niveles educativos, disminuyendo en picada en los años subsiguientes hasta 2017, cuando la cifra de matriculados descendió a 224 mil 365 alumnos, es decir, un desplome del 16.4% en la matrícula.

Un hecho por destacar tiene que ver con que el único incremento que se registró en 2017 en matrícula está relacionado con el ingreso al sistema escolar de 2.350 estudiantes procedentes de Venezuela, producto de la alta migración que se vive por estos días.

En la educación media técnica que es el nivel de formación que prepara a nuestros jóvenes para el mundo del trabajo, el problema es mayúsculo. La matrícula en el periodo 2016-2017 cayó en 26.2%, casi el doble del promedio.

CCV atribuye este bajonazo a factores como la carencia de transporte de los estudiantes, alimentación, falta de maestros, equipamiento e insumos. Situación que empeora si tenemos en cuenta que una parte de la formación media técnica de la ciudad se venía prestando en la Institución Educativa -IE – Fernández Baena, cuya infraestructura hoy se encuentra en pésimas condiciones por culpa de la desidia gubernamental, al punto que los estudiantes tendrán que ser trasladados a otros lugares por orden de un juez a raíz de un fallo de tutela del sindicato de profesores -Sudeb – que busca proteger la integridad física de los niños y el cuerpo docente de dicha institución.

Además de la matrícula, la creciente desescolarización en Cartagena tiene otro aspecto: la deserción escolar, la cual también ha aumentado en los últimos años. El informe nos señala que desde hace siete años la deserción escolar ha crecido; hoy está en el 4.07%, cuando en el 2010 era del 2.77%, siendo preescolar y básica secundaria las que registran los peores índices. Seguramente los datos de deserción crecerán cuando el informe del 2019 recoja las realidades del 2018, año en el que el Programa de Alimentación Escolar -PAE – no funcionó, por lo menos en la mayor parte del calendario escolar; entendiendo que este programa fue creado precisamente como un mecanismo para combatir la deserción en las aulas.

Recientemente un diario local informó que unas 1.070 personas en edad escolar en las faldas de La Popa no estudian. Este es un claro ejemplo donde se demuestra que pobreza y desescolarización van de la mano y son el pan de cada día en la ciudad de Cartagena.

En materia de calidad educativa nos va muy mal. Las pruebas nacionales saber Pro 11° son un indicador y a Cartagena, y en especial a las IE oficiales, les va como a perros en misa.

En el ranking de evaluación de esta prueba que va desde A+ que es la escala más alta, hasta D que es la más baja, solo el colegio privado Naval de Crespo obtuvo la evaluación A+, mientras que el 78% de las IE oficiales no superan ni siquiera el nivel C, y ninguna IE oficial alcanzó en 2017 el nivel A+.

No es de perogrullo repetir que la calidad educativa depende de otros factores, y en las IE oficiales de Cartagena sí que hay problemas que explican los malos resultados en las pruebas nacionales. Solo dos datos: según Cedetrabajo, Cartagena es la ciudad con peor inversión en calidad educativa. Invierte solo $8.400 cada mes por estudiante, mientras que Bogotá invierte $380 mil y el Departamento de Antioquia más de $280 mil. Por su parte, el mismo centro de investigación señala que el 80% de la infraestructura educativa en Cartagena está en mal estado.

La salida a esta crisis debe ser de fondo. Se necesita con urgencia una política pública en educación, pero diferente al Plan Maestro presentado por Fundación Mamonal, que estaba desfinanciado y era inconsulto y por eso fracasó, sino una política pública consensuada con la comunidad educativa y apalancada con recursos del gobierno nacional. Pero mientras eso se da, comparto con que en Cartagena se declare la Emergencia Educativa como  contingencia para tomar medidas extraordinarias en este tema.

Pero nada de esto será posible mientras la ciudad siga en la inestabilidad política y en el desgobierno en que se encuentra, con ocho alcaldes en 10 años. Y sobre todo, no cambiará mientras los cartageneros sigan eligiendo gobernantes que lleguen al Palacio de la Aduana no a construir ciudad sino a saquear los recursos públicos.

* Filósofo de la Universidad de Cartagena y Presidente del Polo Democrático en Cartagena.

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